Barcelona: todos contra Manuel Valls y la resurrección del maragallismo

Manuel Valls compite contra el hermanísimo, el PSC y Colau en la reivindicación de la Barcelona de Maragall.

Pablo Planas (Barcelona)

La batalla electoral por Barcelona ya se ha desatado. Se da por descontado que Manuel Valls anunciará su candidatura el próximo martes en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). El que fuera mano derecha del alcalde Maragall, Xavier Roig, jefe de gabinete de alcaldía desde 1983 y hasta 1996, es la primera baza presentada por el político francés nacido en Barcelona. Un estrecho colaborador de Roig, que ejerce de consultor político y dirigió la campaña de la presidencia del F. C. Barcelona de Joan Laporta, ya ejerce de jefe de gabinete de Valls. Se trata de Guillermo Basso, también alto cargo de Maragall en su última etapa como alcalde y en el salto a la política autonómica.

Sólo con esos mimbres y la intención de componer una candidatura con más independientes que políticos y que abarque del PP al PSC pasando por Ciudadanos, Valls ha provocado un auténtico terremoto en la política catalana. El separatismo tiene fijación por Barcelona, la capital que se le ha resistido históricamente tras un paréntesis convergente al comienzo del proceso con la alcaldía (2011-15) de Xavier Trias. Consideran fundamental ganar Barcelona para acabar de imponer su proyecto separatista y aprecian en Valls un gran obstáculo para sus pretensiones.

Puigdemont y sus afines querían trabar una lista única independentista con el argumento de que Valls y Colau podrían vencer sin problemas las candidaturas de partido de los "soberanistas". Se aludía a la fragmentación de voto y se presentaba como posible candidato a Ferran Mascarell, exconcejal y exconsejero de Cultura de los gobiernos local y autonómico de Maragall con fama de buen gestor y que se pasó al separatismo en la escisión del PSC.

Se tenía a Mascarell por mejor candidato que el republicano Alfred Bosch, pero Junqueras, que ha retomado el control del partido en la cárcel de Lledoners –que depende de la consejería de Justicia que dirige su correligionaria Ester Capella– gracias a una generosa interpretación del régimen de visitas, reaccionó raudo ante las primeras noticias sobre el maragallismo de Valls. Bosch fue fulminado sin miramientos. Ernest Maragall será el candidato de ERC, cuyos dirigentes se han apresurado a dar forma a la maniobra de Junqueras.

Apellido imbatible

Fue el propio Alfred Bosch quien renunció el viernes por la tarde a encabezar la candidatura republicana y cedió los trastos al que fuera tildado de "hermanísimo" y que desarrolló la mayor parte de su carrera política a la sombra del alcalde de Barcelona y presidente de la Generalidad. En ERC se considera que el apellido de su candidato es imbatible en un escenario de agudo deterioro de la ciudad. También supone un guiño a los nostálgicos de la alianza de izquierdas, el experimento tripartito en el que también estuvo involucrado Maragall. En ERC echan cuentas y creen que sumarían mayoría de largo con el concurso del PSC y los "comunes" de Colau.

Pero más que futuros pactos, en ERC están centrados en la guerra sin cuartel con Puigdemont y su órbita parlamentaria y con la designación de Ernest Maragall creen haber cerrado el debate sobre la candidatura separatista conjunta para hacer frente a Manuel Valls.

El PSC se resigna a presentar a Jaume Collboni, que sólo obtuvo cuatro concejales en las pasadas elecciones, uno más que el PP, partido que aún no ha decidido si repetirá Alberto Fernández o dará paso a otra u otro dirigente. Ciudadanos, por su parte, trata de adaptarse a las pretensiones de Manuel Valls de reducir las siglas a la mínima expresión y abrir la candidatura a independientes y políticos de todo signo. Colau dispone de 11 concejales, el PDeCAT, 9; Ciudadanos, 5 y ERC también 5. La CUP dispone de tres escaños municipales. Hay un exconcejal no adscrito procedente de las filas nacionalistas.

En cuanto a la alcaldesa, la dimisión de Xavier Domènech como líder de los podemitas catalanes le ha permitido intensificar el control sobre la formación, pero acusa un notorio desgaste después de tres años de inseguridad, incivismo, frenazo económico y deterioro del sector turístico.

A continuación