El Mundo, sobre los manifestantes: "cayetanos", "borjamaris", "la rubia con abrigo de Michael Kors"

Las protestas contra el Gobierno se intensifican y los dictadores de Moncloa acuden a la represión policial.

Pilar Díez

El Mundo

"Protesta bajo control policial en Madrid". "El reto es que ni se cercenen derechos ni se ponga en riesgo la salud de todos". La crónica de Luis F. Durán dice que "había más policías que gente. Una treintena de lecheras de los agentes antidisturbios blindaron la vía y amenazaron por megafonía con sancionar a los que se concentraran en la vía pública". Caray, antidisturbios contra un grupo de ciudadanos armados con cacerolas, sí que apuesta fuerte Marlaska. "Media hora después, ese mismo espacio se convirtió en una marabunta de gente y clamor contra el PSOE y Podemos al grito de gobierno dimisión y libertad". Una barbaridad, ¿cómo no cargó la policía? "A diferencia de otros días, los cayetanos se ven obligados a caminar sin parar para eludir el escarmiento policial. 'Esto es alucinante, parecemos delincuentes'", explicaba con euforia Emilio, arquitecto y votante del PP". ¿Qué pasa, Luis, te marcaste una cristinapardada preguntando a la gente a quién vota? La caza al facha en El Mundo. "La crispación era absoluta", relata. "Somos una legión de ciudadanos que estamos hartos de este gobierno, gritó Adrián, abogado de 44 años". A este el afanado periodista no le preguntó a quién votaba, lo mismo dio por supuesto que a Vox. "A su lado chillaba con mayor enfado una mujer rubia y embutida en un abrigo de Michael Kors", dice el cronista al estilo Pablo Iglesias cuando humilló a una periodista por llevar un abrigo de piel. En su artículo, Antonio Lucas los llama "borjamaris". ¿Se han infiltrado Echenique y Rufián en El Mundo?

El País

El País sigue su raca raca con Ayuso. El editorial —muy flojo por cierto, Sole, pon algo más de entusiasmo—, dice que Ayuso se ha metido en un "laberinto". "Lo que parecía sencillo ha terminado por convertirse en un vodevil en que se revela lo que parece un regado indebido, proyectos personales de la presidenta y unos contratos que aparecen y desaparecen como en una comedia de enredo". Suponemos que El País tendrá pruebas del regalo indebido y de todas sus acusaciones para llevarlas ante el juez. Porque si no, podrían ponerle una querella.

Gran despliegue de titulares. "Ayuso alienta la protesta en la calle contra Sánchez pese al estado de alarma". ¿Desde cuándo no se puede protestar en la calle si se guarda la distancia de seguridad?

Javier Casqueiro dice que "el apartayuso por lo que se sabe no es ilegal, ni irregular, pero no es nada ejemplar". No, lo ejemplar es el casoplón de Iglesias de Galapagar, no te joroba. O que el Gobierno nombre decenas de cargos públicos en plena crisis económica, eso es muy ejemplar. O que tenga un gabinete con 23 ministros mientras la gente muere de hambre, también muy ejemplar.

Y en el colmo de la incoherencia, se queja Casqueiro de que "con una crisis que ha provocado miles de muertos y fulminado empresas y empleos como nunca se imaginó, Ayuso y sus ocurrencias abren más informativos, periódicos y webs que el presidente del Gobierno. No puede ser bueno, ni proporcional". Pero si sois vosotros y toda la red mediática al servicio del Gobierno los que llenáis las páginas con Ayuso. Tócate las narices.

ABC

"Blindaje policial para evitar las protestas contra Sánchez. El despliegue de agentes ordenado por interior contiene a los manifestantes del madrileño barrio de Salamanca". Rubido se teme que "un día de estos estallará un brote de protesta y la policía no tiene nada claro cómo responder".

Dice el editorial que "se están perturbando los derechos de manifestación, reunión y expresión bajo la excusa de un estado de alarma que solo permite aplaudir desde el balcón". "La responsabilidad individual es muy importante. Pero no es democrático identificar a discrepantes del sanchismo por expresarse en la calle contra sus abusos. Nadie delinque por protestar aunque Sánchez quiera penalizarlo. No se está restringiendo o limitando ocasionalmente algún derecho en interés general con el objetivo de frenar una pandemia se están suspendiendo derechos fundamentales. El gobierno ha paralizado el país, ha permitido el colapso económico con medidas improvisadas y chapuceras y está generando una regresión democrática. Un vicepresidente puede ufanarse de burlar el confinamiento pese a ser un riesgo para el contagio, pero un ciudadano no puede detenerse en su paseo a silbar al gobierno. En 40 años de democracia, nadie salió a las calles para pedir "libertad". Hoy ocurre porque hay una regresión en los derechos y crece el temor a convertirnos en una nación arruinada". Ya somos una nación arruinada bajo la dictadura férrea de los sociocomunistas. Y el Gobierno nos quiere calladitos y en casa o nos muele a palos.

La Razón

"Despliegue policial contra la revolución de las cacerolas". La indignación crece día a día en la prensa disidente del régimen. "La ciudadanía soporta desde hace dos meses no solo el acecho de un virus letal, que está arrebatando miles de vidas y buena parte de la prosperidad y el futuro de las familias, sino la suspensión de facto de derechos fundamentales garantizados en la Constitución". Por el mismo gobierno que dejó que la pandemia se extendiera el 8-M y que actuó tarde y mal. "Es un hecho que el estado de alarma, que el ejecutivo pretende mantener sine die mientras la agonía de las economías domésticas y empresariales continúa, ha privado a los españoles de la libertad de movimiento, concentración o manifestación". Y envían a la policía contra quien se queje.

"La nefasta gestión de la crisis, ha disparado el descontento y el hartazgo en una sociedad que asiste entre aturdida e inquieta a la incompetencia y el abuso". "La respuesta de las autoridades podía haber sido más proporcional y empática con las personas que permanecen ya más de dos meses enclaustrados mientras sus problemas crecen, y cuyas emociones a veces se desborda". Y en lugar de eso, los insultan, los amenazan y los mandan a la policía para amedrentarlos.

Y encima, los que insultan y desprecian a los manifestantes, o sea, la izquierda, "carece de la autoridad moral para criminalizar comportamientos de ciudadanos enfadados. Los maestros de la agitación callejera", los rodea el Congreso, los del jarabe democrático vienen ahora diciendo quién tiene derecho a manifestarse y quién no. La izquierda de este país no tiene decencia.

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