Transexuales contra la ley Montero: "Esto nos avergüenza"

Transexuales fuera de los colectivos piden que no se generalice, critican el borrador y alertan de los problemas que podrían causar.

Rubén Fernández

Diego tenía claro, desde muy pequeño, lo que quería en Navidades: "Yo le pedía a los Reyes Magos una colita. Era una obsesión, todos los años lo mismo. Yo quería una colita y, claro, nunca llegaba". Ese regalo no llegaba porque era una niña con disforia de género. Afecta al 0,6% de la población. "Mi imagen, mi forma de ver y mi forma de actuar siempre ha sido la de un niño, luego la de un adolescente y más tarde la de un varón, pero yo no podía verme en un espejo. Lo empecé a hacer cuando pude reasignarme". Lo consiguió con 40 años. Ahora, Diego tiene 54 años y es un varón heterosexual con planes de boda con su novia. A priori, su historia podría ser la de un transexual más que acude a los medios a defender con fervor el borrador de la ministra de Igualdad, Irene Montero, pero él tiene clara su sentencia: "A mí esto me avergüenza".

No es el único caso, Jairo tiene 34 años y hace 10 que hizo su proceso. Tampoco entiende la ley y cree que podría volverse en contra de todos los transexuales. María José Hernández habla de "barbaridad". Tiene 64 años y llegó a ser presidenta de Transexualia entre 1996 y 2001. Es crítica con la idea que están dando las organizaciones: "Los colectivos se están olvidando que hay gente que piensa de distinta manera". Ahora, ella está fuera, considera que la transexualidad es una etapa de su vida, ya que se siente mujer, aunque no olvida su pasado de activista: "Yo cuando fui presidenta dije, ¿a quién representamos? ¿A cuántos representamos? Hay gente fuera del colectivo que les afecta lo que se está negociando".

Los tres rompen la etiqueta de "transfobia" con la que los defensores de la ley tachan a las personas que critican el borrador. "El respeto no se puede perder, pero no todo es transfobia. La mujer tiene derecho a defender su espacio", afirma María José. "¿Dónde está la libertad de expresión? Lidia Falcón tiene todo el derecho a defender a la mujer y ésa es su primera obligación como mujer y como líder del Partido Feminista", sentencia.

Muy críticos con el borrador

  • Autodeterminación de género para menores de edad. Es, sin lugar a dudas, el punto más polémico de la futura ley. No será necesario ser mayor de edad para solicitar la rectificación de la mención registral del sexo. Los mayores de 16 lo podrán hacer libremente y los menores de entre 12 y 16 años a través de sus representantes legales. "A una edad tan complicadísima como es la adolescencia no se puede poner la libertad de llegar a un juzgado y decir: 'Oiga, que yo me llamo hasta hoy Pedro que mañana seré Irene', afirma Diego, quien cree que "eso puede ser contraproducente y carne de bullying". María José habla de "barbaridad" y centra su preocupación en los bloqueadores hormonales: "Serían necesarios, pero si van a ser malos, contraproducentes para su salud e irreversibles, conviene que no".
  • Sin psicólogos. El borrador habla del "reconocimiento del derecho a la identidad de género manifestada". Esto significa que no será necesario un diagnóstico médico o psicológico, bastará con la necesidad de la declaración de la persona interesada. "Eso es irreversible. Tú mañana quieres volver para atrás, y no puedes. Hay que tenerlo claro porque le puedes destrozar la vida", sentencia Diego. "Conozco casos de personas de más de 30 años y a los 3 meses dicen, 'ya no lo quiero'. Es un proceso duro y algunos se echan para atrás". Yo creo que el tratamiento psicológico tiene que estar regularizado", dice Jairo. Él acudió a terapia durante varios años: "Yo pienso que a mí me ha ayudado mucho". También María José pide "la supervisión". Ella cree que, más que hablar de "despatologización, debería hablar de repatologizar, porque es evidente que algo nos pasa".
  • Sin el permiso paterno. Los menores de 16 podrán cambiar de sexo sin consentimiento paterno. Los mayores de 12, si los padres están en contra, podrán solicitar a la Administración que nombre un intermediario. "Querer apartar a los padres es una barbaridad", nos dice Diego. "Yo creo que un padre, en la mayoría de los casos, va a querer lo mejor para su hijo". Él es consciente de la oposición de muchos padres a la realidad de sus hijos: "Quizás, a la hora de oponerse a una evidencia, lo que necesita es pasar por un asesoramiento que te advierta que la transexualidad no es algo que aparezca de hoy para mañana". Diego cree que en los últimos años hay una especie de histeria en la sociedad. "A mí me vienen padres preguntándome si su hija puede ser trans porque ha pedido un camión. Oiga, ni su hija va a ser trans ni lesbiana porque le guste jugar con coches. Esto es algo más serio". María José coincide en su diagnóstico. "Veo padres que quieren correr más de lo que deben. Una cosa es acompañarles y defenderles y otra cosa es correr más". Pone el ejemplo de algunos padres que cambian el nombre en el DNI de sus hijos menores. "Cambiarle la documentación es condicionarle. Cuando llegue a la mayoría de edad tendría que ser la persona la que decidiese sin que nadie le condicionase".
  • Tratamientos de reproducción asistida. El borrador del Ministerio de Igualdad habla de costear los tratamiento de reproducción asistida a los transexuales que puedan gestar. Diego y Jairo no salen de su asombro. "¿De qué hablamos? De un señor que se reasigna, se siente un hombre, pasa por su taller, se hace sus operaciones, está sometido a un tratamiento y un buen día se puede quedar embarazado", exclama con sorpresa Diego. "El día que empecemos a ver a hombres, con sus barbas y sus barrigas de embarazados esto puede ser un circo en el que no vamos a saber dónde meternos", concluye con el temor de que esto "pueda volverse contra todos los trans". También Jairo utiliza la misma expresión "circo" y no entiende cómo un hombre puede querer gestar. "Yo, como hombre transexual, no tengo ese instinto. Si eres un hombre, no tienes el instinto de gestar". Él planea casarse con su novia que tiene una hija de un anterior matrimonio. "Yo la quiero como a una hija, pero tengo instinto paternal, no maternal. Incluso queremos tener un hijo en común pero sabemos que será adoptado o que ella se someterá a un tratamiento de inseminación, pero nunca me pondría yo a gestar".
  • Incentivos en la contratación. El borrador de Irene Montero prevé "incentivos para la contratación de personas trans desempleadas". Algo que ya sucede en la Diputación de Huesca que este mes de febrero sacó la primera oposición a funcionario con una plaza reservada solo para transexuales. "¿En qué quedamos? ¿Somos normales o no? Yo tengo mi plaza de funcionario porque la he logrado, no tengo ninguna discapacidad", afirma tajante Diego. A Jairo tampoco le gusta este procedimiento, él trabaja en hostelería. "Yo nunca me he presentado como transexual para conseguir un empleo. Ni lo haría, eso es algo de ámbito privado, mis jefes lo supieron después de contratarme".
  • Competiciones deportivas. En las prácticas, eventos y competiciones se considerará a las personas que participen atendiendo a su sexo registral sin que pueda realizarse, en ningún caso, pruebas de verificación sexo. Esto es lo que más le indigna a María José. "Un equipo que no se coma una rosca en la liga masculina podría pasar a ser femenino". "Yo soy muy consciente de mis limitaciones, aunque llevo hormonándome desde el 97 y mis estrógenos han bajado muchísimo", afirma mientras hace una defensa de la biología. "Los hombres y las mujeres no tenemos las mismas capacidades, Messi nunca podría estar en un equipo femenino". También le preocupa que esto permita que puedan acceder a los vestuarios femeninos y a espacios seguros para mujeres "basándose sólo en su sexo registral". También Diego afirma que la "apariencia estética podrá ser la que tú has elegido" pero que "tu cuerpo, tu biología, nunca se adaptará".
  • Respeto. Es lo único que piden los tres: respeto a disentir y respeto a su modo de vida. "Somos gente normal, con nuestra vida, hay muchos transexuales que no quieren que se sepa", dice Diego. También piden comprensión a las dificultades que han tenido que afrontar. "Me gustaría haberlo evitado si hubiera podido. A mí me gustaría, ya que nací varón biológicamente, haber seguido siendo varón, pero me era imposible", confiesa María José. "Si me dieran a elegir, jamás habría elegido haber nacido transexual. Nunca. Es más, no habría nacido en estas condiciones". Por eso coinciden: "Que se lo piensen mucho".
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