Susana Díaz invita a su congreso al "purgado" Alfonso Guerra

La andaluza rescata a Guerra, que deja la Fundación Pablo Iglesias, y pide que las federaciones intervengan en definir el modelo de Estado del PSOE.

Pedro de Tena

La noticia de la "purga" de Alfonso Guerra, aunque esperada tras las claras diferencias mostradas por el veterano socialista con las posturas de la nueva dirección de Ferraz, se hacía pública hace unos días. Alfonso Guerra, tras muchos años al frente de la Fundación Pablo Iglesias del PSOE, será relevado por su antiguo amigo y ahora adversario ideológico, José Félix Tezanos. Susana Díaz ya ha anunciado que Alfonso Guerra estará, "naturalmente", como invitado en el Congreso del PSOE de Andalucía, al que se cree acudirá el mismo Pedro Sánchez.

La división entre Susana Díaz y Pedro Sánchez, que no cesa, afectó directamente a la Fundación Pablo Iglesias en la que su presidente, Alfonso Guerra, apoyó abierta y activamente las tesis de Susana Díaz, mucho más comprometidamente que Felipe González, mientras su segundo en la misma, el sociólogo Tezanos, se dedicaba a promover la candidatura de Pedro Sánchez a la secretaría general.

Se ha recordado que, fiel a su concepción más que jacobina del poder en el partido, Pedro Sánchez ya intervino en la Fundación en 2014, nada más ser elegido. De hecho, lo hizo para incluir a miembros de su simpatía y de su Ejecutiva. Tras su reciente victoria en las primarias, Alfonso Guerra puso su cargo presidencial a disposición de Sánchez.

Además de otras cuestiones, las diferencias sustanciales entre Alfonso Guerra y Pedro Sánchez hacen referencia a la unidad de la nación española –Guerra ha reiterado ya varias veces su inclinación a aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña, a lo que se niega Sánchez–, y al concepto de plurinacionalidad sobrepuesto a la concepción federal de España y su Estado, tesis en la que coincide con Susana Díaz.

Para acallar a los socialistas andaluces, hace unos días, otra andaluza, enemiga de partido de Susana Díaz, la ex ministra Carmen Calvo, que pasó del exilio político a la mesa camilla de Pedro Sánchez, recordó a sus antiguos compañeros que el único órgano que podía definir su idea de España y de su Estado era la Comisión Ejecutiva Federal surgida de las primarias.

La respuesta no se ha hecho esperar. El PSOE de Susana Díaz cree que el modelo de Estado para España no puede ser impuesto de manera unilateral por la Ejecutiva y que es necesario un diálogo con las federaciones socialistas de toda España.

Precisamente ha sido Mario Jiménez, el portavoz de la antigua gestora del PSOE, quien ha definido la cuestión como algo de muy "alto nivel". Por ello, la idea del Estado que defienda el PSOE para España debe ser discutida y no ser dictada por una Ejecutiva sin diálogo ni debate previos. Sin embargo, no explicó por qué el PSOE de Andalucía no propuso ninguna enmienda a la ponencia política que aprobó el pasado Congreso.

Es probable que la reacción andaluza, además de hacia los modos y maneras verticales e impositivos, estén suscitados por el desmadre aparente de las posiciones de las diferentes federaciones socialistas sobre la materia.

Recuérdese la posición catalana sobre las "diferencias" de calidad entre Cataluña y las demás comunidades españolas que pueden sugerir "neofueros" con privilegios y, especialmente, la posición balear. El mismo Ximo Puig, que parecía coincidir en lo fundamental con Susana Díaz, se descolgó hace días, con la reivindicación con un "reino de Valencia" fundado en el siglo XIII. Hay que esperar que ver cómo reaccionan el PSOE gallego o el vasco u otros para cerciorarse de si el PSOE se ha convertido en un gallinero ideológico sobre un tema de Estado esencial para el futuro de España.

Los socialistas andaluces hacen de la Declaración de Granada y su federalismo simétrico su documento de identidad. Por ello, cualquier cambio en sus definiciones "es una materia compleja que debe definirse más allá del juego terminológico y concretarse desde la coordinación que corresponde a la dirección con un diálogo tenso y profundo". Son las palabras de Mario Jiménez que subrayan que, en realidad, no ha habido diálogo y que el asunto requiere "un mayor esfuerzo intelectual".

Los socialistas andaluces vuelven a recuperar así la posición de Rafael Escuredo, el primer presidente de la Junta de Andalucía, que se negó a privilegiar a otras regiones de España con respecto a la andaluza, posición bien distante del "federalismo asimétrico" de Pascual Maragall, que resucitaba la estructura inaugural de la II República con tres grandes conjuntos políticos: Cataluña, País Vasco y España. Sabido es que Escuredo fue defenestrado por Felipe González y que ahora ha encontrado acomodo económico y político en el Consejo Consultivo de la Junta de Andalucía.

La celebración del congreso del PSOE andaluz este próximo fin de semana dejará, no cabe duda, huella particular en este debate trascendental. Dominado en más de un 90 por ciento por Susana Díaz, en su ponencia política, no se menciona ni una vez la palabra "plurinacional".

Por ejemplo, en su punto 142 se dice: "Defendemos que es necesario constitucionalizar el modelo de financiación de autonomías y ayuntamientos, convertir al Senado en una verdadera Cámara de representación territorial, garantizar la cohesión territorial, reducir la conflictividad jurídica en el reparto competencial, revisar la estructura organizativa, evitar la duplicidad en el ejercicio de competencias y mejorar la relación interterritorial." Esto es, Autonomías y territorios. Nada de naciones.

Es de subrayar en todo este proceso el silencio del PP y Ciudadanos, singularmente el PP andaluz, que siempre ha defendido una "Andalucía de primera" y que ahora deja la bandera de la igualdad de oportunidades de los españoles se viva donde se viva y de la unidad de la nación española, en manos de Susana Díaz y el PSOE andaluz.

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