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Iker Jiménez: "Desear la muerte de un niño de ocho años es el ejemplo de la absoluta mierda moral"

El periodista carga con extraordinaria dureza contra los que desearon la muerte de un niño de ocho años porque le gustaban los toros.

Libertad Digital

Iker Jiménez se ha sublevado contra los que desearon la muerte de un niño de ocho años, y enfermo de cáncer, porque quiere ser torero. El periodista ya había tuiteado sobre la cuestión, pero ha sentido la necesidad de explicarse más, mojarse más y no ser "tibio" en la polémica, y ha publicado un vídeo de más de un cuarto de hora hablando de la cuestión.

Jiménez se posiciona desde el primer momento: "No soy ni taurino ni antitaurino, soy antipersonas que desean la muerte de niños", dice. En su opinión, la cuestión no se limita a un mensaje en una red social: "No es sólo un tuit concreto, es que algunos jaleen eso amparándose en alguna ideología".

Para el presentador de Cuarto Milenio "desear la muerte de un niño de ocho años o jalearlo o justificarlo" es "el ejemplo de la decadencia, de la degradación, de la miseria, de la absoluta mierda moral".

El periodista cuenta que ha hablado con los padres del niño, porque "hay que ayudar en estas cosas, porque le puede tocar a cualquiera". También anima al chico –"Adrián que no tenga ningún miedo, que su batalla la va a ganar"– e incluso se felicita de que algo así va a generar "una oleada de solidaridad con ese chaval" y con los otros muchos que sufren una dolencia similar.

También critica la hipocresía de mucha gente que sólo habla de los niños si están inmersos en un conflicto que les interesa ideológicamente: "¿Algunos veis muertos malos niños y muertos buenos o qué? ¿Hay niños que valen más que otros?", asegura, personas que "no dicen ni mú" después de un atentado como el de Niza en el que murieron bastantes niños.

"Esto me ha superado, nunca he visto algo parecido", explica Iker Jiménez, que recalca que él no sabe "de ideologías", pero sí sabe "que los niños son la última esperanza".

"Este tuit y lo que ha pasado –concluye– es el ejemplo de en qué batalla estamos", una batalla en la que "yo tengo claro mi sitio", afirma.

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