"Hay riesgo de confrontación bélica": incursiones aéreas chinas causan la peor crisis con Taiwán en décadas

China sigue tensando la situación con Taiwán y las ya malas relaciones entre ambos países empeoran por semanas.

C.Jordá

El embajador de Taiwán en España contaba hace unas semanas a Libertad Digital las incursiones aéreas que aviones militares chinos realizan de forma habitual sobre cielo taiwanés. Para el gobierno y la población de la pequeña isla estas incursiones "claro propósito amenazante" y son "el más explícito ejemplo de la política expansionista de China".

No es de extrañar, por tanto, que en los últimos días la tensión entre ambos países se haya disparado, después de que sólo en los primeros días de octubre casi 150 aviones hayan sobrepasado la Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) de Taiwán.

Un conflicto de más de siete décadas

Para entender la situación entre China y Taiwán hay que remontarse a 1949, cuando Mao se impone en la guerra civil y Chiang Kai-shek y dos millones de sus seguidores dejan el continente y se establecen en Taiwán. Los nacionalistas del Kuomintang se habían hecho con la isla tras la derrota japonesa de 1945, ya que Japón la controlaba desde 1895.

Así que Taiwán nunca ha sido parte de la China comunista, pero aún así el régimen totalitario de Pekín lo considera parte de su suelo y lo trata como a una provincia separatista, que ha afirmado en no pocas ocasiones que quiere recuperar incluso por la fuerza para "unificar" así todo el territorio que para ellos es chino.

Mientras tanto, en Taiwán se ha desarrollado durante 70 años la República China -el nombre que tenía la China continental bajo el dominio de Chiang Kai-shek, un país que funciona de forma completamente independiente y soberana y que, de hecho, ha sabido desarrollar un sistema democrático y una economía floreciente que, pese a su reducido tamaño -sólo hay 23,5 millones de habitantes- tiene el vigésimo segundo mayor PIB del mundo gracias a una economía muy dinámica y, por supuesto, completamente capitalista y de mercado.

Pese a su ejercicio evidente y total de soberanía, sólo unos pocos países reconocen oficialmente a Taiwán, aunque muchos más lo hacen de facto la mayoría evita un reconocimiento oficial por las presiones de la China comunista.

La tensión se multiplica

Como cabe esperar, las relaciones entre ambos países nunca han sido buenas, pero en los últimos años se asiste a un deterioro y las intenciones de China parecen cada vez más preocupantes. En este contexto, la escala de este mes de octubre es especialmente grave, tal y como nos cuenta el embajador de Taiwán en España, José María Der-li Liu:

"En los primeros cinco días de octubre, hemos sufrido la presencia de 150 aviones militares chinos en nuestro espacio aéreo. Registramos 38 incursiones el día 1, 39 el día 2 y, sólo el día 4, 56, el mayor número en un solo día desde que sufrimos este tipo de amenazas e intimidaciones".

Nadie en la isla oculta la gravedad de la situación: en declaraciones que recoge Efe el titular de la cartera de Defensa, Chiu Kuo-cheng, ha asegurado que las relaciones entre Taipei y Pekín atraviesan "su peor momento en 40 años", mientras que el primer ministro, Su Tseng-chang, advirtió este jueves que la isla debe "estar alerta" dado que "China está cada vez más encima".

Der-li Liu también es claro al respecto: "El riesgo de confrontación bélica existe", asegura, apuntando además que "en la República de China -nombre oficial de Taiwán- nos estamos preparando para afrontarlo modernizando nuestras capacidades de combate defensivo y mejorando las capacidades de combate asimétricas para responder a las provocaciones militares de China". El embajador no quiere dejar de añadir que, "por supuesto, no buscamos una confrontación militar, pero haremos lo necesario para defender la libertad y la democracia".

La posición de EEUU

Desde 1950, la posición de EEUU ha sido clave en las relaciones entre China y Taiwán. Ya entonces, el presidente Truman usó la Séptima Flota para impedir una invasión china a la isla y, pese a que desde 1979 no reconoce oficialmente a Taiwán -dejó de hacerlo al normalizar relaciones con la China comunista-, en la práctica lo considera un socio económico -de hecho, en teoría en estos momentos se está discutiendo un acuerdo comercial- y un aliado en su enfrentamiento cada vez más enconado con Pekín.

Este papel se reforzó considerablemente durante la presidencia de Donald Trump, pero la administración Biden está muy lejos de renunciar a esta posición y, de hecho, en abril de este año anunció unas "nuevas directrices" más favorables en su relación con la "democracia vibrante" que es la pequeña isla.

Aún así, una revelación sorprendente -o quizá no tanto- introdujo una nueva perspectiva este jueves: según una noticia de The Wall Street Journal, un pequeño contingente de militares americanos lleva un año entrenando a algunas unidades del ejército y la marina taiwaneses.

Por supuesto, esto supone que una agresión militar a Taiwan podría interpretarse como un ataque directo a EEUU mientras mantenga tropas allí y, por tanto, se introduce una nueva variable. Al mismo tiempo el Departamento de Estado, que ha pedido reiteradamente que China cese su "actividad desestabilizadora" se ha mostrado contundentemente del lado de Taiwán: "Nuestro compromiso con Taiwán es sólido como una roca (...). Continuaremos apoyando a nuestros amigos y aliados para promover nuestra prosperidad, seguridad y valores compartidos", ha dicho públicamente su portavoz Ned Price.

Del otro lado, todo esto hace que Pekín culpe en parte a EEUU del agravamiento de la crisis por haber vendido armas a Taiwán y haber reforzado sus vínculos con la isla. Además, la pasada semana una fragata de la marina británica navegó por el estrecho de Taiwán, algo que enfureció al régimen comunista de Pekín y que es improbable que Londres decidiera sin, al menos, haberlo coordinado con Washington.

Una catástrofe, mucho más allá de Taiwán

Estamos, pues, ante la posibilidad de un conflicto de magnitudes imprevisibles, con dos de las principales potencias del mundo implicadas en algún grado y, además, unas consecuencias que van mucho más allá del pequeño ámbito de esa isla en el Pacífico, tal y como explica José María Der-li Liu: "Si Taiwán cayera, las consecuencias serían catastróficas para la paz regional y el sistema de alianzas democráticas -nos dice- el autoritarismo cobraría ventaja sobre las democracias".

Der-li Liu recuerda que, tal y como ha señalado su presidenta Tsai Ing Wen, "Taiwán forma parte de la primera cadena de islas que van desde el norte de Japón hasta Borneo, y que si esta línea se rompiera por la fuerza, las consecuencias perturbarían el comercio internacional y desestabilizarían todo el Pacífico Occidental".

"No defender a Taiwán ante tales amenazas no solo sería catastrófico para los taiwaneses, sino que supondría acabar con la arquitectura de seguridad que ha permitido la paz y el extraordinario desarrollo económico en la región durante décadas", concluye.

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