Mas anula a Puigdemont y ya prepara su reaparición

Crecen las reticencias en CDC sobre el exalcalde de Gerona y se critica su incapacidad para imponerse a Junqueras.

Pablo Planas (Barcelona)

Artur Mas no se resigna a quedar en un segundo plano por lo que no tiene inconveniente alguno en desmontar la "hoja de ruta" que él mismo había trazado. El 48% de los votantes ya no es suficiente para proclamar la independencia. Se necesita, afirma el expresidente autonómico, "ensanchar la base del soberanismo, superar el cincuenta por ciento y generar un nuevo centro ideológico transversal".

Tras la palabrería de rigor, la operación de cierre de lo que queda de Convergencia y la creación de una "plataforma", algo parecido a lo de Junts pel Sí pero sin ERC, que debería nacer del congreso del partido previsto para junio. Hasta entonces, Mas manejará a sus peones para eliminar a posibles candidatos alternativos en la nueva fuerza, una convergencia con otras siglas, otros nombres en primera línea y un liderazgo reforzado. Mas al cuadrado en una legislatura autonómica que se aventura corta y convulsa. El nuevo hombre fuerte del partido es Francesc Sánchez, el correo entre Pujol y Mas.

La preparación de un nuevo proyecto sobre las cenizas de Convergencia, el reconocimiento de que los resultados del 27-S son insuficientes y la constatación de las discrepancias en el seno del ejecutivo autonómico anulan el papel de desatascador de Carles Puigdemont, una solución de emergencia de la que Mas es tan partícipe que se reserva el papel de tutor.

Mas está sobre cada paso de Puigdemont, afirman en CDC, así como que las opciones del segundo de superar los dieciocho meses de legislatura son prácticamente nulas. El nuevo presidente no tiene un partido detrás, sino una compleja operación de Artur Mas para cerrar CDC, eludir las consecuencias electorales de la corrupción asociada a esas siglas y mantener intactas sus opciones de encabezar la próxima candidatura del partido de Pujol a la presidencia de la Generalidad.

Puigdemont "no tiene recorrido", afirman los fieles de Mas. A pesar de los cambios en las estructuras directivas de la Generalidad no dispone de un grupo de confianza y Oriol Junqueras y Raül Romeva se están comiendo todo el pastel mediático. En cierto modo, ejecuta el papel de presidente florero que ERC le tenía reservado a Mas para satisfacer a la CUP. Por si no fuera suficiente, los planes y la agenda de Mas desarticulan la "hoja de ruta" de 18 meses. Tanto CDC y ERC coinciden en señalar que se trata de un plazo flexible, abierto a modificaciones, pero en la CUP el calendario es "irrenunciable".

La creación de las comisiones para la elaboración de las leyes de desconexión es una prueba del disenso en Junts pel Sí y del temor a las consecuencias judiciales del proceso de desenchufar Cataluña del resto de España, según declaraba a TV3 este domingo Joan Coscubiela, de la marca podemita en el parlamento catalán. "El Gobierno (catalán) o el grupo parlamentario que lo apoya deberían presentar sus proyectos de ley y no montar comisiones para debatir algo en lo que sólo ellos están de acuerdo", declaraba.

En ese contexto, Mas adquiere un protagonismo inusitado. Gobierna en la sombra, según sus acólitos, y su misión es la combinar la refundación de CDC con la dirección estratégica de una legislatura corta. Puigdemont, en la revancha de ajedrez de Mas, sería el primer peón a sacrificar, una pieza de valor transitorio que por el momento está cumpliendo las expectativas de no hacer ruido, seguir el guión y las instrucciones del verdadero president.

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