Un Gobierno roto: los 'políticos' Sánchez, Iglesias y Redondo contra los 'técnicos' Escrivá, Calviño y Yolanda Díaz

La batalla en la coalición trasciende de las facciones partidistas PSOE/Podemos. Malestar porque el "núcleo duro" puentea al Consejo de Ministros.

Ketty Garat

No es un capítulo más en las batallas internas que se libran en el Gobierno de coalición sino un cambio estructural en el proceso de toma de decisiones que pretende subsanar los errores pasados cometidos por las discrepancias entre las dos facciones partidistas del Ejecutivo. Tras la estela de esperpento y ridículo que dejaron los Consejos de Ministros de más de siete horas en los que trascendían las discrepancias entre los ministros de PSOE y Podemos y los unos obligaban a los otros a rectificar, como con las salidas de los niños; a retrasar varias horas la publicación de los decretos aprobados para modificar su contenido, como ocurrió con el parón de la industria; o alterar incluso la fecha de la prórroga del decreto del estado de alarma, como ocurrió este mismo martes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su gurú, Iván Redondo, idearon un cambio trascendental en el modelo de toma de decisiones.

El cambio fue incorporar a su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, al "núcleo duro" del Gobierno, el que toma las decisiones. La decisión formal se hizo pública el 28 de abril cuando se incluyó al vicepresidente en el Comité Técnico para la Desescalada al que también se incorporó su jefe de gabinete, Julio Rodríguez. Pero la relevancia radica en la aplicación práctica de la decisión teórica. Iglesias pasó a conformar un "tridente mágico" con Sánchez y Redondo que decide al margen del Consejo de Ministros —a veces antes en maitines; otras después—, y que se completa con el brazo ejecutor de otros tres miembros, no sólo del Ejecutivo: la vicepresidenta, Carmen Calvo, el ministro y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos y la portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, "intocable" en tanto en cuanto cumple las órdenes del jefe, según las fuentes consultadas por Libertad Digital.

No en vano, los tres ejecutores han sido quienes dirigían la negociación con los grupos parlamentarios de los últimos días junto al secretario general de presidencia, Félix Bolaños. Una camarilla de fieles que conforman el primer bloque dentro del Ejecutivo, el político, que confronta con otro, el técnico, que también trasciende a los partidos que conforman la coalición y cuyo máximo exponente es la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, junto con la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y el de Seguridad Social, José Luis Escrivá.

Según las fuentes consultadas por este periódico, el pacto con Bildu ha generado un "profundo malestar" en todo el Consejo de Ministros pero especialmente notable en el grupo de los técnicos, en tanto en cuanto se les ha dejado "a los pies de los caballos de los agentes sociales" dado que el Ejecutivo estaba inmerso en la mesa de diálogo social con empresarios y sindicatos, un foro que se ha "echado por tierra" ahuyentando al presidente de la patronal CEOE.

Una mesa tocada que, por este motivo, intentó reconstruir este viernes la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, en un claro mensaje de respaldo al foro conjunto con patronal y sindicatos con quienes deseó llegar a un acuerdo en materia laboral para una reforma del estatuto de los trabajadores "a medio plazo". "Para nosotros es un espacio muy importante" en tanto en cuanto "está parando la hemorragia" con medidas como "los acuerdos de subida del salario mínimo y los ERTE".

"No se encarecerá el despido"

Sin embargo, y pese al obligado respeto a la mesa de diálogo social, fuentes gubernamentales aseguran que "en absoluto se va a derogar la reforma laboral de forma íntegra" como "tampoco se encarecerá el despido" pese a lo manifestado por el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, para quien "en el acuerdo no se habla de derogación parcial" y "lo pactado, obliga". Desde el bloque económico/técnico del Gobierno descartan tajantemente este extremo. De hecho, deslizan incluso la afirmación de la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, quien habría asegurado que "el Gobierno que derogue la reforma laboral, será uno en el que yo no esté".

Una frase que, según las fuentes consultadas, "no es una dimisión sino un aviso" a la otra parte del Ejecutivo que es plenamente consciente de la presión y preocupación que existe en Europa, porque la salida de la vicepresidenta económica Calviño supondría "perder el poco crédito que tiene el Gobierno en Europa" y eliminar el dique de contención a las políticas populistas en el seno de la coalición progresista.

Presiones a las que habría cedido el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, asumiendo las tesis de Calviño en su conversación con el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, a quien Sánchez prometió que ni se derogará íntegramente la reforma laboral ni se encarecerá el despido, según adelantan fuentes socialistas a LD.

Calviño 1-Iglesias 1

Sin embargo, no es la primera vez que se enfrentan Calviño e Iglesias en el Consejo de Ministros o fuera del mismo. La primera vez fue el 30 de marzo por el decreto sobre las medidas de freno a la actividad de la industria, negociación en la que "arrasó Podemos" y el vicepresidente de Asuntos Sociales; la segunda, sobre las medidas del alquiler, acabó en tablas, con un "empate" entre las exigencias de ambos vicepresidentes.

En esta ocasión, es Calviño quien consigue ganar la contienda, pero la cuestión es cuándo volverán a saltar las costuras de un Ejecutivo en el que el Consejo de Ministros se ha convertido en un mero decorado, con modificaciones a posteriori vía rueda de prensa, WhatsApp o BOE y sin debatir —ni siquiera informar— a los 22 ministros del Gobierno que asisten como figurantes a lo que supuestamente han rubricado en las reuniones del órgano colegiado. No es de extrañar que Sánchez, acostumbrado a estas prácticas, intente —o se le escape— exportar la fórmula a los empresarios tras un pacto con Bildu que se ha visto obligado a rectificar. Esta vez ha podido la presión, externa e interna, y lo relevante es que ni siquiera en Moncloa impere ya el partidismo que gasta el presidente Sánchez. Una batalla entre partidos que ha dado paso a la confrontación de los técnicos con los fieles del presidente.

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