Las cesiones del Gobierno y los millones de El Prat descolocan a los separatistas, que agudizan sus tensiones internas

Aragonès avisa de que los traspasos y las inversiones "no serán moneda de cambio para no negociar la amnistía y la autodeterminación".

Pablo Planas (Barcelona)

La actitud negociadora del Gobierno, la inyección de 1.700 millones para convertir el aeropuerto de El Prat en un "hub" intercontinental, el calendario para abordar los traspasos supuestamente pendientes, el acuerdo para no recurrir en el Constitucional las leyes autonómicas, que no se exija el cumplimiento de la sentencia que dicta que el 25% de las clases deben ser en español... El separatismo está desbordado. No esperaba tal cantidad de cesiones por parte del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Ni un acuerdo sobre el eeropuerto con una espectacular dotación presupuestaria, ni el trato verdaderamente bilateral, ni que el Gobierno pusiera fechas para nuevas reuniones y más cesiones. En el independentismo existe una sensación de desconcierto y recelos. No se fían de Sánchez a pesar de que la operación indulto llegó a buen puerto tal como estaba prometida.

Si las caras del vicepresidente Jordi Puigneró (JxCat) y la consejera Laura Vilagrà (ERC) eran al término de la bilateral un poema, no eran mejores las que ponían este martes los principales líderes del separatismo que se han dejado ver, con el presidente de la Generalidad, Pere Aragonès, al frente de la manifestación de prevenciones, dudas y desconfianza. El independentismo está entre descolocado y estupefacto. No esperaban que fuera tan fácil llegar a Madrid y sacar tajada y no se fían, creen que hay gato encerrado y no se mueven para no entrar en una presunta trampa.

Pere Aragonès ha comparecido este mediodía ante los medios para hacer una especie de balance de fin de curso a semejanza del que realizó Sánchez la semana pasada. Y tras anunciar que este miércoles comienza la vacunación de los adolescentes entre 12 y 15 años se ha dedicado a echar agua al vino del acuerdo sobre el aeropuerto de El Prat. Según el dirigente republicano, la ampliación dependerá de un estricto respeto por los factores medioambientales, no está aún decidida, tendrá que pasar por el cedazo de la comisión europea y antes aún por un acuerdo entre las administraciones catalanas. Es decir que va para largo, según sus propias palabras.

En cuanto a la reunión bilateral, Aragonès se ciñó al guion mostrado ayer por Puigneró y Vilagrà. A su juicio los resultados fueron "insuficientes". Sin embargo, la prueba de que la impresión de los separatistas es totalmente la opuesta a la que expresan en público es que Aragonès ha querido recalcar que las inversiones y los traspasos "no serán moneda de cambio para no negociar la amnistía y la autodeterminación".

"Volvemos a la zanahoria"

Jordi Puigneró, que era uno de los más escépticos en el seno del Govern respecto a las posibilidades del llamado diálogo con el Gobierno, empieza a cambiar de registro y defiende el acuerdo para la ampliación de El Prat. Dice que será el aeropuerto más verde de Europa y asegura que es fundamental para la recuperación económica. En la misma línea se manifiesta el pintoresco diputado Joan Canadell, que asegura que un gran aeropuerto es una estructura de Estado imprescindible para la república catalana.

El acuerdo, sin embargo, tiene detractores en las propias filas de JxCat. Laura Borràs, la presidenta del Parlament, ha asegurado vía Twitter que "los compromisos en inversión del Gobierno español ya los conocemos. Volvemos a la zanahoria. Menos euforia y más memoria".

También Quim Torra ha mostrado su oposición con otro mensaje en la misma red social en el que ha asegurado que "después de vivir la Covid creía que nunca más adoptaríamos una decisión que pudiese ir contra el medio ambiente, contra la naturaleza y la tierra, que es el legado de nuestros hijos. Me equivocaba".

Las juventudes de ERC, los comunes de Colau y la CUP también están radicalmente en contra de la ampliación del Aeropuerto. La CUP ha anunciado que pedirá la comparecencia en el Parlament de Aragonès y Puigdemont para dar explicaciones.

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