Ahora que Pablo quiere ser normal lo mandan a la calle: "En el Congreso se van a consumir"

Como dijo ayer Rivera, seguimos sin noticias. Rajoy, a paso de tortuga, pregunta ahora a Urkullu a cuánto está su voto.

Pilar Díez

El Mundo dice que "Rajoy ofrece un mini pacto a la espera de la decisión del PSOE". Que a él le da mucha pereza. Lucía Méndez cree que Rajoy "está haciendo cualquier cosa menos negociar". No parece enterarse de "que las urnas le dieron el derecho a gobernar, pero también le impusieron el deber de buscar votos para su investidura. Y nadie se los dará por su cara bonita". El problema es que le tiene tanta tirria a Ciudadanos que "no quiere darle a Albert Rivera ni media foto negociadora". Esas manías personales de este señor que ya hemos visto con Rosa Díez. El editorial se lo dedica a Pablo iglesias, que ayer estaba relajado y ocurrente mientras busca en el armario su siguiente disfraz. Ahora dice que quiere ser normal. "En su enésima pirueta táctica, Pablo Iglesias afirmó ayer que Podemos debe caminar hacia una 'normalización' que le convierta en un partido político más". Pablo, hijo, pues empieza por moderar tu lenguaje. Los políticos al uso no dicen en publico acojone, ni hostia, ni esas cosas feas. "Podemos demostró que comienza a madurar", dice el cándido editorialista. Luego se arrepiente. "El problema que tiene ahora es su falta de credibilidad" y todo lo que diga hay que cogerlo con "cautela". Eso sí, admitió que "la utopía del asalto a los cielos está finiquitada". Pues no es nadie San Pedro con sus llaves.

A El País le ha dado este verano por hacer de abogado de los presos etarras y completa el editorial de ayer con la portada de hoy. "Urkullu liga el apoyo a Rajoy a pactar sobre los presos de ETA". Sobre el examen de conciencia de Pablo dice que "Podemos admite que corre el riesgo de quedar diluido en la oposición parlamentaria". Pues lo que es. Como a toro pasado somos todos muy listos, dice Enrique Gil Calvo que él ya lo sabía, que "el fracaso electoral de Podemos no ha sido tan sorprendente como se cree, ya que ha satisfecho a una mayoría de españoles hastiados del inoportuno oportunismo de su burlesco líder, un travieso Diablo Cojuelo dedicado a debelar con malicia los vicios de la clase política (…) Les está bien empleado por ingenuos, al creerse su propia propaganda". Bueno, bueno, que no han sido los únicos que se lo han creído. En este periódico se han visto unas encuestas de las que mejor no hablamos.

ABC le da una alegría al PP y abre con el paro. "España empieza el verano con menos parados desde 2009". David Gistau dice que "la militancia de Podemos está atravesando ante sus resultados electorales las mismas fases psicológicas que ante un diagnóstico de enfermedad grave. Incredulidad, enojo y, en algún momento, aceptación". Y eso que no se ha dado cuenta de que el resultado "es una reconocimiento triunfal a su discurso: el miedo, efectivamente, cambió de bando". Enhorabuena, Pablo. Ignacio Camacho les echa del Parlamento. "Podemos no tiene otro tratamiento contra su estado shock que el de volver a los orígenes de movilización callejera. En el Congreso se va a consumir; ni es un partido para la democracia representativa ni puede sostener durante mucho tiempo más una política-espectáculo", hala, hala, a jugar a la calle. "La calle ofrece a Podemos el elemento de cohesión agitadora que necesita para no languidecer", dice. Que el Parlamento es "aburrido", para gente mayor. Ahora que Pablo se quería reformar.

La Razón dice que "Urkullu vende caro su apoyo a Rajoy: pide acercar a los presos de ETA". Puaf, eso no es nada para Rajoy, seguro que les saca una rebajita por sacarlos a todos de golpe. Marhuenda hace otro de sus alardes de su falta de pudor y le dedica un Puntazo a Pedro Sánchez que sonrojaría a cualquiera. "El PSOE debe dejar su inmovilismo", dice el tío. "Nadie mueve ficha" en el PSOE, "la gobernanza de España está por negociar". Tócate las narices. Que negocie Rajoy, que es el que quiere gobernar. Este Marhuenda no tiene límites.

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