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El golpe de la vara de los alcaldes separatistas

Cuatrocientos alcaldes, con Puigdemont al frente, el gobierno regional, miembros de Junts pel Sí y militantes de la ANC y Òmnium arropan al president.

Pablo Planas (Barcelona)

Artur Mas ha convertido su comparecencia ante el TSJC por el referéndum del 9N en una exhibición de fuerza ante la Justicia¨y en un auténtico acto de propaganda. Más de dos mil personas ejercieron de figurantes en el desfile de Mas y sus peones, cuatrocientos alcaldes con las varas en alto, el gobierno regional, la presidenta del parlamento, Núria de Gispert, que rompió a llorar de la emoción, y los diputados de "Junts pel Sí". También los dirigentes de las plataformas separatistas. Gritos de independencia, carteles con el lema "Tots som Mas". Su esposa, Helena Rakosnik, le esperaba en la escalinata del TSJC.

Mas subió las escaleras solo, en una coreografía diseñada al milímetro. Los mossos que hacen guardia en al puerta del tribunal se cuadraron y saludaron al "president" con la mano en la visera. Él alzó la mano derecha y los cuatro dedos, el saludo nacionalista cada vez más habitual, de cara al público.

Desde que Pujol lanzó a la gente a la calle por el caso Banca Catalana no se había visto en Cataluña una escena semejante. Nada más entrar en el recinto, el público se puso a cantar "Els Segadors". A la salida, tras poco más de una hora de declaración, Mas se plantó en lo alto de la escalinata y posó para la historia durante casi diez minutos, como una estatua humana de la Rambla. Saludó a la nacionalista y se puso la mano en el corazón en señal de agradecimiento. Gritos de independencia ante los que el presidente en funciones de la Generalidad cabeceaba con satisfacción. Otra vez Els Segadors y nuevo pasamanos con los alcaldes.

A las ocho y media comenzó la particular jornada de Mas con tres ofrendas florales: ante la tumba de Companys, en lugar donde fue fusilado y en el memorial de homenaje levantado en Montjuich. Allí le acompañó la alcaldesa Ada Colau. Después, el baño de masas, unas dos mil personas a su alrededor y el desfile desafiante de unos cien metros desde el coche oficial hasta el TSJC. El paseo Lluís Companys fue cortado por los mossos ante el gentío que arropaba a Mas.

El entorno del "president" deslizó que Mas se declaró "único responsable" como "promotor político" del 9N, pero que la ejecución corrió a cargo de voluntarios. Como Irene Rigau y Joana Ortega, Mas se presentó ante el juez con lección bien sabida, de tal manera que se reconocen y se reivindican como autores intelectuales, pero con ninguna responsabilidad en la ejecución del referéndum.


Mas declaró como imputado por el referéndum del 9N. Sobre él penden los delitos de desobediencia, malversación de caudales públicos, prevaricación y usurpación de funciones. Sólo contestó al juez, Josep Manel Abril, nombrado a propuesta de CiU y ERC y miembro del CGPJ, pero de Andorra.

El golpe de la vara

Los cuatrocientos alcaldes que han formado el piquete municipal de apoyo a Artur Mas tenían instrucciones precisas de la Asociación de Munipios por la Independencia (AMI) y de la Asociación Catalana de Municipios (ACM) para exhibir todo su poderío. El alcalde de Gerona, Carles Puigdemont, presidente de la AMI, y el de Premià de Mar, Miquel Buch, de la ACM, pretendían que los alcaldes se presentaran con el fajín y la vara de mando, pero las reticencias de muchos primeros ediles hizo desistir a Buch y Puigdemont, ambos convergentes, de la obligatoriedad de la faja.

Sin embargo, todos portaron la vara preceptiva, bastones que agitaron al aire mientras gritaban "independencia" y "president". Sólo dejaron de dar con la vara al aire las varias veces que se entonó "Els Segadors". Después, cuando Mas reapareció triunfal en las puertas del TSJC, el bastón de mando les garantizaba una posición privilegiada en las escaleras y aledaños y fue la manera para acceder al pasamanos con elpresident y hacerse la "foto histórica".

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