Los motivos por los que Pablo Iglesias abandona Moncloa para perder frente a Ayuso

Una operación a la murciana entra en los planes del vicepresidente que se la juega para salvar(se) de una humillante derrota frente a Errejón.

Ketty Garat

En una nueva jornada frenética en la política española, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, se convirtió este lunes en el nuevo cisne negro de la vida política nacional. Un fenómeno, descrito por el ensayista libanés Nassim Taleb como un suceso sorpresivo y de gran impacto, al que se le intentan encontrar explicaciones a posteriori; y a esto se ha dedicado hoy toda la clase política y periodística española, a buscar una explicación, si es que la hay.

Las fuentes gubernamentales consultadas por este periódico se afanaron desde el mediodía en difundir un relato en construcción, difuso y que destilaba el impacto de la noticia que irrumpió en forma de vídeo interno y en el que Iglesias anunció que se presentaba como candidato a las elecciones en la Comunidad de Madrid para frenar las posibilidades de la actual presidenta Isabel Díaz Ayuso.

Pero las dos formaciones que integran la coalición, PSOE y Podemos, encuentran su explicación en el desgaste de la marca Podemos. Iglesias ha perdido tres millones de votos y la mitad de su representantes en el Congreso desde 2015, pero con una erosión especialmente profunda a nivel territorial. El pasado mes de julio se quedó sin representación en el parlamento gallego tras haber sido la segunda fuerza; en las vascas, redujo a la mitad su representación siendo fagocitada por Bildu; y en las catalanas del pasado 14-F salvó los muebles con la sexta posición pero con un 40% menos de votos, 130.000 votos menos que en 2017.

Un escenario en el que las elecciones de Madrid podrían ser "la puntilla" para un golpe de mano interno de la formación que podría volver a ser superada por la de Íñigo Errejón, Más Madrid, actualmente liderada por Mónica García. Una nueva derrota frente a Errejón, en 2019 Más Madrid triplicó los votos de Podemos con Isa Serra de candidata, y la posibilidad de quedarse sin representación en la Asamblea sería algo imposible de asumir por Iglesias, dada su extrema rivalidad que motivó la salida del anterior secretario de Organización morado del partido.

Un escenario altamente probable ya que actualmente Podemos apenas supera el 5% del voto en los sondeos propios, filtro de entrada para la representación parlamentaria, ante el que Iglesias ha tenido que salir al rescate de sí mismo para poder seguir al frente de Podemos.

Así explican estas fuentes el llamamiento directo a la unidad que Iglesias hace a la formación de Errejón para una candidatura de "unidad de la izquierda transformadora" que "requiere que tengamos la humildad y altura de miras para que hagamos una candidatura única para ganar Madrid el próximo 4 de mayo". En su vídeo interno de siete minutos, admite que es "consciente de que no va a ser fácil", pero deja la pelota en el tejado de sus rivales de los círculos haciendo un gesto más para salvar(se) a Podemos.

El actual vicepresidente se ofrece como el líder de "un futuro gobierno de izquierdas", pese a figurar como la cuarta o quinta fuerza política, y deja claro que ni él ni su pareja, Irene Montero, aspirarán a liderar la formación en las próximas elecciones señalando a la próxima candidata, "a persona en la que todos estamos pensando" Yolanda Díaz, ministra de Trabajo. "Creo que puede ser la próxima presidenta del Gobierno de España. Toda la gente de izquierdas tenemos que apoyar a Yolanda para que sea la candidata de Unidas Podemos en las próximas elecciones generales y la próxima presidenta del Gobierno de España".

Y la pregunta que resta es: ¿qué pasará si la izquierda puede sumar contra Ayuso? Lo que algunas fuentes apuntan es que Iglesias intentará hacer una operación murciana, es decir, convencer al PSOE de hacerle presidente en sustitución de Gabilondo a cambio de no romper el gobierno de coalición en España y pudiendo forzar, en último término, a unas elecciones anticipadas. Un ultimátum encubierto, por ahora, que dependerá de los resultados del 4-M. A falta de adelanto electoral, la izquierda ya tiene su reválida de las generales.

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