Un "psicópata" del "Ku Klux Klan" siembra el pánico

Las vueltas que da la vida. Una desaparece unos días y vuelve sin vesícula pero con Gobierno. Así que ahora nos vamos de viaje a EEUU.

Pilar Díez

"El resplandor del odio", dice El Mundo. Parece un telefilme de Antena 3. "El Ku Klux Klan y otras organizaciones extremistas piden el voto para Trump", continúa para aterrorizar al personal. ¿Y Hannibal Lecter? El editorial pinta un terrorífico panorama si gana el peculiar personaje del flequillo. "Una posible victoria de Trump recrudecería el enfrentamiento en el país" y, "en lo económico, una guerra comercial con Asia y Europa". Eso como poco. Federico Jiménez Losantos se queda en casa para disfrutar de la guerra doméstica Soraya-Cospedal. "Hasta tal punto ha querido Rajoy resaltar esta división ente ellas que si aceptásemos la barbarie gramatical del feminismo al uso, deberíamos hablar de gobiernas: la de Soraya, que siendo pequeñita es grande, y la de Cospedal, que, siendo grande, es pequeñita". "La tarea política fundamental del presidente del Gobierno será la de arbitrar la guerra entre sus gobiernas". Y apenas hemos estrenado gobierno y ya está El Mundo preguntándose: "¿Cuánto durará esta legislatura?". Es que le habíamos cogido gustillo a tenerlo todo manga por hombro. Con lo bien que lo pasábamos con los papis fuera de casa.

"El final de la campaña revela un EEUU pesimista y desgarrado", dice apenado El País. Valeria Luiselli, columnista que vive en en EEUU, espera que sea el último artículo en el que escriba la palabra Trump. "Mañana veremos, pero casi todo apunta a que así será. La mayoría de las encuestas indican que mañana, por fin, podremos dejar de preocuparnos por la posibilidad de que un psicópata ocupe la Casa Blanca", dice. El periódico de Prisa aburre con uno de esos editoriales bobalicones que nos larga cuando no quiere cargarse a nadie. "El lenguaje del odio", se titula. "Prolifera en la política el lenguaje del odio (…) Lo observamos extenderse en la América que representa Trump, el Reino Unido de Nigel Farage, la Francia de Marine Le Pen o la España de Gabriel Rufián", dice. "En este país" –a España, se refiere– "donde tanto y con tan funestas consecuencias se ha practicado el odio, deberíamos haber aprendido ya que el lenguaje del odio no produce nada, salvo más odio, desprecio y desafección política. Ese lenguaje debe ser desterrado de la política democrática". Eso, fuera de aquí lenguaje del odio, vete, feo, largo de este país. Podemos pedir una orden de alejamiento.

ABC dice que "Trump pisa los talones a Clinton en las elecciones más abiertas". El editorial pide el voto para Hillary tapándose la nariz, "a pesar de que sea una candidata apenas decente". "No es fácil de comprender que alguien como Trump, al que medios de prestigio califican como un 'tirano ignorante y temerario', tenga posibilidades reales de llegar a la Casa Blanca", dice. Pues las tiene, las tiene. Gabriel Albiac dice a los que comparan el populismo en EEUU con nuestro Podemos que no hay color. "Ver rugir y agitarse a doña Irene Montero en el parlamento da sólo risa. De momento". Pero como gane Trump nos vamos a enterar de lo que vale un peine. "Va más allá de lo que nadie puede atreverse siquiera a imaginar". Ignacio Camacho se ocupa de Espinar, que tanto ha dado que hablar en estos días. Dice que Pablo Iglesias es un gran admirador de Rajoy y le ha copiado el famoso 'sé fuerte' a Bárcenas. "Lo hizo con el contrato venezolano de Monedero, con la beca de Errejón, con el empleado irregular de Echenique y, y lo ha vuelto a hacer, con el piso de Espinar. Con una diferencia: no admite la culpa ni en broma. Su infinita arrogancia no se lo permite. Lejos de someterse a la escrupulosa requisitoria ética que reclama a los demás, se envuelve en el rancio victimismo para reforzar el vínculo tribal. El enemigo nos ataca y tal: dimitir es de cobardes". Y de gilipollas. Si al final papá tenía razón, la política es un chollo, se vive como Dios, dirá Espinar.

La Razón se dedica a tocarle las narices al PSOE. "El Gobierno ajustará cerca de 3.500 millones el techo de gasto". Marhuenda es insaciable. "Sería a todas luces absurdo que el parlamento rechazara los nuevos presupuestos, forzando de hecho el final de la legislatura y una nueva convocatoria electoral", "hay que confiar en que la voluntad de acuerdo político prevalezca sobre los intereses partidistas", hay que tener "sentido de estado", etc, etc. Y como eso no se le puede pedir ni a Podemos ni a los nacionalistas, pues hala, "tendría que ser una vez más el PSOE el que propiciara la estabilidad. Con seguridad, la sociedad española entenderá como un servicio a los intereses comunes la contribución del PSOE a la gobernabilidad". Marhuenda afloja, que el PSOE ya tiene bastante con lo que tiene.

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