Encerronas con gusto no duelen

El trato versallesco de Ana Pastor hacia indepes, socialistas y Pablo Iglesias cambió ayer al entrevistar a Pablo Casado.

Pablo Molina

El programa de Ana Pastor ha comenzado esta temporada con malas cifras de audiencia que cada semana empeoran a pasos agigantados. La caída importante de El Objetivo está llevando al programa presentado y dirigido por Ana Pastor a marcar mínimos históricos desde que salió en antena y a convertirse, en ocasiones, en la opción perdedora entre las cadenas generalistas. El destrozo del share coincide, curiosamente, con el cambio de estilo de la presentadora, mucho más amable esta temporada de lo que nos tenía acostumbrados. Casualmente, esta contención a la hora de tratar al invitado ha coincidido con la visita al plató de ilustres independentistas, algunos socialistas y, naturalmente, Pablo Iglesias, al que deberían ponerle un sillón permanente en el plató para que los espectadores sepan que opina su partido en cada momento y no solamente en los cuarenta minutos que diariamente le cede Ferreras.

Pero este trato versallesco de Ana Pastor hacia sus invitados cambió anoche por completo con la presencia de Pablo Casado. Ahí volvimos a ver a la Ana Pastor de siempre, con sus interrupciones, sus repreguntas, sus gestos de incredulidad y esa permanente mirada acusatoria que siempre la han caracterizado.

Casado iba a La Sexta, teóricamente, a someterse a las preguntas del público. En general, en estos programas la presentadora consumía muy pocos minutos y eran los espectadores presentes en el plató los que llevaban a cabo la entrevista con cuestiones de una ingenuidad enternecedora. Anoche, en cambio, Ana Pastor maceró previamente a Pablo Casado con preguntas e insinuaciones de las que el flamante presidente del PP tuvo que escapar tratando de salvar los muebles en la medida de lo posible.

Nada que objetar. Pastor es periodista y Casado un político de derechas que va a un canal de televisión de clara filiación izquierdista, así que no debería extrañarle que le insistieran sobre VOX, el aborto o los restos de Franco, ni de que trataran de que dijera nuevamente que Sánchez colabora con los golpistas, que es exactamente lo que está ocurriendo aunque Casado prefiera ahora templar gaitas para dar una imagen institucional.

Con los invitados del PP en El Objetivo el equilibrio del Universo se restablece y todo retorna a su verdadero ser. Ana Pastor recupera su agresividad, la izquierda se lo pasa en grande y la víctima de derechas trata en vano de hacerse perdonar. O sea, todo en orden. En el caso de anoche, La Sexta recuperará parte de caída de sus cifras de audiencia, Casado no ganará ni un solo voto en el centro-izquierda y, en cambio, perderá algunos entre la derecha. El sueño de Soraya hecho realidad.

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