"Si un día llegamos a las manos en Cataluña será también por TV3"

Un libro de entrevistas realizado por Sergio Fidalgo destripa las claves de la televisión pública catalana al servicio del proceso separatista.

Pablo Planas (Barcelona)

El enunciado que encabeza esta información es una de las respuestas de Xavier Rius, periodista y director del digital e-notícies, a las preguntas del también periodista Sergio Fidalgo, quien acaba de publicar TV3: el tamborilero del Bruc del 'procés' (Ediciones Hildy), un libro de entrevistas con lo más granado de la disidencia catalana. El propósito de la obra es diseccionar una televisión autonómica convertida en el altavoz y banderín de enganche del proceso separatista.

Fidalgo acomete el retrato de TV3 a través de la mirada de personajes como el eurodiputado de Ciudadanos Jordi Cañas, el crítico de televisión Ferran Monegal, la catedrática de Derecho Constitucional Teresa Freixas, el exdiputado del PP Daniel Sirera, el citado Rius o Julia Moreno, la presidenta de S'ha Acabat, un grupo de jóvenes constitucionalistas.
De las decenas de horas de conversación se infiere que TV3 no es una televisión pública, sino una televisión hecha por independentistas para independentistas y volcada al servicio del proceso separatista, una estructura de Estado de las que presumían los nacionalistas fundamental para el proceso. Según apunta Cañas, "TV3 ya no es un elemento que busque atraer más gente al nacionalismo, sino mantener prietas las filas y seguir marcando el objetivo y el marco de referencia, y los partidos nacionalistas usan toda la parrilla televisiva, desde los informativos al entretenimiento, para lanzar las consignas al mundo independentista".

TV3 insulta a los no nacionalistas

En opinión del eurodiputado, TV3 entrará en decadencia porque "las generaciones jóvenes ya no ven la televisión tradicional. Ven Netflix, HBO, Youtube o ven la televisión a través de las nuevas redes sociales. Por eso TV3 poco a poco ya no les valdrá. De hecho, los que siguen liderando el proceso secesionista en la calle son gente mayor, y es porque siguen machacados por la propaganda diaria de TV3 y Catalunya Ràdio". También apunta que "hay gente que no ve TVE porque considera que no tiene el contenido adecuado, pero nadie deja de verla porque les insulten, eso sí sucede con TV3".

El papel de los trabajadores de TV3 es otra de las claves que atraviesa el libro. El exdirigente socialista Joan Ferran asegura que lo que impera entre muchos trabajadores de los medios de la Generalidad es una determinada filosofía que va mucho más allá de los partidos políticos. Un diputado del Parlament dijo que en TV3 mandaba un soviet y se refería a que había un consenso político de base nacionalista que marcaba la línea por encima del partido que estuviera en el Govern".

El papel de los periodistas

El crítico de televisión Monegal amplia la definición: "TV3 no es un servicio público, es un servicio de agitación y propaganda en el que los periodistas han abdicado de su función de periodistas, algunos a la fuerza y otros con mucha devoción, y se han transformado en majorettes de una opción política determinada. Han querido ser acompañantes del pastor que dirige el rebaño y que cree hacia dónde debe ir. Y esa no es la función de un periodista".
A juicio de Rius, " los de TV3 les pasará como a aquellos trabajadores del Canal 9 que salieron en un 30 minuts (espacio de reportajes de la autonómica catalana) cuando cerraron la cadena. Todos denunciaron los abusos y tropelías del PP, pero cuando dejaron de cobrar, no antes".

También comenta Rius que "la responsabilidad de TV3 con el procés, no es sólo política, sino casi criminal si se me permite la boutade. Si un día llegamos a las manos en Cataluña será también por TV3, que no ha parado de excitar al personal durante diez años".

Monegal tiene claro además que "el procés no habría sido lo mismo sin el gran aparato de agitación que es TV3. En las grandes manifestaciones independentistas que movieron a centenares de miles de personas la televisión de la Generalidad se encargó de ir calentando el ambiente para que la gente asistiera. Es como cuando estabas en el colegio y te salía el mossèn de turno y advertía de que tal día había que ir a la procesión, e insistían día tras día. Y luego apuntaban quién iba y quién no.

A modo de conclusión, Rius apunta que "TV3 no tiene arreglo. Lo mejor sería convertirla en una Netflix indepe, que se la paguen ellos. TV3 es la confirmación de que el proceso es supremacista. Puedes dejar de verla, pero no de pagar".

Un ejemplo de manipulación

A modo de ejemplo de las manipulaciones de la cadena autonómica, Julia Moreno relata cómo desinformó TV3 sobre la visita de Cayetana Álvarez de Toledo a la Universidad Autónoma de Barcelona invitada por S'ha Acabat: "En ese acto tuvimos que traspasar una barrera de gente que nos impedía acceder a la sala en la que teníamos previsto nuestro evento. A eso TV3 lo llamó escridassada (griterío) en el programa Tot es mou. Hay que tener en cuenta que al no permitir la libertad de expresión y el derecho de reunión de los asistentes a nuestro acto se produjo una vulneración de derechos fundamentales. Incluso hubo gente que acabó con lesiones, hasta el punto de que tuvieron que entrar los Mossos d'esquadra por el peligro que supusieron esos acontecimientos. Pero no sorprenderá a nadie que en TV3 las vulneraciones de derechos contra los constitucionalistas sean silenciadas".

¿Y antes del 'procés'?

El llamado procés sería inexplicable sin TV3, pero hubo un antes de ese periodo en el que se sentaron las bases. Especialmente ilustrativos son los comentarios de la periodista Regina Farré, extrabajadora de TV3, quien explica que Mònica Terribas, una de las periodistas musa del proceso, tenía un programa de entrevistas en los primeros años del siglo en el que "todos los días hablaba con el periodista abertzale Otamendi, entrevistó un par de veces a Otegi e invitó al programa varias veces a un cura irlandés que decía que la culpa del atentado de la T4 de Barajas no la tuvo ETA, la tuvo la Policía que no llegó a tiempo. Entrevistamos a casi todos los de Terra Lliure, también a todos los historiadores medio pirados que decían que Colón era catalán y Cervantes, también, y que escribió el Quijote en catalán y le obligaron a traducirlo. Era una plataforma independentista en la que todo el día se hacía doctrina".

El autor del libro de entrevistas, Sergio Fidalgo, es director del digital elCatalán.es, medio a través del cual se puede adquirir TV3, el tamborilero del Bruc del 'procés'.

A continuación