Susana Díaz, de perfil con Cataluña; Marín se dispara en el pie y Moreno pastelea con el PSOE

Ciudadanos atacó con fiereza al régimen socialista de Díaz, pero no pudo explicar cómo lo apoyó durante tres años largos.

Pedro de Tena (Sevilla)

El pleno de ayer del Parlamento andaluz tuvo elementos de interés. Por una parte, PP y Cs pidieron un retrato del PSOE ante el golpismo separatista catalán, pero Susana Díaz se puso de perfil y no quiso votar ni sí ni no sino todo lo contrario. Ciudadanos, de forma insólita, atacó con fiereza al régimen socialista de Díaz, pero, claro, no pudo explicar cómo lo apoyó durante tres años largos.

El PP andaluz, cada vez más lejano de Pablo Casado y atacado por los sindicatos por prometer 600.000 empleos en la campaña de los que Moreno ya no se acuerda –cosas de campaña, ha templado uno de sus consejeros–, se sitúa en el centro de un pasteleo que puede convertir el cambio en "cambiazo". De momento, ha admitido hacer fijos, mediante oposiciones que podrían ser incluso anticonstitucionales, a 8.000 temporales colocados sin garantías en la época socialista.

PP y Ciudadanos querían que Susana Díaz acordara en el Pleno que el gobierno que gane las elecciones del próximo 28 de abril no admita concesión alguna al separatismo ni se siente en mesa bilateral alguna que privilegia a los independentistas. Pero Susana Díaz evitó hacerlo ya que las elecciones generales están a la vuelta de la esquina y ha pactado no hacer sangre con Pedro Sánchez.

Le bastó para ello lanzar al ruedo a la nueva portavoz Ángeles Ferriz y subrayar el partidismo de ambas formaciones que usan el conflicto catalán para obtener réditos electorales. Y se acabó, no sin antes recordar que la votación contra los presupuestos de Pedro Sánchez que desencadenaron la convocatoria electoral PP y CS unieron sus votos al separatismo que dicen combatir.

De ahí a considerar "farsa" la actitud de populares y naranjas había un paso, que recorrió de la mano de Podemos que aprovechó el río revuelto para acusar al nuevo gobierno andaluz y los partidos que lo sustentan de "alentar la crispación" y no querer oír siquiera la palabra "diálogo".

Menos mal que por ahí andaba un partido llamado Vox, decisivo por cierto aunque se le ignore, que salió al quite de un gobierno que podría haber perdido su primera votación en la Cámara andaluza. Fue su voto favorable el que salvó las propuestas antiseparatismo, pero también tuvo sus palabras contra la legitimidad de PP y Cs para su defensa de la unidad de España. Por ejemplo, recordó la inacción de Mariano Rajoy durante el golpe de Estado y poner "a un francés a defender la unidad de España", en memoria de Manuel Valls.

Tanto ABC como El Mundo recogen la sorpresa "Romero" de ayer en el Parlamento andaluz. Sergio Romero, del clan de la Manzanilla próximo a Juan Marín, se despachó ayer a gusto contra el régimen socialista, tanto que pareció el viejo PP o el nuevo Vox.

El primero de los diarios tilda su actuación de "muy agresiva" y plagada de acusaciones contra el PSOE andaluz al que dijo que se "acabó la fiesta". Se vistió con casulla y estola para decirle al PSOE que había cometido "los siete pecados capitales de la política", entre ellos, gastar el dinero "con gula", también con "lujuria" en prostíbulos, gobernar con "soberbia" y hacer la vista gorda contra la corrupción "por pereza", por destacar algunos de sus recursos.

Para rematar sacó una foto de los expresidentes procesados Manuel Chaves y José Antonio Griñán y otros encausados más. Su agresividad, subraya El Mundo, fue tan desmesurada que, hasta la presidenta del Parlamento, Marta Bosquet, que es de Ciudadanos, tuvo que llamarle al orden causándose el asombro de rigor. Problemas internos.

No tuvo piedad, dice este diario. Añade que fue un discurso incendiario, hasta el punto de que Susana Díaz tuvo que intervenir para aconsejarle que se confesara urgentemente porque había sido cómplice de los siete pecados que denunciaba durante tres años y medio. Pero el PSOE no quiso ir más allá de referirse al erratismo del nuevo gobierno y sus contradicciones.

Naturalmente, hizo hincapié en la escabrosa política de nombramientos, pero dijo no querer atacar demasiado porque en su opinión este gobierno no va a durar mucho, vaticinio que no sabe uno cómo ni cuándo puede cumplirse tras la ruptura de Ciudadanos con su herencia y sus políticas.

Y eso parece dado el rumbo desconcertante y decepcionante, que incluso antes de los cien primeros días, está marcando el dúo de los Juanma. Lo que ocurre es que, aunque ambos tengan las manos en el timón, en la foto aparece sólo la figura de un Juan Manuel Moreno que cada vez se aleja más de Pablo Casado en casi todo y que aparenta ir por libre o de la mano de otro PP.

Por poner un ejemplo, estampemos la indignación que ha causado entre los funcionarios andaluces el hecho de que el nuevo gobierno haya aprobado convocar un concurso oposición para estabilizar a casi 8.000 empleados públicos, entre funcionarios y maestros, que entraron como temporales y sin las pruebas de rigor. El meollo está en que su tiempo en la administración les puede reportar hasta un 40 por ciento de los puntos necesarios para aprobar las pruebas mientras que los demás opositores quedarán en desventaja. O sea.

Este privilegio ya fue ensayado hace años por la Junta y suscitó numerosos recursos de inconstitucionalidad por no concordar con los preceptos constitucionales que se refieren a la igualdad en el acceso a la Función Pública. Fue el profesor Clavero quien estructuró aquella batalla judicial que tuvo como efecto provocar la anulación de varias oposiciones. Finalmente, una sentencia del Tribunal Constitucional de 1991, de marcado carácter político, aceptó el resultado de algunas de ellas por la "excepcionalidad" de ponerse en marcha una nueva administración, pero conminando a que no se volviera a repetir.

Según fuentes de toda solvencia, algún enjuague parecido se está preparando en otro de los centros neurálgicos del poder socialista desde hace décadas, la Radio Televisión Andaluza, donde ya se perciben maniobras para blindar al personal contratado e impedir la reducción anunciada por el PP y Cs, que hasta ahora no han cambiado ni una coma.

Se une al desbarajuste el que los sindicatos aliados del antiguo régimen, UGT y CCOO, han acusado a Moreno de jugar con la gente por prometer 600.000 empleos durante la campaña electoral, un 75 por ciento de los que prometió Felipe González en 1982. Esa promesa es considerada por su consejero de Economía como "cosas de campaña", echando leña al fuego.

Lo de la bajada de impuestos tampoco se concreta. De hecho, se ha echado agua fría sobre el volcán señalando los dineros que no van a poder utilizarse por negligencia, mala gestión o falta de ejecución del gobierno anterior. Ayer fue el propio Moreno el que dijo que va a haber revolución fiscal y bajada de impuestos pero que tardará en llegar.

Para colmo, se va observando que la antaño ardiente lucha contra la corrupción se va descafeinando por momentos. Tras desistir de la acusación particular un día antes del juicio del caso Mercasevilla, ayer mismo el PP vio que el caso Alhambra, una tela de araña de intereses orquestada por personajes del PSOE, era archivado por asuntos de forma.

Esto es, que Andalucía, en vez de un activo en la campaña electoral de Pablo Casado, puede convertirse en un quebranto. Igualmente, la evidente contradicción de Ciudadanos en Andalucía, ahora ya en vías de escándalo puro y duro, puede ser poco útil a las aspiraciones de Albert Rivera. Se dirá que no han tenido tiempo, lo cual puede ser cierto, pero las elecciones son dentro de dos meses y Andalucía tiene más de 6,5 millones de votos.

Por el contrario, el impacto electoral de Vox permanece intacto, y seguramente creciendo, mientras el PSOE de Susana Díaz, aconsejada por el CIS con la S de Sánchez, puede ejercer de voto útil de la izquierda noqueando aún más a una Teresa Rodríguez que ve cómo Podemos se desmorona por demasiados sitios.

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