Un Sánchez debilitado piensa en un "plan B" para salvar la legislatura

El freno a la agenda legislativa, el enfriamiento de las relaciones con ERC y la campaña de Iglesias bloquean a un Gobierno enrocado en el 2023.

Ketty Garat

"Aquí quien no esté confundido es que no se está enterando de nada de lo que está pasando". Con esta brillante sentencia, el escritor y sociólogo Malcom Gladwell describe en su libro David y Goliat la dificultad de entender y comprender lo que sucede en la complejidad del caos, una cualidad que describe a los grandes estadistas y estrategas. Un estatus que no ha sabido alcanzar prácticamente ninguno de los actuales dirigentes políticos que en apenas quince días se han visto superados por el devastador efecto dominó de las mociones de censura de Murcia a Castilla y León con epicentro en Madrid y un principal perjudicado: el Gobierno de España.

Su presidente, Pedro Sánchez, tan dado a acaparar focos con comparecencias y puestas en en escena, renunció este viernes a ofrecer la tradicional rueda de prensa tras el Consejo Europeo, una rueda de prensa que sí celebró exactamente hace un mes, en una florida comparecencia en las escalinatas de Moncloa y en la que quiso apuntarse su victoria tras la negociación del CGPJ con la sobredosis de imagen que suele acompañar al presidente en sus trabajadas comparecencias diseñadas por la maquinaria propagandística monclovita.

Se congratulaban entonces desde Presidencia de su superioridad frente a la fallida estrategia del PP, a cuyos dirigentes se calificaba de "adolescentes". Pero, exactamente un mes después, el ánimo de Moncloa parece haberse marchitado y no hay siquiera ganas de adornar al presidente con los cerezos en flor de los jardines de Moncloa. Un Pedro Sánchez debilitado y bloqueado que sigue esperando al PP para la renovación judicial —posponiendo nuevamente el horizonte a después del 4-M—, que trata de encajar aún sus fallidas maniobras autonómicas y que defiende desesperadamente que agotará la legislatura mientras fracasa su alianza estratégica con Ciudadanos y sus socios ERC y Podemos le fuerzan al bloqueo parlamentario.

Bloqueo legislativo

Hace ya varias semanas que el Gobierno echó el freno a su agenda legislativa. Concretamente desde que hace un mes, Podemos intentará tumbar la iniciativa de la Ley de Igualdad de Trato con la que Carmen Calvo puenteó a Irene Montero. Con la coalición inmersa en la batalla de la Ley de Vivienda y la Ley Trans, el Gobierno sabe que no puede contar con Podemos y menos aún ahora con el inicio de la campaña electoral madrileña en el que el propio Pablo Iglesias se juega su supervivencia. Tan es así que fuentes de Moncloa aseguran que "no presentaremos leyes que no nos vayan a apoyar".

Un bloqueo al que se suma el otro socio preferente, ERC. Su portavoz, Gabriel Rufián, lleva también semanas lanzando advertencias en forma de bombas. Hace quince días instó a Pedro Sánchez en el Congreso a elegir entre ellos o "el outlet de la derecha" y le preguntó directamente: "¿Con quién va a aprobar la Ley de Memoria Democrática, con nosotros o con la derecha?". Esta misma semana, volvió a insistir: "No voy a salir en cada rueda de prensa de los martes para decirle al PSOE que se la está jugando, porque lo sabe".

El intercambio de cromos con ERC

El Gobierno se la juega porque no actúa en el terreno en el que desearía ERC: los indultos que pondrían fin al "encarcelamiento salvaje de nueve demócratas", en palabras de Rufián. Y es éste es el asunto que podría volver a convertirse en elemento de negociación entre los republicanos y el Gobierno. Las fuentes gubernamentales consultadas creen que "no habrá acuerdo para la investidura de Pere Aragonés el próximo martes por la "extorsión de Puigdemont" a ERC tras haber priorizado éstos un acuerdo con las CUP; auguran estas fuentes que el escenario podría encaminarse a una ruptura en el bloque independentista entre ERC y Junts poniendo en marcha el reloj de dos meses hasta la convocatoria electoral.

Un periodo que ahondaría la situación de inestabilidad y bloqueo por la que transita el Gobierno socialista que, antes de las elecciones catalanas, se las prometía felices con la victoria de Salvador Illa. Mucho se habló en esa contienda electoral de la posibilidad de un intercambio de cromos Madrid-Barcelona en forma de tripartito. Y fuentes de Moncloa lo negaron tan contundentemente como ahora. Pero no es la única forma de colaboración a la que se ve abocado Pedro Sánchez para apuntalar sus apoyos y lograr agotar la legislatura.

El peaje de llegar a 2023

Ya por entonces se habló de la posibilidad de que el PSC apoyara "desde fuera" una investidura de ERC que le permitiera avanzar en "la agenda del reencuentro" de Sánchez en Cataluña al tiempo que amarrar los votos necesarios para sacar adelante su agenda legislativa nacional. Y ésta es una idea que pareció abonar este viernes el líder del PSC, Salvador Illa, tras negar en la campaña electoral tajantemente un gobierno con los independentistas: "¿Está seguro señor candidato que para afrontar esta situación el mejor socio que puede tener son las CUP? ¿No piensa que es necesario un cambio de rumbo y un tiempo nuevo? ¿No cree que nos hace falta afrontar juntos los retos que tenemos?".

Una cascada de preguntas frente a una única certeza: que el Gobierno quiere agotar la legislatura y llevarla "lo más lejos posible" de 2023 para alejarse de "la zona cero de la pandemia" y tener mayor margen de recuperación económica. A sumar una carta más: la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea en el segundo semestre de 2023 que concluye en diciembre, un mes después del final de la legislatura el 10 de noviembre. La duda ofende: "¿Alguien de verdad se cree que Sánchez no aprovechará ese caramelo?".

No, si puede evitarlo. Y la fórmula nunca fue Ciudadanos, con quien sólo pretendió buscar una imagen de centralidad y tener un colchón parlamentario más. El plan siempre fue una alianza con Podemos que facilita un entendimiento con ERC y otros grupos añadidos como Bildu. Alianza Frankenstein que Sánchez aspira a reeditar en una próxima legislatura. "No romperemos con Podemos porque volveremos a gobernar con ellos", explica una fuente del Gobierno socialista ante la operación murciana, inexplicable hasta para el mejor funambulista de Moncloa. Un "plan B" que, en realidad, es el "A". Y es que aquí, quien no esté confundido, es que no se está enterando de nada.

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