Exconsejeros de Puigdemont empiezan a reconocer que engañaron a los ciudadanos

Ponsatí y Comín admiten desde Bruselas que no estaban preparados para aplicar la declaración de independencia y poner en marcha la república.

Pablo Planas (Barcelona)

La exconsejera de Enseñanza de la Generalidad, Clara Ponsatí, fue la primera política nacionalista en admitir que tras los descabellados planes de Puigdemont, Junqueras y el "estado mayor" formado por Mas, David Madí, el propagandista Oriol Soler y los Jordis no había nada. Ponsatí afirmó que "el Govern no estaba preparado para aplicar la independencia y dar continuidad a lo que el pueblo de Cataluña decidió el 1 de octubre".

En esas declaraciones hechas desde Bruselas el domingo, Ponsatí aseguraba además que en los últimos días que había pasado en Barcelona se había sentido vigilada y que habían robado unos documentos que entregó a un amigo en custodia. Por todo ello, había decidido acompañar a Puigdemont en el "exilio" belga.

Las palabras de la exconsejera encontraron eco en el portavoz de ERC Sergi Sabrià, que ayer añadió a la tesis de Ponsatí que el Govern no podía hacer frente a un "Estado autoritario sin límites en la aplicación de la violencia". Según Sabrià, "la Generalidad se impuso la línea roja de no poner en riesgo a los ciudadanos y aunque hubiéramos estado preparados, no la habríamos pasado".

Los conatos de autocrítica han encontrado eco en el exconsejero Toni Comín, también fugado en Bélgica, quien en declaraciones a la radio del conde de Godó, ha admitido que "insistimos poco en la parte inquietante del relato, que sólo nos teníamos a nosotros". Comín, encuadrado en ERC, apunta a que se priorizaba "aquellas cosas que sonaban bien para tener a la gente cohesionada".

En cuanto a las posibilidades reales de la independencia, Comín advierte ahora que el camino será largo y "con curvas más complicadas". Y sobre los reproches por no haber opuesto resistencia a la aplicación del artículo 155, el exconsejero se viene arriba y alega que "entre poner sobre los hombros del país represión o frustración" optaron por la segunda opción.

Voto discrepante

En medio de estas cuasi rectificaciones, otro exconsejero en Bruselas, Lluís Puig, ha intervenido en el asunto con la tesis de que "todo el mundo sabía en Cataluña que no teníamos acceso a los mercados internacionales, ni el control de las fronteras, ni ejército". En su opinión, el gobierno catalán obró de forma correcta, sus miembros no tienen nada que reprocharse y "actuamos conscientemente".

En una entrevista emitida por TV3, este exconsejero, del PDeCAT, censura las palabras de sus compañeros en Bélgica y se pregunta qué habría pasado de tener unos interlocutores peculiares: "¿Y si hacíamos la declaración y delante nos encontrábamos personas educadas, normales y con ganas de hablar?".

De las declaraciones de Carles Puigdemont a Le Soir en las que sostiene que la independencia no es la única solución también parece deducirse un cambio de registro en el separatismo. Los componentes de la "Generalidad en el exilio" no parecen muy coordinados, pero se adivina en las manifestaciones de casi todos ellos intentos de reflexión e incluso de vuelta a la realidad, aunque sobre la reacción de la Unión Europea, el desprecio internacional por su causa y el desastre económico provocado por el proceso aún no se han pronunciado.

A continuación