¿Un pacto que puede cambiar el mundo? Qué significan de verdad los Acuerdos de Abraham entre Israel y los países árabes

Israel ha normalizado relaciones con dos países árabes en un movimiento que supone un cambio geoestratégico de inmenso alcance en Oriente Medio.

C.Jordá

Este martes se firmó en Washington el pacto para normalizar relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. Los llamados Acuerdos de Abraham se suscribieron en un acto al que se dio toda la solemnidad de un momento que quiere ser histórico y que contó con la presencia no sólo de los firmantes y de Donald Trump —cuya intermediación ha sido esencial según todas las partes— sino también de representantes de algunos de los países más importantes de la región como Arabia Saudí.

La noticia saltó el pasado mes de agosto y se ha completado hace unos días con el pacto entre el país hebreo y el pequeño reino de Bahrein, otra de las monarquías árabes del Golfo Pérsico que, además, es un país de mayoría chií, si bien la élite gobernante es, como en los EAU o la propia Arabia Saudí, suní.

Más que histórico

Para hacerse una idea del alcance de estos pactos basta con tener en cuenta una cosa: desde su fundación en 1948 Israel sólo había logrado establecer relaciones oficiales con dos países árabes: Egipto en 1978 y Jordania 16 años más tarde, en 1994.

Desde entonces han tenido que pasar 26 años —repito: 26 años— para la llegada del acuerdo con EAU y solo 29 días —repito: sólo 29 días— para que llegase el cuarto pacto, el firmado con Bahrein.

Pero es que encima estos pactos y las relaciones entre países que ahora empiezan van mucho más allá que las que han mantenido durante todo este tiempo Israel con Jordania y Egipto. Tal y como comentaba en un encuentro virtual con periodistas internacionales Liav Benjamin, director del Departamento de Coordinación del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel: "Los acuerdos con Egipto y Jordania son estratégicos para todos los socios, pero desafortunadamente no se han traducido en relaciones entre la gente de ambos países, ni económicas o comerciales, ni siquiera turísticas". Sin embargo, "con EAU es diferente", decía, comentando la gran cantidad de campos en los que va a haber cooperación y las posibilidades para el turismo que se contempla en los acuerdos, "está pasando ya", aseguraba hace unos días.

Además, Benjamin recalcaba que, al contrario de lo que ha ocurrido en ocasiones anteriores, "la opinión pública está a favor de los acuerdos de una forma abrumadora", algo que también aseguraban fuentes de los propios Emiratos en una entrevista en el diario Times of Israel.

Con todo esto, desde Israel se espera que él éxito de los acuerdos con EAU y Bahrein "también pueda servir para animar a Egipto y Jordania", decía Benjamin, a crear unas relaciones más intensas y que se extiendan más allá de la seguridad, que es prácticamente la única cuestión en la que hasta el momento la colaboración es intensa.

La culminación de años de trabajo

Tal y como señalan fuentes de la diplomacia israelí, los acuerdos que se firman ahora no son nada improvisado sino que culminan una labor que se ha ido desarrollando durante mucho tiempo: "Las relaciones entre Israel y los países del Golfo se remontan al 78", recordaba el experto Ehud Yaari —colaborador de algunos de los grandes medios norteamericanos— en un encuentro organizado por la Asociación de Prensa Europa Israel. Liav Benjamin, por su parte, habla de un "trabajo de muchos años" y "en muchos terrenos, incluyendo la opinión pública".

Pero tras todos estos años de relaciones encubiertas, ¿por qué el pacto surge ahora? Los expertos señalan varias razones: una de ellas, sin duda, el trabajo de la administración Trump, que todos los implicados han destacado; otra, la oportunidad que representaba para Mohamed bin Zayed —el heredero del trono de EAU que es el verdadero líder político del país y, casi, de la región y que en la política y los medios internacionales es conocido como MBZ—que podía usar el frenazo a la anexión de Israel de parte de Cisjordania como una justificación para un acuerdo que es mucho más que eso.

Además, según Yaari, MBZ también quería cerrar el pacto antes de las elecciones de noviembre en Estados Unidos, ya que no se puede descartar la posibilidad de que un cambio en la Casa Blanca si Biden triunfa en las elecciones de noviembre lo comprometiese.

Cambio radical en Oriente Medio y en el mundo árabe

Los acuerdos suponen un cambio radical en Oriente Medio, se rompe en buena medida el aislamiento al que Israel se ha visto sometido durante décadas y crea todo un nuevo bloque de aliados en una zona tan inestable y conflictiva, pero tiene un alcance mayor, que impacta en todo el mundo árabe.

Y no sólo tiene ese impacto sino que es la prueba de una evolución que probablemente ya ha tenido lugar en buena parte de un mundo árabe en el que "el sentimiento de solidaridad panarabista" está en franco declive y, tal y como explica el escritor musulmán Ed Husein en la revista judía Mosaic, los estados árabes y muy especialmente los del Golfo están empezando a crear sus propios perfiles nacionales en los que el odio a Israel y los judíos no tiene por qué formar parte, ya que no necesitan un enemigo común unificador. De hecho, el nombre elegido para el pacto —Acuerdos de Abraham— quiere transmitir un fuerte mensaje simbólico: Abraham como padre común de judíos y árabes, que pasan de golpe de ser enemigos a ser hermanos.

La prueba de ese cambio es que estos acuerdos, que en otro momento habrían podido generar conflictos de todo tipo, no han servido para movilizar aquello que se conocía como 'la calle árabe' tal y como probablemente habría ocurrido hace unas décadas. Por no haber no ha habido manifestaciones relevantes ni siquiera entre los palestinos. La eterna carne de cañón de las causas árabes.

¿Y qué pasa con los palestinos?

De hecho, el tratamiento de la "cuestión palestina" es sin duda otro de los asuntos que parecían inmutables en la política internacional, pero que estos acuerdos van a cambiar o, aún más, con estos acuerdos se certifica que han cambiado. "El problema no está sólo entre Israel y Palestina sino que afecta a todo Oriente Medio", decía Liav Benjamin desde el Ministerio de Exteriores de Israel, y "la forma de mejorar la situación es mejorando las relaciones entre todos los países".

Por otro lado, el movimiento de EAU y Bahrein —y los de otros países que pueden llegar próximamente— refleja también el hartazgo de los países árabes con un liderazgo palestino y al que se ha llegado a denominar "banda de ladrones" en influyentes medios de Arabia Saudí y que ya han rechazado demasiadas ofertas de paz: desde Arafat cuando rechazó el acuerdo amplísimo que le ofrecieron Barak y Clinton y acto seguido lanzó la criminal Segunda Intifada; hasta Abbas, que no sólo ha dicho "no" rotundamente al plan de Trump, sino que ni siquiera quiso a sentarse a negociar la propuesta que presentaron Obama y su secretario de Estado Kerry.

Como ya apuntamos en Libertad Digital al analizar el plan Trump, los palestinos se están quedando muy solos en su enfrentamiento frontal con Israel y ahora los estados árabes están apostando por la cooperación y, sobre todo, por que no sea la Autoridad Nacional Palestina quien marque la política de todos al respecto, porque lo cierto es que han demostrado ser particularmente incapaces para gestionar sus propios asuntos.

Y además porque países como EAU, Bahrein o Arabia Saudí tienen, aunque pueda parecer sorprendente, muchos intereses comunes con Israel: la estabilidad de la región y hacer frente al expansionismo violento de Irán en el terreno de la seguridad, pero también otras como las posibilidades enormes de colaboración económica, científico-técnica e incluso turística cuando se supere la crisis de la covid: los ricos turistas árabes podrán conocer lugares con tanto significado para ellos como la mezquita de Al Aqsa en Jerusalén y los israelíes podrán visitar lugares tan interesantes y que tanto esfuerzo hacen para atraer turistas como Dubái.

Mientras tanto, y sin darse cuenta de que el mundo está cambiando a su alrededor, la respuesta palestina ha sido la de siempre: por un lado Mahmud Abás criticaba este mismo martes los acuerdos e insistía en que lo único que puede traer la paz es cumplir sus demandas maximalistas; por el otro Hamás lanzando cohetes desde Gaza que han herido a tres civiles israelíes.

Mazazo al BDS

Una de las consecuencias indirectas de estos pactos y de los que seguirán es la tremenda deslegitimación que suponen de los movimientos antisemitas que se mueven en medio mundo, pero muy especialmente en Europa, promoviendo el apoyo a organizaciones terroristas palestinas y la deslegitimación de Israel, como el movimiento BDS.

Lo cierto es que resultará muy difícil vender a las incautas sociedades europeas que hay que boicotear a Israel cuando países árabes, dos por el momento, probablemente más en breve, están pactando, comerciando y realizando todo tipo de intercambios con el estado hebreo.

A partir de ahora Israel ya no puede ser señalado permanentemente como el país que provoca los conflictos, que rompe la paz, porque estos pactos son la prueba evidente de que se puede construir la paz con Israel. De hecho, sólo se puede llegar a una paz duradera haciendo lo que acaban de hacer EAU y Bahrein: reconocer la existencia de Israel, su legitimidad y su derecho a existir y defender sus intereses económicos y, muy especialmente, de seguridad.

Los próximos en llegar

Durante todo el artículo hemos hablado de los países que se unirán en el futuro a este Acuerdo de Abraham pero ¿cuáles serán? Varios nombres están encima de la mesa: Omán es uno de los que más suena y, según el experto Ehud Yaaari, será uno de los próximos en "hacer un movimiento" aunque con los cambios que está habiendo en el país —el nuevo sultán llegó al trono en el mes de enero tras el fallecimiento de su antecesor— es difícil saber qué "alcance" tendrá.

Por supuesto el nombre que todos esperan es el de Arabia Saudí: ¿es posible que la gran monarquía suní dé un paso de tal importancia? No es descartable, ni mucho menos, aunque es un país en el que un cambio de esa magnitud requiere un tiempo. Lo cierto es que ya se han dado pasos de importancia y todo el mundo coincide en señalar uno que será extremadamente significativo: los saudíes abrieron su espacio aéreo al vuelo entre Tel Aviv y Abu Dabi que inauguró oficialmente las relaciones entre Israel y EAU y es muy probable que esa decisión pase a ser definitiva, lo que sería una antesala inmejorable para una normalización más amplia.

En África hay otros dos candidatos: Sudán podría estar en puestos muy altos de la lista y, aunque hay divergencias políticas que pueden estar frenando el cambio, no parece que este parón pueda ser definitivo. Y otra posibilidad muy real es nuestro vecino Marruecos, cuyas relaciones con Israel son intensas aunque no sean oficiales y que, según Yaari, podrían estar esperando "una señal de los saudíes".

En resumen, todavía tendrán que desarrollarse las relaciones en todo su potencial, tendrán que incorporarse otros países y habrá que esperar a ver sus frutos en muchos campos, pero todo parece señalar que, efectivamente, estamos ante uno de esos cambios que pueden marcar un punto de inflexión en la geopolítica no sólo de una parte del planeta particularmente estratégica como Oriente Medio, sino de prácticamente todo el mundo.

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