Dónde se juegan las elecciones en Estados Unidos

El terreno de juego de la noche electoral se reduce a un puñado de lugares conocidos como Swing States (estados oscilantes).

A. O'Mullony (Washington)

Cada año bisiesto, el primer martes después del primer lunes de noviembre, los estadounidenses se acercan a las urnas para escoger, entre otros cargos, a su presidente y vicepresidente. Entre otros, porque también se votan los 435 escaños de la Cámara de Representantes, actualmente con mayoría demócrata (237 a 197), y se renuevan 35 de los 100 miembros del Senado, controlado por los republicanos (53 a 47).

Además del poder federal, hoy se eligen a los gobernadores de 11 de los 50 estados de la Unión: Carolina del Norte, Delaware, Indiana, Misuri, Montana, Nuevo Hampshire, Dakota del Norte, Utah, Vermont, Virginia Occidental y Washington. Y, en numerosas circunscripciones, los ciudadanos deciden de manera plebiscitaria sobre iniciativas populares.

El sistema electoral americano, sofisticado y flexible, permite incluso votar al candidato a presidente de un partido y al contendiente a vicepresidente de otro, en lugar del ticket conjunto. Este dinamismo lo hace también enrevesado y siempre blanco de críticas y sospechas de amaño, previstas a partir de esta noche.

La jornada electoral es la culminación de un proceso de días durante el cual los norteamericanos pueden votar anticipadamente, por correo o de forma presencial. Este año, antes de hoy, más de 100 millones de electores ya han ejercido su derecho, en lo que supone un récord histórico absoluto y el 73,1 % de la participación total de 2016. Lo previsible es que la mayoría haya optado por Biden, lo que significa que las opciones de Trump se sitúan en que la movilización de su electorado durante la campaña se traduzca en votos efectivos.

Dónde se juega

Pese a que la cantidad de decisiones que tomarán hoy los estadounidenses es amplia y los ciudadanos estarán repartidos en los 50 estados (3.141 condados) y el Distrito de Columbia, el terreno de juego de la noche electoral se reduce a un puñado de lugares conocidos como Swing States (estados oscilantes), en los que los resultados acabarán decantando las elecciones, según las encuestas y, sobre todo, de acuerdo con la historia.

Si hay un territorio determinante, ése es Florida. Junto a Nueva York, el tercer estado con más peso electoral, que desde hace varias elecciones vota casi a partes iguales a demócratas y republicanos. Hace cuatro años, Trump se impuso Clinton por un 1,2 % y, según las encuestas y el voto ya contabilizado esta noche no sólo estará ajustado, también será clave para las opciones de victoria del presidente.

El otro estado clave de la noche será Pensilvania, donde ambos candidatos han hecho campaña hasta ayer —en Estados Unidos no hay jornada de reflexión—, con diferente afluencia de público. En 2016, el presidente venció por un ajustado 0,72 %. Hoy, asuntos como la fracturación hidráulica (fracking) o el severo confinamiento impuesto por su gobernador serán decisivos.

La tierra de Penn no fue la única circunscripción que se decidió por un margen inferior al 1 %, Míchigan, con un ínfimo 0,23 % de margen y Wisconsin, con un 0,77 % se decantaron del lado republicano, mientras que Nuevo Hampshire fue para los demócratas, con una diferencia de 0,37 %. De ellos, los dos que apoyaron al presidente están en el aire, según las encuestas, mientras que se prevé que Biden conserva el pequeño estado del norte, al que ha dedicado grandes esfuerzos durante la campaña.

Además, Minnesota, Georgia, Arizona y Carolina del Norte, son los otros territorios cuyo color no está previsiblemente definido, según los grandes medios de comunicación. Todos, salvo el primero, fueron para Trump en 2016. En los demás sería tan sorprendente un cambio de color que los candidatos siquiera hacen campaña en ellos.

Las encuestas

Poco importan los Swing States, según los sondeos de los medios, que otorgan una holgada victoria a Biden, como hace cuatro años se la otorgaron a Clinton, en un país en el que existen lugares en los que resulta cuando menos un acto de valentía declararse seguidor de Trump.

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