Arcadi confiesa: "Soy un depredador de lazos y mientras desenlazo tarareo '¡a desenlazar, a desenlazar…!"

Controvertido ataque ayer a un comisaría en Cataluña mientras la disidencia continúa su rebelión contra la bota lazy.

Pilar Díez

El Mundo dice que "El yihadista de Cornellá fue a la mezquita toda la noche". "Su mujer declara que sufría una crisis personal porque sentía vergüenza por ser homosexual". ¿Un yihadista gay? Lo que no pase en Cataluña. Dice el editorial que "los Mossos han trabajado con la hipótesis yihadista, sin descartar motivaciones complementarias de carácter personal como el hecho de que Talib, que no tenía antecedentes penales y vivía en un piso cercano a la comisaría, se hubiera separado recientemente de su pareja. Nada nuevo en la mecánica interna del terrorismo: el radicalismo islamista a menudo proporciona al fanático una coartada religiosa a través de la cual desahoga su frustración o da rienda suelta a su odio a Occidente". Caramba, ¿se ha hecho psicólogo Rosell? Mejor vamos a la guerra contra los lazys, que tiene menos lagunas. "La fiscal del Estado dice que tan lícito es poner lazos amarillos como quitarlos"; vamos que ni pa ti ni pa mí la perra gorda, yo no me mojo. Arcadi Espada confiesa, no hace falta que vengan los Mozos a identificarle. "He animado a muchos ciudadanos de Cataluña a desenlazar. Yo mismo soy un moderado depredador de lazos, si voy sin prisa y la empresa no requiere de gran agilidad o fuerza. Mientras desenlazo, por cierto, tarareo para animarme: 'A desenlazar, a desenlazar, que la tierra es nuestra es tuya y de aquel, de Pedro y María, de Juan y José, é, é, é, é, é, é". ¿Y cómo es que un tipo tranquilo como Arcadi se ha vuelto desenlazador?, se preguntarán. Pues porque "el lazo amarillo es una infamia. Proclama, pestilente, que España no es un Estado de Derecho". Y porque "llegan noticias de que la policía privada del independentismo está empezando a actuar contra grupos" cuyo propósito es "la higienización de la vida pública". Y porque si el Gobierno no apoya "a los ciudadanos que defienden la democracia", serán los catalanes que viven bajo la bota lazy los que tendrán que defenderse solitos. Y el Gobierno va a tener un problemón de los gordos.

El titular de El País va a indignar a unos cuantos. "Los Mossos matan a un hombre que atacó una comisaría con un cuchillo". Que la Moza se llevó un susto de muerte cuando se lanzó contra ella un tipo gritando en árabe Alá con un cuchillo y se defendió. Lógico, no están las cosas para bromas. Editorializa el periódico sobre el "acoso" lazy. Que es una pena que "el grupo gobernante en Cataluña", el partido lazy, "provoca daños en la convivencia y mina una y otra vez las posibilidades de superación del conflicto". De agradecer es que no reparta culpas, como su querido Sánchez. "La libertad de expresión no tiene que ver con las estrategias políticas de ocupación de espacios, sobre todo si esa ocupación expulsa a los disidentes o pretenden que su opinión es la única legítima o incluso legalmente defendible. Se puede reclamar una esquina del parque pero no el parque entero. Quien lo desee puede colocarse un brazalete que identifica su opción política, pero cuando los brazaletes se convierten en una presencia abrumadora no expresan libertad sino la voluntad de acoso a quien no lo lleva". En resumen, un repaso a la fiscal de campeonato. ¿Está Soledad Gallego de vacaciones? Pues más vale que vuelva, le están saliendo editorialistas disidentes.

ABC señala "El 'pecado' de Talib". "Se acababa de separar de una española convertida al islam a la que hace un año confesó su homosexualidad" y "actuó perturbado por el conflicto interno con su religión". Que además de musulmán, estaba como una regadera. Pese a que el titular no menciona la palabra terrorismo, ni yihadismo, en el editorial habla de "atentado frustrado" que "demuestra una vez más que las sociedades occidentales deben permanecer en guardia constante". Claro que en este caso parece que el tipo padecía "algún tipo de frustración personal". Pero "a la radicalización se puede llegar por diferentes motivos, también por los problemas personales", dice. Cierto, volverse majara por problemas personales le podría pasar hasta a un budista. "Del lobo al loco solitario", titula un perfil sobre Talib. Hermann Tertsch advierte a Sánchez. "El Gobierno se puede y debe encontrar este otoño con los españoles en la calle. Porque quien amenaza a la Constitución y a la nación no es ningún militar, no son las derechas que grotestacamente quiere el Gobierno criminalizar, sino el ejecutivo de Sánchez y sus siniestros amigos". Preocupado se le ve al presi.

La Razón dice que "PP y Cs piden a Sánchez reactivar el 155 si Torra sigue con las provocaciones". Torra se va a hacer pipí en los pantalones. "El atacante de Cornellá quería vengar del 17-A e intentó suicidarse por ser gay". A esto se le llama mezclar churras con merinas. Marhuenda pide prudencia. "El yihadismo es un problema real, pero hay muchos interrogantes por esclarecer" en lo de Cornellá. Ussía comenta el tema más descojonante del verano, la declaración de secreto de Estado del viaje de Sánchez y esposa a un concierto. "El viaje de la presidenta Gómez y de su tronco, Sánchez, a Castellón de la Plana, para de ahí desplazarse en ligero helicóptero hasta Benicássim con el fin de asistir a un concierto nocturno de los Killers, formaba parte de la agenda de la presidenta". Y lo siguiente retiro espiritual en Quintos de Mora. Al presidente por accidente se le está yendo la pinza.

La Vanguardia dice que "Las comisarías se refuerzan tras un ataque en Cornellá". "El agresor actuó como un yihadista, pero su mujer dice que quería suicidarse". Pues logró su propósito. Cuenta David Guerrero que Luci, la esposa, era muy conocida en el barrio, que "sus padres llegaron desde el sur con una mano delante y otra detrás", lo que los lazys llaman charnegos. "Antes de casarse con Abdelouahab, Luci estuvo con un asiático", vamos, que racista no es. Debe pasarlo bastante mal esta mujer internacionalista bajo el régimen lazy. "Pese a convertirse al islam y cubrirse el pelo con un pañuelo desde que conoció a Abdelouhab, ella seguía siendo la misma". Que se ponía el velo como si le dicen que tatúe un punto en la frente. Era "una decisión que había tomado por amor. 'Me he juntado con un moro que me lleva en bandeja'", envidiosas, más que envidiosas, replicaba a las que le reprochaban lo del velo. Y además el moro era "un chico bien vestido y guapetón" que "se relacionaba con un grupo de musulmanes, unos chicos bien parecidos". Más que la historia de un lobo solitario radical parece un capítulo de Aida.

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