Discurso íntegro de José María Aznar

Por su interés, reproducimos de forma íntegra el discurso de Aznar en la presentación de las Biografías Políticas, editadas por FAES.

Libertad Digital

Permítanme en primer lugar agradecer a esta Institución, la institución central de la democracia, en la persona de su presidente, la hospitalidad que nos dispensa al acoger este acto.

Cuando pensamos en la presentación de estas biografías nos pareció que no habría lugar mejor, ni más pertinente, ni más merecido, que esta casa para traer a Antonio Cánovas, Antonio Maura y Francisco Silvela.

Aquí y desde aquí, hicieron su mejor contribución a España. Todos los que luego hemos tenido el honor de representar democráticamente a los españoles nos podemos sentir orgullosos de contar con predecesores de esta dimensión histórica.

Señoras y señores,

Es necesario dedicar tiempo a nuestra Historia. Por ejemplo, a la historia de nuestra Restauración. Un periodo de éxito, de progreso, de consolidación y de estabilida

Por ello, hoy presentamos una colección de biografías políticas que, con la revalorización del género que nos ha expuesto el profesor Álvarez Tardío, podemos decir que es también una colección de Historia de España. Y en torno a la Restauración, tres magníficas obras –las de Carlos Dardé, José María Marco y Luis Arranz-- que proyectan una claridad nueva sobre las circunstancias y los personajes. Una claridad que permite comprender las razones de los éxitos y las causas de los fracasos. Y aprender de ellos.

Incluido el abrupto final de la Restauración como consecuencia de la pérdida de la voluntad reformista. También de la falta de adaptación institucional y de la insuficiente comprensión de los cambios sociales y políticos de fondo que se estaban produciendo en la sociedad española y europea.

La Restauración fue un régimen de integración y de reformas, con personalidades equiparables a cualquiera de los políticos europeos de la época, y en muchos casos con ventaja. Nació desde una visión realista de la historia de España y de nuestros problemas. Una visión por momentos descarnada, pero ambiciosa. Situó a la Monarquía en una posición central, pero dentro y no al margen ni por encima del sistema.

Valoró tanto la importancia de la integración política como la necesidad de que el régimen de la Monarquía restaurada fuera también un esfuerzo de mejor integración territorial. Creo que no hace falta dar saltos históricos en el vacío para reconocer en este periodo muchos de los objetivos históricos que España habría de retomar en la Transición. Restauración y Transición, que no pretendo equiparar, pero que son periodos de éxito, de progreso, de consolidación y de estabilidad. Lo que no significó entonces, ni significa ahora, que sean perfectos.

Señoras y señores,

Sobre nuestra historia más reciente, quisiera exponer ahora algunas consideraciones. La Historia de España ha servido demasiadas veces para justificar el pesimismo. Y, sin embargo, esa misma Historia acredita que juntos hemos vivido un largo periodo de ambición compartida y éxitos en común. España vivió tres décadas de formidable transformación política, económica y social. La fundamental fue construir entre todos un sistema democrático pleno. Hubo que superar las amenazas de la ruptura, el inmovilismo, el revanchismo y el afán de división.

Pero los españoles lo logramos. Porque hubo una generación de españoles responsables que se hizo cargo de su Historia, que la conocía y que la hizo cambiar de dirección. Se logró pasar de la dictadura a la democracia. De la ruptura a los objetivos compartidos. Del inmovilismo a un proyecto de futuro. Del revanchismo al espíritu de concordia. Y del afán de división a un afán común que integraba la diversidad.

Tuvo el acierto de hacer realidad una Monarquía parlamentaria que culmina nuestro sistema institucional. El acierto de crear y de dar sentido político a un caudal cívico capaz de fundar un régimen de libertades garantizado por un Estado de derecho efectivo. Aprendimos a ser adversarios políticos porque renunciamos a mirarnos como enemigos. Una de las expresiones más relevantes del pacto constitucional fue el reconocimiento de la pluralidad constitutiva de España asentada sobre su unidad y sobre la lealtad a la nación común.

Se extendió y fortaleció una clase media como base del sistema. Se consolidó un Estado de Bienestar avanzado y el dinamismo económico permitió dar un salto histórico en el número de personas que trabajaban e integró a millones de inmigrantes que encontraron en España una tierra de oportunidades. El éxito político y el prestigio ganado por la Corona inspiraron los mejores esfuerzos de democratización en Iberoamérica. Contribuimos a su modernización a través de una apuesta estratégica que nos convirtió en el segundo inversor del mundo en la región.

Asumimos nuestra responsabilidad en el sistema de defensa y de seguridad occidental. Y como parte del mundo libre asistimos a la revolución que se inició con el derribo del Muro de Berlín. Contemplamos la implosión del totalitarismo comunista y los estragos que había dejado a su paso. Y todos pudieron comprobar que al otro lado del Muro no había ningún paraíso.

Pudimos ver el enorme poder transformador de la libertad en esos países. Y, sobre todo, pudimos verlo en el nuestro. Ese camino estuvo jalonado de hitos que ahora parecen evidentes pero entonces distaban de serlo. Desde las elecciones democráticas o la adhesión a la Comunidad Europea, hasta la entrada como socio fundador del euro. Hitos de una gran historia. De un gran país. Una historia de todos y un país de todos. Una historia española.

Sin embargo, hace casi diez años nuestra historia, nuestra buena historia, se interrumpió. Cambió de rumbo. Porque después del periodo de libertad, estabilidad y progreso más prolongado de nuestra Historia, el proceso de modernización de España quedó detenido. El impulso modernizador y cívico que nos permitió obrar la mayor transformación social y política que conocemos se rechazó.

Se puso gravemente en cuestión el pacto de la Transición y las viejas políticas de la exclusión encontraron nuevos intérpretes. Pasamos de reconocer la pluralidad a impugnar lo que nos une. Se impuso un relato de revisionismo estéril y de división. Y se creyó que mientras el todo se debilitaba las partes podían fortalecerse.

Las consecuencias económicas, políticas y sociales de esa decisión han sido devastadoras. Tanto que España se encontró instalada en la crisis más grave de su reciente historia democrática.

Señoras y señores,

Ahora es cuando debo decir "se cierran comillas, final de la cita". Durante años expresé esta visión sobre las principales causas de nuestros problemas. La novedad crucial es que ahora hay una mayoría política y social renovada, por la que muchos hemos trabajado, que comparte la voluntad de recuperar un rumbo de éxito para España. Una mayoría social que quiere ser parte de ese nuevo caudal cívico que España necesita activar. Que rechaza la división y la discordia, y que está resuelta a dar continuidad a nuestros mejores tiempos para hacerlos aún mejores.

No tengo duda de que esa misma convicción y ese mismo deseo los comparte hoy la inmensa mayoría de los españoles. Ese es el mandato que salió de las urnas en noviembre de 2011 y que está depositado hoy en esta Cámara.

Señoras y señores,

La historia de la Restauración -que es también la historia de esta casa- nos enseña muchas cosas. Nos enseña que es imprescindible tener instituciones sólidas. Que es necesario renovar los objetivos históricos nacionales. Que la política debe considerarse un pacto de integración y de respeto a la Ley. Que es importante revitalizar el ejercicio de representación frente a la indiferencia y la desafección. Y que en el origen mismo del realismo se encuentra el punto de partida de las reformas más necesarias.

De todas esas enseñanzas uno puede hacerse cargo si quiere. En todo caso, creo que son un buen bagaje de ideas para caminar por la política. La historia –la mejor historia- la entiendo como la donación que otros hicieron a su país, y la historia será también la donación que le hagamos nosotros.

Hoy presentamos una colección de biografías políticas en las que se suceden decisiones tomadas por hombres en uso de su libertad y su mejor juicio, condicionadas por muchos factores. Decisiones que fueron buenas o malas pero que fueron relevantes para España.

En la política, lo sé muy bien, no siempre es fácil saber cuándo una decisión es acertada o no. Pero a pesar de las dificultades que entraña decidir, creo que los españoles podemos aproximarnos con bastante certeza a saber cuándo acertamos y cuándo no.

Creo que se acierta cuando se confía en los españoles.

Creo que se acierta cuando se los convoca a un proyecto nacional ancho y profundo, que valga la pena. A un proyecto nacional que a todos concierne aunque exija renuncias y esfuerzos.

Creo que se acierta cuando se alientan objetivos comunes y cuando sobre la verdad, los proponemos, los animamos y los renovamos.

Los problemas de España han sido muchos. Y hoy tampoco faltan. Pero lo que ha definido finalmente el buen rumbo de nuestra Historia -y lo que en mi opinión debe definirlo ahora- ha sido la voluntad de vencerlos. La voluntad de elegir el camino correcto y de avanzar por él. El camino que queremos; no el que otros creen que nos toca.

El rumbo lo ha definido el deseo de la sociedad de tener un futuro distinto de aquel que a algunos les parece inevitable. Y lo ha definido también la voluntad electoral necesaria para hacerlo realidad. Es lo que los españoles quieren. Lo han dicho donde hay que decirlo en democracia. La política de la Restauración fue un valioso esfuerzo por cambiar un rumbo aparentemente inevitable. Como lo fue la política de la Transición. Ese estado de ánimo, esa voluntad, ese ejercicio de responsabilidad personal es el que nuestro país, ahora, reclama nuevamente de todos nosotros.

La Historia y sus protagonistas están ahí para quien quiera prestarles su atención. La historia de cómo se crean y consolidan las instituciones. La historia de cómo la Corona contribuye eficazmente a ello. La historia del parlamentarismo como núcleo de la vida pública. La de la erradicación de la violencia como recurso para forzar por las armas lo que no se consigue en las urnas. La historia de la creación de la sociedad civil, de los partidos, de la democracia. Y también la historia de cómo se quebró la continuidad de todo esto.

La cuestión ahora es que queramos aprender de ella. Que queramos hacernos herederos de lo mejor de ella. Que queramos ser parte lúcida y creadora de la Historia de España. Hace treinta años una generación política comprendió su responsabilidad. No dio la espalda a la Historia sino que la miró de frente. Esa generación hizo posible una España reconciliada, libre y próspera.

Hoy los desafíos son distintos, pero la responsabilidad es la misma. La responsabilidad de elegir qué futuro queremos para España. Estoy convencido de que los españoles de hoy no quieren limitarse a consumir hasta la extinción el capital histórico que se les ha legado.

Reformar para actualizar el sistema de la Transición es lo que debemos hacer ahora quienes nos reconocemos hijos de la Transición.

Porque reformar no es impugnar. Es justo lo contrario. Reformar es reconocer. Es querer que algo perdure y hacer lo que se necesita para que pueda perdurar.

Señoras y señores,

Cánovas escribió que la política se compone de principios, ideas y soluciones. Es cierto. De esos materiales se hizo la política en nuestra Restauración, cuando se hizo bien. Y de ellos se hizo la Transición.

Y ahora también hay principios, ideas y soluciones para vencer las dificultades. Y eso conviene que lo sepamos.

De hecho, en noviembre de 2011 los españoles afrontaron su responsabilidad frente a los desafíos que teníamos por delante. Lo hicieron a favor de la unidad, la reforma y la modernización de España. Su mandato es inequívoco. Y por ello el coste de la no reforma sería inasumible.

España es una de las grandes naciones de la Historia. Nadie puede cambiar eso. Y nadie debe ignorarlo. La confianza en los españoles siempre obtiene recompensa. Yo no estoy contra nadie; estoy con los españoles. No más que nadie, pero tanto como el que más.

Como uno más de los que quieren hacer posible que España supere este desafío. Con la plena conciencia de que es uno de los más acuciantes y exigentes de su Historia. Y con la confianza que siempre he tenido en los españoles".

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