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La 4.28, la posición española en la tensa Blue Line donde perdió la vida el cabo Soria

Los militares viven en este puesto avanzado durante cuatro meses. El reto es tratar que Israel y Líbano no vuelvan a enfrentarse.

J. Arias Borque (Marjayoun, Líbano)

Una estructura de T-Walls o muros de hormigón de unos cinco metros, reforzados con grandes sacos rellenos de tierra, conforman la estructura externa del 4.28. Reforzando el perímetro, una hilera de alambre de espino. En el interior, varias torres de vigilancia, un búnker en el que refugiarse ante un posible ataque y unas pequeñas zonas de vida para los 78 militares que permanecen allí 24 horas al día durante cuatro meses.

En el centro del recinto, un pequeño monolito recuerda al cabo Francisco Javier Soria, que perdió la vida hace casi tres años, el 28 de enero de 2015. Una cadena de negligencias de las IDF israelíes, según la propia investigación del Ejército hebreo, hizo que su artillería alcanzase este punto cuando trataban de responder a un ataque de los terroristas de Hezbolá.

Este puesto es una de las posiciones desde las que las tropas españoles controlan la Blue Line, una peligrosa línea virtual de unos 120 kilómetros de extensión que separa Líbano e Israel. El contingente español, que está al mando del sector Este, es el responsable de 63 de esos kilómetros. No se trata de una frontera internacional, sino de una línea de alto el fuego que marca el repliegue de las IDF israelíes. Ambos países se encuentran todavía, oficialmente, en guerra.

A lo largo de la misma se realizan patrullas de control 24 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año. Patrullas de entre 2 y 4 horas por pelotón, con unos recorridos de unos 60-80 kilómetros y en los que se alterna el recorrido en los blindados Lince, a pie y desde los puntos de observación.

Algunas zonas están marcadas con bidones pintados de azul situados sobre estructuras cilíndricas de cemento. En otras pasa por en medio del cauce del río Wazzani, centro de importantes tensiones. También hay áreas en las que Israel ha construido un doble vallado lleno de sensores y cámaras de todo tipo para impedir que los terroristas de Hezbolá penetren en su territorio. Y a esto se unen campos de minas a ambos lados.

La misión no es sólo tratar de garantizar la seguridad de la zona. Incluye también el reto de impedir que los dos bandos enfrentados violen los principios de la resolución 1701 de las Naciones Unidas. Deben evitar que en la zona sucedan actividades que puedan considerarse hostiles y que puedan desencadenar una escalada de tensión que vuelva a provocar el regreso de la guerra.

Junto al puesto 4.28, a unos cientos de metros, se encuentra Al Ghajar, una población partida en dos y rodeada por una cerca, aunque en el interior no hay ni valla ni elemento físico alguno que diferencie la zona bajo control israelí de la zona controlada por Líbano. Para sus habitantes la vida sigue y hay que afrontarla con esas dificultades añadidas. La presencia española ha hecho que se vuelvan a cultivar los campos y el futuro se vea con un poco más de optimismo.

Algunos niños se acercan hasta la posición española esquivando una zona de minas debidamente señalizada y juguetean junto a la alambrada. Todo parece tranquilo, pero esa sensación no se ajusta a la realidad. La situación es de "calma tensa", explica uno de los militares españoles, "cualquier cosa puede volver a prender la mecha".

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