La profecía sobre el PSOE que se hizo realidad cuatro años después

De la Borbolla escribió un artículo con varios avisos al PSOE que han terminado haciéndose realidad. 

Pedro de Tena (Sevilla)

Xavier Zubiri distinguía entre lo que está en acto y lo que es actual. Es muy sencillo. Los virus han existido siempre, esto es, siempre han estado en acto en la vida sobre la Tierra. Pero sólo han sido actuales cuando han sido reconocidos por la inteligencia humana. Isabel Morillo ha tenido el mérito de haber rescatado para la actualidad un artículo que publicó hace cuatro años el expresidente de la Junta de Andalucía y ex secretario general del PSOE durante años, Pepote Rodríguez de la Borbolla. Se titulaba "Cuatro pasos por los charcos".

Como desde hace años, nadie le hace caso y nadie lo tiene en cuenta –salvo Susana Díaz que lo mencionó expresamente en una reciente comparecencia–, pocos atendieron a su reflexión. La hizo en una ocasión memorable, 2012, en plena batalla por el control del PSOE entre Carmen Chacón y Alfredo Pérez Rubalcaba. Pepote se alineó con este último mientras la "lideresa", lo que son las cosas, lo hizo con la catalana zapaterista de Olula –Almería–.

De la Borbolla puso de manifiesto los cuatro charcos más importantes en los que, según su criterio, chapoteaba el PSOE: la cohesión territorial de España, el coyunturalismo espasmódico, la permisividad sobre "los PSOE´s" y el olvido de la socialdemocracia y el marco internacional.

En su primer charco, Pepote acusaba directamente al PSC de "poner lo territorial por delante de lo social". Parecía que el PSC de Maragall y Montilla, con Rodríguez Zapatero al fondo, quería ocupar el territorio del nacionalismo catalán de derechas, pero terminó siendo ocupado por el nacionalismo crecientemente separatista con cada vez peores resultados electorales, de los que al parecer Iceta no se entera. Tampoco parece enterarse de que la solidaridad entre las regiones españolas es constitucional "porque los impuestos del Estado, fijados por el Estado, devengados por operaciones realizadas a lo largo y ancho de todo el Estado, y recaudados en los distintos territorios del Estado, han de servir para financiar, equitativamente, los servicios básicos prestados a todos los ciudadanos del Estado. Los servicios, y la financiación de los servicios, se prestan a ciudadanos, no a territorios. Y los ingresos han de servir para la vida de los ciudadanos, por igual, y no para la gloria de los territorios".

El segundo charco socialista era para su reflexión el coyunturalismo espasmódico, un "modo de producción" –concepto que rendía pleitesía todavía en 2012 al señor Marx–de la acción pública más propio de partidos "atrapatodo", esto es, populistas, acchiappatutto –entonces no había podemitas–, muy diferente del modo de producción programático-estratégico de las socialdemocracias "solventes". Esto es, las decisiones no derivan ni de programas ni de estrategia. Se apela a los electores más que a los afiliados en función de sondeos de opinión y caza de votos como sea y dónde sea. Es el triunfo del efecto sobre la sustancia. Para rematar el estilo Zapatero, de donde deriva todo, De la Borbolla se refiere a la necesaria reforma laboral que se dejó al gobierno del PP para no poner en riesgo los votos. En resumen, los votos y las ocurrencias antes que España.

El tercer charco que debe saltar el socialismo español es el de los "PSOE´s". "El PSOE no puede ser la suma de diversos PSOE’s territoriales, cada uno de su padre y de su madre, y moviéndose por intereses circunscritos a su territorio. Los militantes del PSOE no pueden ser, prioritariamente, militantes de su propia Federación o Partido regional, jugando a obtener cuotas de poder para su partido o territorio. Los militantes del PSOE han de ejercer como militantes del PSOE nacional, conscientes de que la partida política se juega básicamente en el territorio español, de que la vida de los ciudadanos depende básicamente de lo que se decida a escala española, y de que la dirección federal del PSOE es una y con la misma fuerza para dirigirnos a todos y cada uno. Esto es, "dirección fuerte, flexible, adaptable y con capacidad de respuesta rápida… y cohesionante".

Pepote se refiere a un cuarto charco: haber dejado de lado la socialdemocracia y la perspectiva internacional. Sobre todo, el PSOE es un partido socialista, no un partido progresista dedicado a temas alejados de una identidad fundamental que se articula en torno "a la redistribución de la riqueza, la igualdad de oportunidades, la defensa de lo público y la lucha contra la explotación, se produzca como se produzca".

Pero la época del Estado-Nación, añade, la economía industrial y el trabajo permanente y descualificado para toda la vida, han perdido peso relativo. Hay que atinar en ser socialista "en nuevos escenarios, como son la Unión Europea y la sociedad globalizada, en la cual la avaricia y la entronización del dinero han alcanzado cotas nunca vistas. La adecuación de la alternativa socialdemócrata y la acción del socialismo a escala supranacional son nuestros retos, creo yo".

Se le olvidaron por lo menos tres charcos más, alguno de ellos bien grande. Uno de ellos, el abandono definitivo del marxismo y su obsesión irracional por poseer la única verdad científica y filosófica posible que le inclina a la estigmatización del adversario calificado como enemigo; el charco, derivado, del desprecio a la democracia liberal, que le conduce a adoptar posiciones filototalitarias, como ha sido la ocupación de la sociedad andaluza, por poner un ejemplo, y el charco ético consecuente que le ha llevado, en unos casos, a poner el carné socialista por encima del carné de identidad nacional desigualando las oportunidades de los ciudadanos y en otros, a meter la mano en el dinero público, que sí es de alguien, precisamente de todos, los que votan al PSOE y los que no lo hacen.

Dicho esto, la reflexión de Pepote Rodríguez de la Borbolla es la más lúcida, y seguramente productiva, de la que hemos tenido noticia en los últimos tiempos. Buena hoja de ruta para surcar el pantano que les aflige. Lástima que, en el PP, donde el cesarismo es asfixiante, nadie se atreva a hacer la reflexión que corresponde porque podrá gobernar por un tiempo, pero así no podrá seguir y tampoco la democracia española.

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