La ruina de Convergencia arrastra al partido de Mas

El PDC pierde casi la mitad de los militantes, los grupos propios en el Congreso y el Senado e influencia en el "proceso".

Pablo Planas (Barcelona)

La corrupción y el sesgo separatista impreso por Artur Mas, Francesc Homs, Josep Rull y Jordi Turull acabaron con el partido fundado por Jordi Pujol en 1994, la formación alfa que aglutinaba al catalanismo de derechas y al nacionalismo moderado, el movimiento principal de las tres primeras décadas de democracia en Cataluña. En sus tiempos de gloria, CDC llegó a tener cuarenta mil militantes, casi todos ellos al corriente de pago. Ahora, el Partit Demòcrata Català dispone de ocho mil afiliados, los inscritos en el congreso. En las actas de la defunción del partido nodriza constan más de catorce mil militantes, por lo que una gran parte se ha quedado por el camino de la convulsa refundación.

Las menguadas bases se corresponden con la paulatina pérdida de influencia generada por la dinámica del "proceso", que merma el protagonismo de Convergencia en favor de la versión auténtica del independentismo, ERC, y de la radical, CUP. La confesión de Pujol y la constatación pericial de la trama del tres por ciento también han influido sobremanera en la credibilidad y representatividad de CDC, aspectos determinantes para ilustrar el cambio de siglas. Sin embargo, el declive electoral comienza antes de los últimos escándalos, cuando en las elecciones del 25 de noviembre de 2012, con un anticipo de dos años, Mas cree que puede capitalizar las dos primeras grandes marchas separatistas y las urnas le conceden doce diputados menos (pasa de 62 en 2010 a 50). ERC doblaría su grupo, de 10 a 21, y comenzaría su ascenso, mientras que la CUP entraba por primera vez en el "Parlament" con tres diputados.

Serían los últimos comicios con Mas como cabeza de lista y con CiU como marca electoral en unas autonómicas. De ahí se pasó a la ruptura con Unió, a la coalición "Junts pel Sí" con ERC y a la constatación vía generales de que los nacionalistas "de siempre", fuera bajo "Democràcia i Llibertat" o CDC, estaban inmersos en un declive imparable, por lo que ERC ya no quiere saber nada de coaliciones electorales.

Los resultados de las últimas elecciones al Congreso y al Senado certificaron la pérdida de los grupos propios. El pasado 20-D Francesc Homs obtuvo 565.501. Seis meses después, el 26-J cayó hasta los 480.308 votos. CDC cerró su vida electoral con los peores resultados de su historia y en un trance económico complicado, con nueva sede dado que se tuvo que vender el edificio embargado por el caso Palau. La nueva localización es más modesta, con 2.400 metros frente a los 4.500 del anterior edificio. Y "sólo" ha costado 6,4 millones de euros, una fuerte inversión económica para quien acaba de perder tres millones de euros entre el Congreso y el Senado por su condición de miembro del grupo mixto.

La imagen de Puigdemont y la CUP

En términos de influencia política, los dirigentes de la época de Mas y algunos diputados convergentes de Junts Pel Sí deploran la imagen nada institucional de Carles Puigdemont, agravada por la paella en la casa de Pilar Rahola en Cadaqués, así como las consecuencias que las "frivolidades" del presidente "beatle" pueden tener en la moción de confianza del próximo 28 de septiembre. La CUP insistió la semana pasada en varias ocasiones en mantener una reunión con Puigdemont para hablar de la moción. El "president" dio la callada por respuesta y se fue de vacaciones.

En las actuales condiciones del PDC, sin el amparo de ERC, una convocatoria de elecciones autonómicas precipitada por los diez diputados de la CUP sería un escollo imposible de superar para lo que queda del viejo partido que aglutinara el "eje central" de la sociedad catalana.

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