El PNV, "mosqueado", exigió a Sánchez "no dar alas" a su competidor Bildu en una reunión discreta en Moncloa

Sánchez y Ortuzar se reunieron en Moncloa el pasado miércoles. El pacto con Bildu enfureció al PNV y vino a Madrid a darle "un toque" al Gobierno.

Ketty Garat

No ha sido fortuito lo ocurrido este miércoles en la sesión de control del Congreso entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban. "Señor, presidente, ¿Con qué voluntad afronta usted los compromisos parlamentarios/presupuestarios con el grupo vasco?", formuló Esteban en una invitación a plasmar un compromiso. Sánchez obedeció: "Desde luego, la voluntad es máxima, es total, consideramos a su grupo como un socio estratégico y preferente en la gobernabilidad del país y también en la tramitación de los Presupuestos".

Una declaración, con el acta de sesiones como testigo, que adornó con agradecimientos y lisonjas al PNV con la promesa de que ellos son y serán los interlocutores válidos y preferentes de su Ejecutivo. ¿Preferentes frente a quién? Frente a Bildu. Porque lo relevante de esta escenificación para validar su compromiso estable de legislatura es cómo se fraguó.

Según informan fuentes gubernamentales a Libertad Digital, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se reunió el pasado miércoles en el Palacio de la Moncloa con Andoni Ortuzar, el presidente del PNV. Un encuentro "discreto" que se produjo unas horas antes de que se conociera el pacto con Bildu a primera hora de la mañana del jueves, cuando Arnaldo Otegi lo anunció en una entrevista radiofónica, que publicitó posteriormente el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, vanagloriándose de que los proetarras se incluyeran en la dirección del Estado.

Pero la cita con Ortuzar tuvo lugar antes del anuncio porque, según estas fuentes, al presidente del PNV le había llegado la información previamente y "estaba mosqueado". Ortuzar acudió a Madrid a "darle un toque a Sánchez" por estar dándole alas a su principal adversario político, Bildu, su competidor natural en el País Vasco, con quien le separan apenas 100.000 votos y 10 escaños en el Parlamento de Vitoria, pero sólo uno en el parlamento nacional. Es decir, la formación que "podrá disputarle la posición de primera fuerza en Euskadi en el futuro", según Moncloa.

El malestar de la fuerza hegemónica vasca era notable y logró del jefe del Ejecutivo un mensaje de calma y un compromiso, hoy llevado a escena en la sesión de control del Congreso. Sánchez aseguró a Ortuzar que el PNV "es la prioridad", la base de la alianza Frankenstein y no "los añadidos de Bildu" que son, comparativamente hablando "irrelevantes".

Sánchez garantizó, además, que no saldría de su boca una palabra de respaldo y apoyo al pacto con Bildu. Una de las pocas promesas cumplidas por el actual presidente que lleva inmerso en un clamoroso silencio durante toda la semana y que se ha negado a responder a todas las preguntas de la oposición en Congreso y Senado. De hecho, quienes —aparte de Pablo Iglesias— entonaron los cánticos del blanqueamiento de Bildu fueron sus subalternos José Luis Ábalos, Carmen Calvo y Adriana Lastra.

Sin embargo, Sánchez acompañó su compromiso de una advertencia en el sentido de que podía comprometer su propia palabra pero no la de Pablo Iglesias, que fue quien publicitó el acuerdo con Bildu. En Moncloa siguen apuntalando este diálogo con los herederos de Batasuna pero son conscientes de la tensión y el riesgo que entraña poner contra las cuerdas al PNV. Y por ello, los acuerdos con Bildu serán discretos. "El PNV no se levantará de la mesa porque pactemos un par de enmiendas" al articulado de los Presupuestos. Y porque son conscientes de que un escarceo amoroso siempre conlleva el riesgo de ruptura y podría dar al traste con una relación estable de legislatura que ha necesitado hoy revalidar su compromiso de forma pública y notoria.

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