John Carlin babea con Castro, el "líder luminoso" y "generoso"

Fidel Castro es el protagonista indiscutible de la actualidad.

Pilar Díez

El Mundo se desmarca y no abre con Cuba. "Díaz consolida su poder en el PSOE para neutralizar a Sánchez". Dice el editorial que eso no es suficiente, que "hoy el partido no ofrece una idea coherente sobre el futuro de España. Si Sánchez, Díaz y los demás creen que el mayor problema del socialismo está en el liderazgo, es que no han entendido nada". Federico Jiménez Losantos está mosqueado con la prensa. "Si alguien tiene alguna duda de que el peor enemigo de la libertad en España no es la casta política sino la periodística, que guarde lo publicado en papel y en internet sobre la muerte del tirano comunista Castro I, que para los amigos es, simplemente, Fidel. Ni una víctima, ni un estudio sobre la represión, apenas un poco de color miamense para que los tifosos de Fidel disfruten comparando la bullanga gusanera con la elegante pena revolucionaria, compartida, por cierto en dos infectos comunicados por el rey y Rajoy". Lo mismo opina Santiago González. "Casi todos lo medios han servido la noticia con ración doble de melaza: ha muerto uno de los grandes protagonistas del siglo XX, un personaje histórico, un símbolo del sueño revolucionario y todo en este plan. Parafraseando un cuento de su amigo Gabo, Castro se ha convertido en el difunto más hermoso del mundo: Obama lo ha calificado de singular figura, lo que habría servido igual para definir a Jack el Destripador". No compares, Jack no mató a tanta gente.

El País dice que "la muerte de Fidel deja a Cuba en silencio". Fidel sí, a secas. John Carlin se pregunta: "¿Un dictador? Sí. ¿Brutal? Sí. Pero también un líder con visión generosa", dice. "Que Trump piense que su país pueda dar lecciones morales al mundo sobre la brutalidad es otro ejemplo más de la incoherencia y frivolidad que lo define". Porque en Cuba, dice "nadie pasaba hambre; la salud era gratis y de alta calidad para todos; el sistema de educación era admirable", dice embobado. Juan M. Ortega cuenta, sin embargo, que "la obsesión que recorre el alma cubana es irse del país, no importa a dónde". ¿Irse de ese paraíso que define Carlin? Qué raros son los cubanos.

ABC abre con las elecciones francesas "Fillon, baza de la derecha francesa frente a la ultra Le Pen". Gabriel Albiac discute que Castro sea nada luminoso. "No había originalidad en el caudillo Fidel Castro. Era otro más en la inmemorial cadena de déspotas pintorescos que en el trópico florecen como líquenes (…) A mí, ya ni me enojaba. Me aburría, sólo. Mejor hablar de otra cosa: de nosotros. De esa Europa que le rió las gracias. Sin pararse a pensar en la sangre que acarreaba. Lo enigmático de Castro es eso: que la biografía del monstruo sea la biografía de nuestros errores. O de nuestra imbecilidad. Que es la única virtud humana que, al fin, perdura".

La Razón dice que "el raulismo se impone". A ver, es que gobierna Cuba hace años. Dice el editorial que "lo que parece claro es que la muerte del comandante no a va a desencadenar un cambio inmediato y, ni mucho menos, una revuelta que acelere el final del régimen castrista". "Lo que es urgente en estos momentos es que la oposición tome al palabra, se erija en una sola voz y que represente las verdaderas ansias de libertad del pueblo cubano". Manuel Coma no tiene piedad con el muerto. "Dictador es poco. Tirano. Un auténtico tirano. Represor de implacable crueldad (…) Es humor negro hablar de logros educativos y sanitarios. Las clases medias ilustradas y educadas huyeron despavoridas desde el primer momento (…) ¿A alguno de nuestros corifeos del régimen de allá, siempre rasgándose las vestiduras por los más bien imaginarios recortes en la sanidad de acá, se le ocurre hacer turismo sanitario en Cuba?". Uy deja, deja. Chávez se fue a curarse allí y mira cómo terminó.

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