PSOE, PSC... ¿Indisciplina o disciplina contraria?

Ya es hora de que el PSOE trate al PSC como lo que es: un partido distinto... con el que debe competir.

Pedro Gómez Carrizo

Ayer, en las filas del grupo socialista, hubo ocho diputados que escogieron votar anteponiendo su parecer al parecer del partido, y que en consecuencia decidieron romper la disciplina de voto.

Hubo también otros siete diputados que no se plantearon en ningún momento romper la disciplina de voto: ellos votaron de manera contraria a la decidida en el Comité Federal del PSOE precisamente porque su decisión fue la de respetar la disciplina de otro partido diferente, independiente y con un posicionamiento contrario al respecto: el PSC.

Romper la disciplina no es un asunto menor. Los partidos políticos necesitan unidad de acción para poder plasmar en las instituciones sus proyectos. Es obvio que si cada diputado elegido en las listas electorales de un partido votara, en cada momento, según su singular parecer, sin respetar las decisiones adoptadas mayoritariamente en el partido o el grupo institucional, sería imposible poder mantener una unidad de acción y hacer política. A veces, sin embargo, puede suceder que la decisión a adoptar conlleve dilucidar sobre un asunto que tenga aristas morales complejas. En tales casos, si el asunto no es esencial para definir la línea política del partido, ni del grupo institucional, puede ser conveniente que desde el propio partido se ofrezca la posibilidad de emitir libremente el voto según el posicionamiento en conciencia que tenga cada diputado. Así, si la votación no es esencial para el partido, el voto en conciencia puede plantearse. Mas si la votación es esencial, debería el diputado, antes emitir el voto diferente, dejar su escaño para poder ser congruente con su conciencia y al mismo tiempo respetuoso con la regla de la mayoría, vital para el funcionamiento de una democracia. De este modo el diputado puede conciliar sin violencia la ética de sus convicciones con la de la responsabilidad que tiene como cargo público. Es lo que, por ejemplo, sucedió en los años 80 cuando se votó la ley de pensiones dentro del grupo parlamentario socialista. En cualquier caso, estamos ante una disyuntiva entre la disciplina y la conciencia.

Otro escenario muy diferente se plantea cuando la disyuntiva es entre la disciplina de voto a un partido y la disciplina de voto a otro. Esta colisión es la que plantea, por ejemplo, el diputado del PSC Manuel Cruz, miembro, no olvidemos, del grupo parlamentario del PSOE en el Congreso: el voto en bloque contrario a la decisión mayoritaria adoptada en un órgano de participación común se adopta porque se considera que se forma parte de otro partido, que es al que se debe lealtad y respeto en sus decisiones. Aquí no se cuestiona el principio de disciplina de voto, sino que, como decíamos, lo que se está poniendo en cuestión es el tipo de relación entre dos partidos, aunque este haya sido establecido desde hace años. Según esta forma de entender la obligación de voto, el deber no se tiene respecto del todo, sino sólo respecto de las decisiones de la parte, a la que se concede autonomía para acatar sólo las decisiones comunes cuando coinciden con las particulares, y rechazarlas cuando no. De tal suerte, la oportunidad, o el oportunismo, se erige en la regla de decisión frente a las establecidas en los pactos previstos de unión.

Se trata de una manera de proceder corrosiva para toda organización democrática. En estas condiciones es imposible poder construir nada de forma conjunta. La parte sólo será fiable según el caso, que equivale a decir que nunca dará garantía. De hecho, nunca las ha dado el PSC, si bien ahora lo ha verbalizado y materializado sin vergüenza en un momento crucial. Si el comportamiento es este, si formando parte del mismo grupo parlamentario y teniendo capacidad de decisión común en los órganos del PSOE (sin tener el PSOE capacidad equivalente) no respeta sus decisiones por ser un partido distinto, lo que le corresponde hacer al PSOE es recuperar su capacidad de decisión cedida, tratar al PSC como el partido soberano que es, no dejarle decidir en el Grupo Parlamentario y tampoco en los órganos del partido y, por supuesto, competir con él sobre el mismo terreno.

Tal es la regla de la democracia, la que garantiza que todos los votantes tengan su representación: que los partidos políticos diferentes compitan en las elecciones bajo siglas diferentes, aunque luego, por sus intereses, puedan llegar a acuerdos puntuales en las instituciones.

Pedro Gómez Carrizo, presidente de la Plataforma pro FSC-PSOE.

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