Afrancesados contra oficialistas: de liarla parda a terminar como pardillos

La trama para derribar a Juan Bueno de la presidencia del PP de Sevilla termina como el rosario de la aurora.

Pedro de Tena (Sevilla)

En el PP de Sevilla, se conoce como "afrancesados" a los impulsores de la "camarlenga" Virginia Pérez, la impulsada por el sector arenista a dirigir el PP sevillano. Tal calificativo deriva del apellido Raynaud, de origen francés, que forma parte del nombre de Jaime Raynaud, amigo fiel de Javier Arenas y miembro destacado del PP de Sevilla que iba a ser, pero no fue - puñaladas traperas hubo -, alcalde de Sevilla. Conociendo la implicación de Raynaud en la trama que ha querido derribar a Juan Bueno de la presidencia del PP de Sevilla, los oficialistas aprovecharon para motejar de "afrancesados" a sus adversarios.

Si ya lo ocurrido hasta ahora parecía una astracanada –reuniones clandestinas con Javier Arenas y María Dolores Cospedal a lo meninas, en el fondo del cuadro; fotos chivatadas por algún traidor o traidora de la Operación Manijero a los buenistas; cónclaves aparte de éstos en los que se cuela la propia Virginia Pérez; lamentable sordera política de Juanma Moreno que no manda nada en Sevilla y presiones y amenazas de unos y otros–, la obra, que no ha terminado, nos ha proporcionado un último acto memorable que entronca con el peor vodevil o, si se quiere, con la más desastrada farsa.

Recapitulemos brevemente para quienes no están al tanto de la Operación Manijero, que quería machacar al actual presidente del PP sevillano, Juan Bueno, para "regenerar" el partido. Cuando Bueno se enteró de las operaciones orquestales en la oscuridad, convocó un Comité Ejecutivo para laminar a su adversaria. Lo hubiera conseguido porque Pérez sólo contaba con 56 miembros a favor y más de 133 en contra, pero en el último minuto Juanma Moreno reflexionó, por fin,  y concluyó que la batalla le estaba derrotando también a él y suspende la reunión que iba a cargarse a su número 3 regional andaluza, Virginia Pérez.

Se fuerza una reunión privada entre la rebelde camarlenga y el presidente oficialista y llegan a una serie de acuerdos para tratar de aplazar la contienda hasta los congresos. Pero cuando ya se ha llegado al acuerdo, Juan Bueno, al parecer ya no tan bueno, le pide a la enemiga que le firme un documento confidencial para tener garantía de que cumple lo comprometido con la promesa de que tal papelito no será conocido. Y la camarlenga va, lo redacta y lo firma sin exigir otro similar a cambio y sin pedir a un neutral, un tal Juanma Moreno, por ejemplo, que custodiara el documento. Naturalmente, como habrán adivinado, la carta "robada" fue entregada a un medio de comunicación al minuto siguiente.

En ella, más o menos, Virginia Pérez se comprometía a renunciar a las funciones de la secretaría general y, aceptando más o menos su derrota, venía a pedir árnica para que su imagen no quedara deteriorada. Pero, claro, lo que ha ocurrido es que de liarla parda anticipando nerviosamente una operación de acoso y derribo contra el presidente oficialista, ha quedado como una pardilla por haber puesto en manos de su enemigo interno el cuchillito con el que la han malherido, ya veremos, sin con fatal desenlace.

La cuestión es en manos de quiénes está en el PP y en manos de quiénes está el PP andaluz y el PP de Sevilla. Mientras Mariano Rajoy y su equipo tratan de salvar los muebles negociando un gobierno de dos años; mientras hay atentados del islamismo asesino en Europa siendo Sevilla una sede futura posible de matanzas; mientras pasa lo de algunos policías, que matan y los matan en , en Estados Unidos; mientras ocurre lo del crecimiento de islamismo en Turquía; mientras Andalucía y Sevilla tienen un régimen socialista eterno, al parecer; paro para reventar; universitarios desempleados por un tubo; apatía creciente por la política  y extensión de los radicalismos, el PP de provincias - lo de Sevilla no es más que un ejemplo -, está en lo suyo, en las guerritas de aldea y en el navajeo tribal porque el sálvese quien pueda ya ha hecho acto de presencia.  

Una vez, 2012, ganó el PP en Andalucía y parecía posible un proyecto de reforma liberal, moderada y honrada de la sociedad andaluza tras años de régimen socialista clientelar y ocupador de las instituciones. A pesar de la resistencia de unos sufridos votantes, que han experimentado como les han llamado franquistas, fascistas, asesinos, explotadores y demás lindezas, es evidente que sus dirigentes no están a la altura de las circunstancias.  Rajoy empezó todo esto con el dedazo de Moreno Bonilla, desacreditando a la secretaria general, Cospedal, lo apuntilló  Arenas con una espantá inexplicada y nadie sabe cómo arreglarlo. Hay heridas que no sólo no cicatrizan nunca, sino que se gangrenan.

Evidentemente, el PP, el nacional sin duda alguna, y desde luego, el andaluz necesitan una refundación si es que hay tiempo para ello todavía. Pero nadie otea en el horizonte banderas de reforma con altura intelectual y moral salvo de los marginados por el marianismo.  Lo que está claro tras los acontecimientos de Sevilla, que ya no son corruptelas o escándalos judiciales, sino comportamientos lamentables y bajezas sistemáticas impropias, es que podrá votarse al PP por miedo, porque no hay otra cosa o porque viene de familia. Pero desde luego ya no porta ni la bandera del cambio, ni la enseña de la ejemplaridad. La ilusión política, la esperanza en una mejora de la democracia española, la fe en una nación y en una región, Andalucía, con mejores perspectivas de libertad, bienestar y seguridad en este mundo convulso, ya no residen en este PP como tampoco en el PSOE de Pedro Sánchez. Este es el principal problema nacional. 

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