Traspaso de poderes entre Torra y Puigdemont en Waterloo

La Generalidad rinde honores al escapado y ratifica su liderazgo en la "embajada" autonómica y en la "casa de la república".

Pablo Planas (Barcelona)

Puigdemont está de vuelta en Bélgica. Un centenar de personas le ha recibido en la "casa de la república" en Waterloo, la mansión a disposición del evadido en Waterloo. Pretende nombrar un "consejo de la república" y viajar por todos los rincones de Europa para internacionalizar la que denomina "causa catalana".

Dice que ha encontrado receptividad en Alemania, que le decepcionó la reacción de las autoridades europeas tras el 1-O, pero que esa actitud comienza a cambiar. Pone como ejemplo la resolución del tribunal de Schleswig-Holstein y de la justicia belga. "¿Cuántas batallas judiciales más tiene que perder España?" pregunta. Tiene plena conciencia, asegura, de estar "en el lado bueno de la historia".

Nada más aterrizar en Bélgica, Puigdemont ha sido recibido en la delegación de la Generalidad ante la Unión Europea, recinto que el Gobierno de Rajoy le prohibió utilizar en aplicación del 155. Este sábado ha sido tratado con todos los honores en la rueda de prensa protagonizada junto a su sustituto, el "otro" presidente de la Generalidad, Quim Torra. Simbólico traspaso de poderes.

La Generalidad agasaja al "president" Puigdemont, fugado y procesado, sin sueldo de diputado, también es un expresidente de la Generalidad que goza de todas las prerrogativas del estatuto de los expresidentes catalanes, una ley que Pujol hizo a su medida un año antes de retirarse. Todos los gastos operativos de Puigdemont están cubiertos. Sus funcionarios, chóferes y escoltas corren a cargo del erario público. El jefe de los mossos que lo sacó de Gerona y le protegía en Waterloo ha sido contratado por la Generalidad como asesor de seguridad tras ser suspendido de empleo y sueldo por decisión judicial. Ganará 75.000 euros al año.

Revanchismo y prisas

Aires de desagravio, revanchismo y prisas. Puigdemont apela directamente a Pedro Sánchez. El "periodo de gracia se está acabando, el presidente tiene deberes este verano", advierte Puigdemont. La agenda nacionalista consta de tres ejes: presos, "exiliados" y autodeterminación. Torra exige que la Fiscalía retire todos los cargos por el golpe de Estado. Puigdemont va más allá. No le vale que los exconsejeros que se negaron a acompañarle en la escapada estén en "prisiones de casa", controladas por la Generalidad. Los quiere en casa ya y no desfallecerá, proclama.

En la fiesta de Waterloo estaban presentes consejeros de la Generalidad, los exconsejeros residentes en Bélgica, familiares de presos, algos cargos de la administración autonómica y el rapero Valtonyc, uno más en la colonia de "desplazados". Elsa Artadi y el consejero de Interior, Miquel Buch, se quedaron en Barcelona para "cubrir" la crisis de los taxistas. Exigen a Fomento el traspaso de la competencia ante la falta de reacción del ministro de Fomento, José Luis Ábalos.

Emoción y solemnidad en Waterloo. El antaño tranquilo vecindario se ha enterado del regreso del expresidente catalán por el revuelo, la música (Els Segadors) a todo trapo y porque se ha vuelto a izar la bandera catalana en el jardín de la casa. Puigdemont presume de la agitación nacionalista. "Si hemos llegado hasta aquí -añade- es por la movilización permanente durante nueve de las sociedad catalana". La fachada y los elementos exteriores de la casa están decorados con lonas de la "República de Cataluña" con el escudo de la Generalidad y con carteles de los presos y fugados. Junto a la senyera, una bandera de la Unión Europea. Gritos de "independencia" y "ni un pas enrere (atrás)".

Más fiesta. Valtonyc canta en un café de Bruselas alquilado para una celebración menos solemne. Colofón de otra jornada histórica del separatismo. Cuatro meses y cuatro días después de que fuera detenido en una carretera del norte de Alemania, Puigdemont vuelve a estar en Waterloo, desde donde amenaza con precipitar la caída de Sánchez si las buenas palabras no se traducen en hechos como la puesta en libertad de los presos y alfombra roja para los fugados. En cuanto a la autodeterminación, es indiscutible e innegociable. Puigdemont y Torra han prometido no desfallecer en la lucha contra la "monarquía represora".

Interlocución directa

Puigdemont quiere hablar directamente con Sánchez y aspira a recuperar el protagonismo perdido en los últimos meses. Torra se muestra como un encargado leal y disciplinado, no así algunos elementos del PDeCAT. El partido está sentenciado. Que el juez De la Mata le atribuya el papel de pantalla de Convergencia ha sido definitivo. Se diluirá en la Crida Nacional per la República (CNR) que debutará como gran partido nacionalista en los fastos que Generalidad y formaciones separatistas preparan para el primer aniversario del 1-O. En paralelo, activará el "consejo de la república", gobierno paralelo de la Generalidad y quiere desplegar una intensa actividad viajera. Sus abogados le recomiendan prudencia y alertan de los riesgos de desplazarse a Francia.

La reunión de la comisión bilateral del próximo miércoles se celebrará con Puigdemont bien aferrado a los mandos de la Generalidad. No quiere hablar de traspasos ni financiación. Tiene otras prioridades, entre ellas la de tensar a sus bases de cara al "Onze de Setembre", el 1-O y el juicio a los golpistas para un otoño caliente con alta probabilidad de convocatorias electorales.

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