Dos caras en el PP: entre la frustración y el "Rajoy hasta el final"

El PP votará en contra de cualquier propuesta que no esté encabezada por Rajoy. "Será él hasta el final, incluso si se repiten elecciones".

P. Montesinos

Mariano Rajoy rechaza hacerse a un lado, según su entorno. No se contempla. "Será él hasta el final y si se repiten elecciones, volverá a ser el candidato. Es mejor no hacer el ridículo. No te puedes imaginar las cosas ridículas que se están escribiendo", contestan desde la Moncloa. Misma respuesta dan desde su núcleo más próximo en la dirección nacional. "Sólo son especulaciones". Si bien, una vez más desde las elecciones, el PP dio muestras claras de pesimismo, de frustración. "No hay ilusión", en palabras de un líder regional.

En víspera de su segundo despacho con Felipe VI, en el que otra vez le dirá que no cuenta con los apoyos necesarios para presentarse al debate de investidura, Rajoy reunió al Comité de Dirección consciente de que su continuidad está siendo puesta en tela de juicio. Él asegura que nadie le pide nada en privado, en las conversaciones que está manteniendo con ministros y barones, pero lee con gran frustración en los medios lo que sus próximos tachan de "ciencia ficción". También le irrita la presión mediática que va a más, con editoriales y comentarios de radio y televisión en contra.

Oficialmente, el debate interno no existe. Será Rajoy o Rajoy. Y de ahí que, al término de maitines, Fernando Martínez-Maíllo -cada vez más próximo al presidente en funciones- saliera a la palestra con el nítido mensaje de que "el PP votará en contra de cualquier propuesta que no esté encabezada por Rajoy". "No vamos a defraudar a nuestros siete millones de votantes. Nuestro candidato es Mariano Rajoy, que es el que ganó las elecciones", arguyó, recordando los 33 escaños de diferencia con respecto al PSOE. "No hay una corriente contra Rajoy", reiteraron fuentes consultadas en el seno de la cúpula.

En su comparecencia, Maíllo llegó a sacar a colación la Junta del PP de Córdoba un día después de la primera reunión de Rajoy con el monarca, en la que le gritaron "te queremos" y fue ovacionado. Tal y como desveló este diario, se mandaron mensajes a dirigentes de toda la provincia para abarrotar el auditorio.

Con Juntas como la de Córdoba o Valladolid, Génova quiere dar la impresión de que todo el partido está con Rajoy y de que no hay dudas sobre su continuidad. Más aún, que será de nuevo cabeza de cartel en caso de comicios sin congreso mediante. Unas consignas que se diluyen en las conversaciones informales con líderes territoriales y cargos medios, cada vez más alicaídos y con dudas sobre la continuidad de su líder. Del impulso conseguido tras la maniobra de Rajoy, echando la pelota al tejado de Pedro Sánchez, ya apenas queda nada. El golpe de la corrupción ha sido durísimo, demoledor. Y lo peor: temen que no parará, que incluso todo pueda ir a mayores, grabaciones incluidas.

"La semana pasada fue un horror. La entrevista de Rajoy con Ana Rosa fue terrible, incapaz de transmitir firmeza alguna contra la corrupción. Generó desasosiego entre nuestros cargos, que ya no quieren salir a dar la cara por el PP. No les merece la pena", según el lamento de un dirigente con poder local. Varias fuentes apuntaron a esa intervención del presidente en Telecinco, que generó discusión en Génova, ya que hubo un sector a favor de que se cancelara. En plena operación Taula, Rajoy dio la cara, y respaldó a una silente Rita Barberá. "Lo de Valencia nos hace un daño enorme, todos a la cárcel ya", mostró su impotencia un nuevo integrante de la dirección nacional.

Así las cosas, aunque se niegue, la corrupción y la supuesta inacción política han vuelto a poner en la picota a Rajoy. En los últimos días, no hubo entrevista o comparecencia de un portavoz del PP en la que no le preguntaran por el futuro de Rajoy, pese a que él públicamente haya asegurado varias veces que no es su intención tirar la toalla. "Él tiene la última palabra. Será él quien dé un paso atrás, si es que quiere. No hay fuerza interna de ningún tipo para otra cosa, no habrá presiones", según la radiografía de un barón regional en alza. Ésa es, de hecho, la tesis más extendida en los círculos de poder del PP.

De momento, ningún líder territorial ha osado toser a Rajoy. El histórico Juan Vicente Herrera se removió en un primer momento, pero la pasada semana rectificó y se puso "detrás" del líder. Cristina Cifuentes, que abandera una mayor democracia interna, tampoco ha aportado ninguna crítica real. También está callado Alberto Núñez Feijóo. Y Soraya Sáenz de Santamaría, señalada con insistencia como posible sustituta, afirma cada viernes al término del Consejo de Ministros que la candidatura de Rajoy no se negocia. "Nadie en el PP se plantea sustituir a Rajoy", según Alfonso Alonso este mismo lunes,

Cerrados los micrófonos, la cosa cambia. "Yo no sé que hará Rajoy. Realmente creo que nadie lo sabe y yo soy de los que opina que debe continuar porque no es el momento de experimentos. Pero, dicho esto, tampoco me puedo creer que no haya barajado dar un paso atrás llegado el caso. Rajoy es un hombre de Estado", expuso, en charla informal, un histórico del Senado. Son varios los que, vista la evolución de los acontecimientos, recalcan que "no hay que hacer afirmaciones categóricas". "Tal vez sea el momento de que se marche, tal vez no debió ser el candidato en diciembre...", se escucha, siempre en privado.

En Génova, además, preocupa cada vez más la cuestión del congreso. Rajoy ha ordenado a la dirección que no haya cónclave en caso de que se vuelvan a abrir las urnas. Pero la posibilidad de que el PSOE sí celebre el suyo inquieta a varios integrantes de maitines. "Nos tacharían, y con razón, de inmovilismo". Gracias a la reforma estatutaria del congreso de Sevilla de 2012, Rajoy sólo necesitaría al Comité Electoral para proclamarse candidato, y ello es un mero trámite.

Así, por enésima vez, el PP ofreció dos fotografías. Una pública, de apoyo a Rajoy y con argumentarios en los que se enfatiza que el partido es una piña en torno a él. Y otra en privado, en la que los dirigentes se muestran sin ganas, superados por la situación, frustrados ante lo que pueda estar por llegar. "El PP mantiene una posición de coherencia. Las presiones no forman parte de la manera de ser de mi partido", defendió Javier Maroto sobre el no de Rajoy a la investidura. En Génova, sigue ganando la tesis de que España se encamina irremediablemente a otras elecciones.

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