Enric Juliana compara Madrid con Beirut: "Hay muchos francotiradores emboscados"

El puñetazo en la mesa de Marchena pone en jaque a todo el poder judicial, que va de sobresalto en sobresalto.

Pilar Díez

El Mundo dice que "el portazo de Marchena prestigia la Justicia y desnuda a PSOE y PP". Y pone en un brete al resto de jueces elegidos por los partidos, menudo papelón como no unan sus voces a la de Marchena. Dice el editorial que la decisión de Marchena de rechazar el carguito que le habían asignado "abre de par en par la posibilidad de revisar el sistema de elección del gobierno de los jueces (…) La politización de la Justicia es una lacra vergonzante de nuestra democracia y el comunicado de Marchena debería marcar la hora de su final". Aunque, "el daño infringido al crédito de Poder Judicial es incalculable", no hay mal que por bien no venga y "lo fundamental es que ha dicho basta y marca un punto de inflexión en el hartazgo ciudadano". Dice Francisco Rosell que de Pedro Sánchez "no esperamos nada", ni tampoco de Pablo Iglesias, que "se ha sumado con avidez" a su cachito de juez, pero de Casado "esperábamos mucho. Nos decepcionó. Ahora la dignidad de Marchena le brinda la oportunidad de redimirse". Federico Jiménez Losantos cree, sin embargo que Casado ha desaprovechado esa oportunidad. "Tuvo la ocasión de echar a Cosidó, como era su obligación", y en vez de hacerlo, "lo sacó, cojo y todo, a jugar contra Sánchez". "Lo de Marchena es un enorme alivio que deberían imitar todos los jueces hasta pasado el juicio a los golpistas y las generales. Lo del PP y el PSOE volvió a ser lamentable. Y lo de Casado con Rivera está pasando de rivalidad a caridad". Rivera se está frotando las manos.

El País dice que "la injerencia política sume a la justicia en una crisis inédita". Lo curioso es que en el editorial esa injerencia política la limita al PP, como si el PSOE, que la inventó, pasara por allí. Dice que el mensaje de Cosidó son "maneras del PP: la prepotencia, el desdén por la separación de poderes", olvidando la prepotencia y el desdén por la separación de poderes de la ministra –la que llamó maricón a Marlaska y aplaudió el éxito asegurado de los burdeles de la información vaginal– al filtrar el nombre del presidente del CGPJ. No ahorra insultos fortísimos contra Cosidó. "El mensaje de Cosidó, que revela una forma tabernaria y matona de entender el servicio público, confirma lamentablemente que su ya larga experiencia en las instituciones no lo ha cambiado en absoluto". "Tener el gatillo fácil para el insulto sólo contribuye a emponzoñar las instituciones (…) Pero Cosidó sigue ahí: llevando la indignidad a la vida pública". Córcholis, ¿y con este editorial El País habla de matonismo y tabernarismo? Pues le dijo la sartén al cazo.

ABC dice que "el portazo de Marchena señala los abusos de los partidos". Dice el editorial que el dichoso wasap de Cosidó "dibuja el CGPJ como un escenario de títeres, manejados por su futuro presidente". "Marchena ha sido un ejemplo de dignidad personal e institucional" y ya están tardando los demás vocales en reaccionar. "Lo que queda claro es que el sistema actual no da más de sí, y tanto PSOE como PP deben afrontar su modificación", por más que le pese a Bieito, que siempre lo ha apoyado. "Queda demostrado en la persona de Marchena que en la Justicia hay jueces con sentido de Estado y rectitud moral suficientes para asumir la presidencia del CGPJ. Basta con que los partidos lo permitan". Uf, si los partidos andan por medio es de ingenuos esperar que no metan las pezuñas.

La Razón pone el ojo en la filtración de Dolores Delgado y lo aleja de Cosidó. "Marchena quiso renunciar antes del whatsapp de Cosidó". ¿Y qué le impidió hacerlo? Marhuenda tiene claro que "el responsable" del desaguisado "no es otro que el Gobierno de Pedro Sánchez, de cuyo entorno monclovita procedieron las filtraciones a sus medios afines del contenido de las negociaciones con el PP, llegando al colmo de la descortesía institucional de facilitar a un periódico, ducho, por otra parte, en etiquetar ideológicamente a los jueces, el nombre del futuro presidente de CGPJ y del TS que, no lo olvidemos, debía ser elegido por los vocales". Vamos, que entre todos la mataron y ella sola se murió. Dice La Razón sobre Cosidó, que "Génova asume que detrás de la filtración del mensaje del portavoz del Senado hay 'zancadillas internas' y ve al Gobierno 'moviendo las alfombras del pasado'. Que "todo tiene muy mala pinta, una pelota enorme de muy difícil gestión". Que el PP tiene un pollo de cojones, como diría Puigdemont.

La Vanguardia dice que "la renuncia del aspirante al TS agrava la crisis judicial". Enric Juliana dice que esto es Beirut. Cree "sorprendente" el acuerdo para renovar el CGPJ "si tenemos en cuenta que Casado no duda en calificar de 'golpista' al presidente del Gobierno", y no le falta razón. "Un pacto permeable a Podemos –'¡Vade retro, Satanás!'–", y aquí tampoco le falta razón. Luego se le va un poco la pinza como siempre que habla de Ciudadanos, cuya negativa a mercadear con jueces califica de "guiño a la España conservadora" y le acusa de alentar a Vox. "¡Partidos, culpables!". "¡Abajo todos!", como si Vox no fuera un partido. "Madrid es hoy Beirut. (En sentido figurado, claro está. Hay muchos francotiradores emboscados)". Bueno, como sean como el zumbado del wasap al que Ferreras dedicó un programa entero podemos estar tranquilos.

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