En el abismo de las denuncias falsas por violencia de género: "Han destrozado mi vida y la de mis hijos"

El desgarrador relato de un policía nacional acusado por su ex de maltrato y abuso sexual a sus propios hijos, a los que lleva más de 2 años sin ver.

Sandra León

Son las 10:30 de la mañana. Juan entra por la puerta de Libertad Digital cargado de carpetas llenas de autos, informes médicos y psicológicos, y hasta las interminables fichas que hacía con su hijo mayor durante el confinamiento. Es policía nacional y tal vez por eso tiene la necesidad de documentar cada palabra que sale de su boca, algo en lo que se empeña concienzudamente a lo largo de las más de cinco horas de entrevista que mantenemos con él. Cinco horas que dan para ver fotos, vídeos y escuchar infinidad de audios que desmontan las terribles acusaciones que hasta hace bien poco pesaban sobre él.

Hace dos años, tres meses y diez días, su ya exmujer le denunció por maltrato y por haber abusado sexualmente de sus hijos de 3 y 6 años, lo que, con diferencia, más le ha dolido. "O te callas o les violo delante de ti y tú miras", aseguró ante los agentes que Juan le llegó a decir. Una frase que este padre totalmente abatido no consigue quitarse de la cabeza, y que incluso le llevó a plantearse el suicidio y a ingresar temporalmente en un psiquiátrico. "¿Te imaginas lo que es tener una vida completamente normal y que, de un día para otro, tu pareja te acuse de algo tan grave? —pregunta entre lágrimas— Han destrozado mi vida y la de mis hijos".

Desde entonces, en aplicación de la ley de Violencia de Género, no ha vuelto a ver a los pequeños. El archivo de la denuncia ya ha sido ratificado por la Audiencia Provincial, tras un largo proceso en el que la Justicia ha puesto de manifiesto tanto la ausencia de pruebas como las contradicciones de su ex. Sin embargo, Juan todavía está a la espera del proceso civil que debe decidir sobre la custodia de los niños, que actualmente residen Galicia.

"Al haber denuncia previa, tengo que pasar una prueba psicosocial, pero ya me han dicho que hasta el año que viene nada", lamenta entre el dolor y la rabia. Esa lentitud no solo le priva de poder ver y abrazar a sus hijos, sino que alimenta los dos mayores temores a los que se enfrentan los padres en estas circunstancias: que unos niños tan pequeños puedan llegar a olvidarse de ellos y que la dilación pueda ser usada por sus exparejas para alegar arraigo en su nueva ciudad, perdiendo toda posibilidad de acceder, cuando menos, a una custodia compartida.

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Juan, en uno de los parques donde jugaban sus hijos. | David Alonso.

El origen de los problemas

"Lo mío es una denuncia falsa de libro y sé que mi caso no es único, pero por eso precisamente quiero contarlo. Por eso y porque, aun así, estoy convencido de que no hay otro tan grave", sentencia Juan. Y lo cierto es que las acusaciones son tan desgarradoras que uno se pregunta cómo alguien es capaz de llegar a este punto. "Esto es una denuncia de odio envuelta en papel de violencia de género", asegura Juan, que sitúa a su excuñado como la cabeza pensante de todo lo sucedido, un hombre que, tal y como le ha llegado a decir una persona de la familia en un audio que facilita a LD, incluso ha incitado a su exmujer a matarle.

"Éramos un matrimonio ejemplar, la envidia del barrio, pero éramos un matrimonio de tres", arranca Juan. Su exmujer y su hermano apenas se llevaban un año y estaban muy unidos. Tanto que, cuando se conocieron, él parecía celoso: "Siempre estaba intentando separarnos". En julio de 2020, harto de tal situación y después de una discusión en casa de sus suegros, Juan le planteó a su mujer el divorcio con la esperanza de que reaccionase. "Su familia hacía que se transformase completamente", insiste.

Tras un tiempo enfadados, se reconciliaron e incluso se fueron de vacaciones. Las fotos de aquel viaje —que nos enseña orgulloso— muestran a dos jóvenes sonrientes, abrazados… Aparentemente felices. A su regreso, volvieron a Galicia, donde el mayor de sus hijos se había quedado junto a sus abuelos y su tío materno. Allí discutieron de nuevo a cuenta de su hermano, así que Juan decidió hacer la maleta y volverse a Madrid para evitar conflictos: "El sábado volvería a recogerles. Ya lo habíamos hecho el año anterior". Finalmente, ella le dijo que volvería por su cuenta, pero aquel viaje de vuelta no terminaba de llegar, así que Juan optó por ir a buscarlos. Su sorpresa fue que, al llegar a la casa de su familia, quien le estaba esperando era una pareja de la Guardia Civil. "Cuando me dicen que estoy detenido por malos tratos y abusos sexuales a mis hijos, es como si me pegaran un tiro", recuerda con el corazón en un puño.

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Juan, en el interior de su coche. | D.A.

Gravísimas acusaciones

Su primera denuncia se basa en un parte de lesiones realizado días después de que él se marchase, en el que no aparecen fotografías y que alude a una supuesta agresión en el domicilio de su familia sin ofrecer más detalles. "La paciente relata varios episodios de violencia física desde hace seis años. Relata que le da patadas, la empuja, la zarandea, le tira de los pelos, la amenaza con hacerle daño a ella y a sus hijos, que les quiere quitar de en medio —escriben los peritos—. Refiere, además, que también ha agredido a sus hijos, tirándoles del pelo y pegándoles, dándoles golpes con la cabeza contra la mesa".

Ya ante los agentes, describe auténticas palizas que habrían tenido lugar desde que nació su hijo mayor, con golpes contra la pared y patadas en las piernas, así como malos tratos hacia los niños, a los que, además, según esgrime, "les tocaba el culo de manera reiterada" e incluso "se masturbaba en el baño después de hacerlo". Es en este contexto cuando, según llega a decir, al reprenderle por tal actitud, Juan le habría respondido: "O te callas o le violo delante de ti y tú miras".

Meses después, la joven ampliaría la denuncia, añadiendo expresiones dedicadas a los niños como "ese culito" o "ese rabito", supuestos golpes brutales contra la trona a los pequeños, a los que dice que su marido llegó a apuntar con la pistola, golpes con un cinturón o con la porra e incluso amenazas de tirarles por la ventana. "Os voy a pegar un tiro a los niños y a ti, y os tiraré a los jabalís para que os caguen, que no dejan ni rastro", apunta que dijo en una ocasión.

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Juan señala el patio del colegio de sus hijos. | David Alonso

A ello se suman acusaciones de consumo y tráfico de drogas, de proxenetismo, de intentar envenenarles a ella y a los niños, de intentar asesinar a su hermano y a su propia familia, de tenerla vigilada con cámaras y micrófonos e, incluso, de pagar cinco euros a un compañero de clase de su hijo mayor para que le pegara. Todas las acusaciones fueron desmontadas. "Se exploró al hijo de las partes, Rodrigo, no resultando de la misma indicios de que hubiera sido testigo de agresión alguna ni víctima de malos tratos o abusos sexuales por parte de su padre. Se ha procedido a oír a todos y cada uno de los testigos que la denunciante mencionó en sus declaraciones y denuncias, no aportando ninguno de ellos ningún dato relevante para el esclarecimiento de los hechos, avalando incluso alguno de ellos la tesis del investigado", concluye el auto del Juzgado de Violencia sobre la Mujer Número 9 de Madrid, que hace hincapié, además, en las "versiones contradictorias" que ofrece su exmujer. Sus argumentos fueron avalados punto por punto por el fiscal del caso y ratificados por la Audiencia Provincial, que el pasado 22 de junio dictó el archivo definitivo del caso aludiendo, además, a las contradicciones de su relato con el de su hermano y su padre.

El interrogatorio de su hijo

Capítulo aparte merecen los testimonios de amigos de su mujer, vecinos, profesores de los pequeños y, sobre todo, el del propio menor, en el que la Audiencia pone el acento. 38 minutos de entrevista, en la que el pequeño es sometido a todo tipo de preguntas y lo único que repite son frases aprendidas como que su padre es "malísimo y hay que matarlo" o que les pegaba "tan fuerte como si te mordiera un perro". Sin embargo, tal y como subrayan los jueces, "no relató ningún episodio, ni contextualizó acción alguna coincidente con ninguna de las recogidas en las actuaciones". Es más, "no recordaba ni siquiera la última vez que su padre le habría pegado" y "tampoco corroboró las agresiones hacia su madre".

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Varias fichas que Juan hacía con su hijo mayor. | David Alonso.

"Si le hacía todas esas cosas, si les pegaba esas palizas brutales, ¿no debería acordarse o mostrar miedo? —se pregunta Juan—. Y mírale, ¿se le ve atemorizado?". Efectivamente, tal y como sugiere el padre, el menor no muestra miedo alguno en el vídeo al que ha accedido LD, sino que habla en tono tranquilo, como si de un juego se tratase, aunque mostrando cierto hartazgo por el largo interrogatorio al que le someten. Igualmente desmonta las acusaciones de abuso sexual, a pesar de la insistencia de la psicóloga. "¿Te pedía que le tocaras el rabito?", le pregunta en varias ocasiones. El auto de sobreseimiento es claro al respecto: "Tampoco relató el menor ningún episodio o actitud que pudiera relacionarse con un presunto delito de abuso sexual imputable al denunciado, llegando incluso a decir que nunca estuvo desnudo con su padre".

El menor también niega haber visto la pistola con la que, según la denuncia, incluso le habría llegado a apuntar. "¿Crees que si un niño ve algo así no lo recuerda?", insiste Juan que, sin embargo, no puede evitar preguntarse hasta qué punto su hijo acabará interiorizando todo aquello de lo que su madre y su familia le acusan. Y eso es precisamente lo que más le duele: que puedan borrar de su mente los recuerdos reales de unos niños que no sólo le "adoraban", sino que "eran completamente felices" cuando estaban con él.

Así se percibe en las decenas de vídeos que nos muestra orgulloso. Imágenes en las que se le ve jugando con ellos, enseñando a andar en bici a su hijo mayor o llevándole a ver coches: "Le volvían loco y cada semana le llevaba a un concesionario distinto: Volkswagen, Renault…". Según explica, él era el que se encargaba de ellos mientras su mujer trabajaba por las tardes: les iba a buscar al colegio, jugaba con ellos, les daba de cenar y repasaba con el mayor lo aprendido en clase, como atestiguan las decenas de fichas que guarda con cariño y orgullo.

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Juan, con una de sus vecinas. | David Alonso.

Sus vecinos le defienden

Los vecinos corroboran la magnífica relación que tenía con los pequeños, así como la sorpresa con la que recibieron la denuncia de su exmujer, que incluso se presentó días después en la vivienda y destrozó la puerta con una motosierra. "Nos quedamos alucinados. Era una familia súper feliz. Vivimos en el mismo piso, puerta con puerta prácticamente, y jamás escuchamos gritos, ni vimos malos gestos, ni nada. Todo lo contrario", asegura una joven. "Nada, nada. Jamás", responde otra vecina que sale del ascensor.

Subimos hasta su rellano y allí nos atiende Pilar, una mujer con la que el matrimonio mantenía una excelente relación. "Por Dios, cómo nos íbamos a imaginar eso, si era un matrimonio fantástico… Los niños venían a jugar a casa, ellos nos invitaban a pasar a la suya, y jamás vimos nada raro. Muchas veces entraban en verano en calzoncillos y jamás les hemos visto un solo golpe. Sus cuerpecitos estaban perfectamente y ellos siempre felices, sonriendo".

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La puerta de su casa abierta con una motosierra.

Hoy, solo esperan que esta pesadilla termine lo antes posible, volver a ver a los pequeños revoloteando por los pasillos y que Juan recupere la sonrisa que perdió hace más de dos años. "Está muy mal, ha perdido mucho peso y no es capaz de pensar en otra cosa que no sea en sus hijos", lamentan. Él cuenta los días para volver a abrazarlos y para que la Justicia termine de poner todo en su lugar. Reclama celeridad para dirimir la custodia y anuncia su intención de sentar a su exmujer en el banquillo por denuncia falsa, algo que pocos hombres se atreven a hacer por las dificultades que entraña el proceso. Él, sin embargo, tiene claro que el daño que le han hecho a él, pero sobre todo a sus hijos, bien merece un castigo: "Han destruido mi vida, mi familia, lo mejor que tenía, pero lo que más me duele de todo esto es que están destruyendo la infancia de estos niños".

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El interior de la casa de Juan, ahora vacía. | David Alonso.
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