Tensión en el Valle de los Caídos el día después: colas, caos y dentro "está todo hecho un desastre"

Los turistas se agolpan en la cola, los operarios salen y entran. El Valle continúa "tomado" y no regresa a la normalidad.

Elena Berberana

Tras la tormenta en el Valle de los Caídos, no llega la calma. La explanada de la puerta principal sigue siendo un muro de contención para todo aquel que se atreva a traspasarlo. Las puertas están abiertas pero el Gobierno de Sánchez sigue dentro. Hasta el próximo martes 29 de octubre, la basílica seguirá cerrada por orden del partido socialista.

Dentro hay negocios, una hospedería con 300 habitaciones para turistas y grupos de retiro, cafeterías, restaurantes, empleados y, por supuesto, el prior y los monjes benedictinos. Todos intentan recuperar la normalidad, pero el Ejecutivo ha levantado una frontera custodiada por agentes de la benemérita. Es imposible, el Valle es una fortaleza.

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Cola para entrar en el Valle de los Caídos

Decenas de vehículos se agolpan en la explanada de la entrada al monumento. Son los huéspedes que vienen a pasar el fin de semana al Valle de los Caídos. La Hospedería de la Santa Cruz del Valle de los Caídos ya está abierta, pero pasar los controles es otro cantar. El gobierno ha impedido la entrada y los turistas empiezan a impacientarse. "Deben estar registrados. ¿Llevan la autorización?", pregunta un efectivo de la Guardia Civil en tono serio a una pareja de ancianos. "Tenemos reserva hecha para pasar el fin de semana. Por favor... venimos de muy lejos", contesta la mujer. "No sabemos nada de esa autorización o tarjeta y no nos cogen el teléfono en el hotel. No hay cobertura aquí", continúa la señora con cierto nerviosismo. "Lo siento, aparten el vehículo a un lado. No pueden pasar, no es nuestro problema. Tenemos órdenes. Sigan llamando al hotel", responde el efectivo de seguridad.

El inofensivo matrimonio no sabe dónde ponerse para no estorbar. Salen de la fila de coches, el hombre muestra un gesto de enfado y tristeza, nos mira. "Es vergonzoso. Nunca nos había pasado. Hemos venido en varias ocasiones a pasar el fin de semana porque es un lugar con mucha paz y precioso. Venimos de Valencia", y agrega con preocupación, "aquí no hay cobertura, tendremos que irnos a otro hotel. Esto no puede ser, el Valle no es propiedad de este gobierno", se queja el hombre en la entrada.

La situación se repite con otra pareja que viene con un bebé. La chica afirma que cancelará la habitación. También los han echado fuera de la cola. "Parece que vamos a entrar en otro país. Es increíble, mi marido se olvidado la tarjeta que piden y ahora nos tendremos que volver. Venimos de Madrid a pasar el fin de semana. Esto no es ningún lugar de culto al dictador. Es un sitio puramente turístico y la hospedería es muy bonita. No entiendo nada", nos dice la joven madre desde su vehículo.

En ese momento, se abre la valla contigua a la entrada. Sale un camión, Grúas Aguado. Han terminado de recoger las instalaciones que habían sido preparadas para la retransmisión de la exhumación de Franco en directo por parte de RTVE. El ente público ha sido el único medio de comunicación audiovisual autorizado, además de la Agencia EFE. El resto de periodistas está a las afueras y muchos allí continúan con las cámaras al hombro.

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Un camión de grúa sale del Valle de los Caídos

Pese a que tenemos un reportaje y entrevista concertada con la Hospedería del Valle, su director ha hecho todo lo que estaba en su mano para que pudiéramos llegar hasta la recepción. Nuestra intención era conocer cómo está afectando al negocio el cierre estos días atrás. ¿Es cierto que es un lugar de culto donde acuden miles de peregrinos del fascismo, tal y como ha indicado el presidente en funciones? Pero no hemos podido entrar, ni formular la pregunta. Por otro lado, la respuesta era obvia, por la aglomeración que se veía sin el dictador ya en su tumba, está muy lejos de ser ese lugar de adoración al fascismo que pintaba el Ejecutivo.

Después de una hora y media de espera, llamadas y gestiones de los empleados y dirección de la Hospedería; el agente se acerca hasta donde nos encontramos al borde de la carretera: "¿Quieren seguir perdiendo el tiempo con su coche ahí o se van?". "Nos han dicho que estamos autorizados, podemos subir a la hospedería", insistimos. "Ya lo sabemos, pero hemos llamado a un alto mando y no pueden entrar. ¿Lo han entendido?", dice el guardia. Al quedarnos con la cara a cuadros, alza la voz: "¿Lo han entendido?".

Claro que lo habíamos entendido. Suena el teléfono. "Lo siento, de verdad, lo hemos intentado, estamos teniendo muchos problemas, no sabemos qué pasa abajo", se disculpa uno de los empleados con voz de estar muy agobiado. Mientras tanto, la cola continúa. Al otro lado, se deja ver el trajín de efectivos. Decenas de operarios van y vienen, uno de ellos, que acaba de salir, relata que todo está fatal. "Aquello es un desastre. Es una pena", nos desvela por lo bajini antes de que nos vayamos. Su compañero de faena asiente con mirada cómplice, confirma la descripción que hace el trabajador. Ambos se van con paso ligero y giran la cabeza por si alguien los ha visto hablando con nosotros. Hay extremada vigilancia y tensión. Mucha.

Salta a la vista que la denuncia de "la toma del Valle" que hizo el prior, Santiago Cantera, no era ninguna exageración. El monumental conjunto histórico, la basílica de los Caídos, la casa de los benedictinos, en definitiva, un trozo de la historia de España ha sido okupado por Pedro Sánchez.

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