La CUP se deja querer y pide más cesiones para tragar con Mas

Los diputados antisistema se plantean prestar dos votos al president si se compromete a desobedecer desde el primer momento.

Pablo Planas (Barcelona)

Tras unos días de encontronazos entre CDC y la CUP, de la sublevación de los convergentes Andreu Mas-Colell y Francesc Homs, y de punto muerto, las negociaciones entre Junts pel Sí y la CUP se han reactivado con expresiones de reconocimiento mutuo. Mas es optimista y Baños menos tajante. Los dirigentes de la CUP sostienen que son inmunes a las presiones mediáticas, que no les afecta el ruido ni la acusación recurrente de que el proceso puede descarrilar por su negativa a investir a Mas. Sentadas esas premisas en una rueda de prensa entre coral y tumultuosa, Antonio Baños se tuvo que emplear a fondo en los medios para matizar el espectáculo dado en el parlamento catalán y las contradictorias conclusiones de la "rueda de prensa".

El mensaje modulado es que las conversaciones progresan adecuadamente, que tan importante es el quién, que el para qué y el cómo, que van lentos porque van lejos y que "no van a aceptar a Mas y punto". Por esa rendija se ha desatado un gran optimismo en los medios nacionalistas. Es la primera vez que la CUP no niega de entrada a Mas. Las opciones del presidente de la Generalidad en funciones han repuntado. Pasa que hay que seguir negociando, dice Baños, que hay que pulir detalles y que la última oferta, que provocó el segundo "no" parlamentario, no concretaba algunos puntos cruciales de la desconexión y el plan de choque social.

Del no a poner condiciones

De la negativa rotunda a Mas a ponerle condiciones sería el gran avance de las últimas horas. Según Baños, lo de la presidencia con pérdida de poderes y las tres vicepresidencias "está bien", otro argumento que blanden en Convergencia para avizorar un acuerdo.

Al margen de que algunas de las pretensiones de la CUP están fuera de registro presupuestario, según advirtió Oriol Junqueras (llamado a ser el vicepresidente económico del triunvirato ejecutivo), los planteamientos de la CUP implican una desobediencia explícita ante cualquier resolución judicial, "matiz" con el que Mas habría de comprometerse sin red y desde el primer momento para obtener el beneplácito de los diputados antisistema. Para ellos, unas nuevas elecciones serían una catástrofe, pero seguirían a los suyo.

En cambio, en CDC se especula con la conveniencia de recuperar el perfil de la vieja Convergencia, el "neoautonomismo" o "sano autonomismo bien entendido", según se mofan los cuperos. La hoja de ruta de la CUP, una variante de la de Mas y Junqueras, es innegociable. De los gestos a la acción, sin contemplaciones ni recursos ante el Tribunal Constitucional por parte del gobierno republicano. Esto ya no es el 9-N con voluntarios como escudos humanos, sino la creación de un estado con todas sus consecuencias.

En manos de los militantes de la CUP

La CUP va rascando cesiones, muchas de ellas, alegan, presentes en el programa electoral de Junts pel Sí, la plataforma convergente y de ERC, pero todo deberá pasar por el escrutinio de su asamblea general prevista para el 29 de noviembre. A ella están convocados todos los militantes de la organización en los "Països Catalans" y todos tienen derecho a voto. Hay un trabajo previo de los dirigentes en las herméticas asambleas locales, pero la última palabra es de la militancia. Y el veto a Mas parece la corriente dominante entre los miembros de la organización.

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