La Generalidad intenta 'catalanizar' los atentados de Barcelona y Cambrils

Puigdemont aprovecha el foco para predicar que el Estado no es necesario en Cataluña ni para combatir el terrorismo.

Pablo Planas (Barcelona)

La menor alusión al proceso separatista para ilustrar el contexto geopolítico en el que han actuado los terroristas enerva al presidente de la Generalidad, sus consejeros y altos cargos. "Miserables" es el epíteto que ha empleado Carles Puigdemont a primera hora de la mañana del viernes contra quienes "dudan del compromiso de las instituciones catalanas contra el terrorismo". Nadie lo ha hecho, pero Puigdemont quería subrayar una suerte de autosuficiencia de los Mossos d'Esquadra en la lucha contra el terrorismo, el liderazgo de primera línea de los agentes autonómicos en el despliegue policial en los atentados de las Ramblas y Cambrils así como el mantenimiento de la "hoja de ruta" separatista que pretende culminar con un referéndum el próximo 1 de octubre. Sin embargo, el debate sobre la conveniencia de celebrar el 1-O bajo el impacto de los atentados está sobre la mesa.

Tampoco se ha privado de remover la polémica sobre las supuestas restricciones que impedirían a los Mossos acceder a bases de datos que manejan Policía y Guardia Civil. La unidad expresada en el minuto de silencio con el Rey en la plaza de Cataluña y en la rueda de prensa conjunta con Rajoy en la consejería de Interior tiene una cara B. Puigdemont no sólo se sitúa a la misma altura que el presidente del Gobierno en los protocolos informativos, sino que es la Generalidad y sólo la Generalidad la administración al frente del operativo antiterrorista. El Estado en Cataluña, un Estado inminente que interpreta y digiere los atentados como una prueba de carga sobre su solvencia en situaciones críticas. Se compensa la imagen de la Guardia Civil en los arcos de seguridad del aeropuerto de El Prat. De las declaraciones de Puigdemont, incluidos sus agradecimientos y parabienes a la Guardia Urbana y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, etc, etc, se infiere la irrelevancia del Estado en Cataluña. Gracias por la ayuda exterior.

Batidas policiales


Mientras los agentes de los Mossos, de la Guardia Urbana de Barcelona, de las policías locales de toda Cataluña, de la Policía Nacional y la Guardia Civil se baten el cobre en la persecución de los terroristas, el gobierno catalán batalla en el campo de la información. Albert Royo, secretario general del Diplocat (una especie de servicios diplomáticos de la Generalidad), pugna con los medios internacionales para que escriban "catalan police" en vez de "spanish police" y la consejería de Interior da bombo y platillo a detalles como que un solo agente del cuerpo policial acabó con cuatro terroristas en Cambrils.

Asociaciones y sindicatos policiales recuerdan en las redes sociales la participación en los dispositivos antiterroristas de todos los cuerpos, policías locales, nacionales o guardias civiles, claves en las detenciones de Ripoll, la población gerundense de once mil habitantes donde residían dos de los detenidos y uno de los perseguidos.

En la coordinación entre cuerpos pesan más las ventajas operativas que los climas institucionales. En la comparecencia conjunta, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha destacado en un par de ocasiones que se había puesto en contacto con jefes de Estado y primeros ministros, agenda que no ha osado replicar Puigdemont, y que al frente de la investigación está la Audiencia Nacional, detalle menor para el presidente regional y el despliegue propagandístico separatista.

La Generalidad aprovecha la contención del Gobierno para acaparar el timeline informativo. Cataluña está en el escaparate mundial, el mundo entero pendiente de Barcelona y Cambrils. Entre muertos y heridos hay una colección de 34 nacionalidades que se exhibe como demostración de que la catalana es una sociedad abierta, plural, cosmopolita, inclusiva y modélica, pero hay palabras prohibidas. El diccionario político sobreentiende "España" y términos derivados.

El Gobierno asiste en silencio a una sobreactuación administrativa de la Generalidad que remite a los peores pasajes institucionales del 11-M en Madrid, otro tabú en el minuto a minuto de los últimos atentados. La técnica de la muerte por atropello circunscribe los referentes a Niza, Berlín, Londres y París.

Se teme por la vida de algunas de las víctimas de las Ramblas y todas las policías persiguen a un indeterminado número de individuos. Se cree que uno de los terroristas fallecidos en Cambrils fue el conductor asesino de las Ramblas. Dista de esclarecerse el suceso del hombre muerto por arma blanca aparecido en el automóvil que se abalanzó sobre unos mossos en la parte alta de la Diagonal.


Una posible secuencia

La hipótesis que ha desgranado el mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, es que los terroristas formaban un grupo con sede en la localidad ebrense de Alcanar y estaban preparando un atentado con bombonas de butano que podría haber multiplicado por mil las víctimas. Un error en la manipulación de los recipientes provocó una explosión en el chalet que se saldó con un muerto confirmado, un hipotético segundo cadáver según la última hora de "@mossos", y un herido grave, uno de los por el momento cuatro detenidos.

Ante tal contingencia, los elementos restantes de la célula terrorista optaron por el atropello masivo en el cogollo turístico de Barcelona. Después, pasada la medianoche, atacaron en Cambrils, donde mataron a una persona e hirieron a cuatro más. Los Mossos lograron terminar con cinco asesinos. La operación sigue abierta mientras el rumor ciudadano incorpora "bolardos" al léxico popular. En el primer plano, la conmoción y la réplica cívica: "No tenemos miedo", claman miles de Ciudadanos en la plaza de Cataluña. Miles de turistas se empeñan en visitar el día después las Ramblas y la Sagrada Familia. De fondo doméstico, la pugna por el "relato" y el indisimulado intento del nacionalismo por catalanizar la tragedia.

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