Un colegio de Madrid se hace con la fórmula contra el abandono escolar

Pasamos un día en el centro de los jesuitas Padre Píquer en Madrid. Éstas son las claves de su éxito.

Olivia Moya

En pleno barrio de la Ventilla, rodeado de nuevas viviendas de VPO y tras las torres Kio y las cuatro torres de la Castellana, se ubica el colegio Padre Piquer. Es allí donde hace más de 50 años comenzó la labor de este centro jesuita. Y es en este barrio madrileño -obrero e inmigrante, fundamentalmente- donde se desarrolla desde hace más de diez años un sistema basado en el aprendizaje colaborativo, la inclusión de los alumnos en las aulas y la colaboración entre profesores, sostenido todo ello por la Fundación MonteMadrid.

Una especie de reducto galo, no solo para muchos de sus alumnos, que consiguen en él lo que no obtienen en casa, sino también a nivel educativo: estudiantes contentos, ilusionados, familias encantadas y satisfacción entre el profesorado. "Hemos recuperado la ilusión de los niños por venir al colegio. Teníamos un índice de absentismo muy alto, casi teníamos que ir a buscarlos a la calle y ahora no quieren salir".

Así, de los más de 1.100 alumnos que tiene Padre Piquer repartidos entre ESO, Bachillerato y FP Básica, de grado medio y superior, el éxito es del "85% en todos los niveles" y un "absentismo prácticamente inexistente", señala su director Ángel Serrano. Una verdadera heroicidad en los tiempos en que tristemente las cifras de ni-nis dejan al descubierto las grandes debilidades de nuestro sistema educativo.

¿Cuál es entonces la receta que les está funcionando? ¿Cómo consiguen esos buenos resultados con un 45% del alumnado extranjero? Trabajando en varios frentes y poniendo en práctica modelos distintos, que les funcionan:

Proyectos en lugar de asignaturas

Sin duda uno de sus mayores orgullos es el aula cooperativa multitarea, que funciona en 1º y 2º de la ESO y, progresivamente, se está instalando también en 3º con excelentes resultados. En esta clase estudian alrededor de 60 alumnos con tres profesores mediante la metodología de proyectos, en lugar de recibir lecciones de cada asignatura de forma independiente. Los conocimientos no se imparten desde compartimentos estanco de Lengua, Matemáticas, Inglés, Sociales o Naturales. Y las notas valen tanto para Naturales como para Sociales, por ejemplo. No trabajan con libros. "La información hoy no está en los libros", nos explican. "Aprenden a trabajar en un equipo, presentar un proyecto", siempre con las nuevas tecnologías muy presentes. "El trabajo que se desarrolla en las aulas se parece mucho más a lo que hacemos en la vida".

Reconocen, eso sí, que las familias desconfían al principio de esta metodología, les da "un poco de miedo", pero ese temor "les dura un mes"; se les pasa "cuando su hijo vuelve a casa contento" y observan los resultados. Pero, ojo, este sistema no está pensado ni mucho menos solo para los malos estudiantes, los problemáticos o inmigrantes. Todos tienen cabida. De hecho, Manuel – uno de los profesores que da clase en este aula- pone como ejemplo el caso de Fran, un alumno que hoy en día estudia Medicina y que pasó por las aulas multitarea del Padre Piquer. "Académicamente lo tenía todo resuelto, pero por personalidad se sintió abrazado", comenta.

Cuando visitamos el aula, hay un grupo de unos seis alumnos sentados en una mesa circular, un poco apartados del resto, pero en la misma clase, junto a una psicopedagoga. De esta manera se atiende a los chavales con dificultades especiales o un mayor retraso educativo, pero sin sacarlos del aula para favorecer su integración en el grupo. "Muchos chicos, cuando llegan a un colegio, ven más pasillo que aulas", lamenta Serrano.

Aula de enlace

No obstante, el centro tiene un aula especial llamada el aula de enlace en la que estudian hasta un máximo de doce chicos de otros países, con dificultad con el idioma o que, directamente, no lo conocen, de entre 12 y 16 años. Allí están durante 9 meses y tras aprender lo suficiente se incorporan a su aula de referencia, que ya les es asignada durante ese curso y a la que van haciendo incursiones concretas en la medida de las posibilidades de cada cual.

Jesuitas

"El reto que se propuso Piquer fue hacer una escuela inclusiva en la que se supere el modelo de sacar a los alumnos para recibir medidas y crear espacios donde todos los alumnos puedan ser atendidos pero sin sentir que forman parte de otras aulas".

En clase, no en casa

En el caso de los deberes, algunos profesores del centro han reconocido que les "inquieta" la cuestión de "qué deberes mandar" a sus alumnos, en parte porque estos vienen "bastante chamuscados" de la Primaria en este sentido. "Los chicos tienen que trabajar pero intento esforzarme para que los deberes sean una manera de expresarse ellos, que sean un reto. Quiero romper con la dinámica de que los alumnos son buenos porque repiten lo que tú dices", ha explicado uno de los docentes.

Por otra parte, una de las profesoras ha subrayado que, por las características de los alumnos que asisten al colegio, "en muchos casos, cuando vuelven a casa están solos" o "aunque estén sus familias, tienen niveles culturales tan bajos que no les pueden ayudar". Por ello, ha indicado que la estrategia del centro consiste en "rentabilizar al máximo el trabajo en las aulas" para que la obtención del conocimiento no dependa tanto del trabajo que hacen en casa. Adicionalmente, impulsan una red de actividades pedagógicas fuera del ámbito de la escuela para que los menores no pasen tiempo en la calle y en el colegio sea como "empezar desde cero todos los días". "La calle muchas veces les lleva en otra dirección que la que enseña el centro", ha recordado el director.

En todo caso, han impulsado la creación de un Servicio de Atención a Familias y Alumnos desde el que pretenden ofrecer respuestas a las familias para resolver las problemáticas y aportar asesoramiento y mediación.

Formación Profesional de éxito

También es uno de los centros de referencia de FP. En este punto, denuncian la eliminación de los conciertos de la Comunidad de Madrid en enero de 2013. Desde entonces, son sustituidos por un sistema de becas, que para acogerte a él debes cumplir dos requisitos: ser menor de 28 años y haber realizado tus estudios en la comunidad. Esto ha provocado que el Padre Piquer tenga un 40% menos de alumnos por este motivo. "Vendemos que la FP es fundamental, y es verdad, y luego tenemos estas políticas educativas", lamenta el director del colegio. No obstante, los que finalmente obtienen un título en cualquiera de las modalidades de Formación Profesional que ofertan tienen una salida en el mercado laboral, con porcentajes de inserción muy altos, rondando el 100%.

El resultado de todo este proyecto, la distinción -otorgada el pasado fin de semana- por el que pasará a formar parte de la red internacional de "Colegios Changemakers" de la organización Ashoka, en reconocimiento a su labor como "agentes de cambio" a través de la innovación educativa.

Y lo más importante, la ecuación de alumnos ilusionados igual a familias contentas con el colegio y profesores motivados y satisfechos con los resultados. Eso sí, el trabajo que estos docentes desempeñan día a día puede ser incluso más laborioso que una clase al uso, se ven obligados a tirar de creatividad en muchos casos, a salir de lo que es su disciplina, enseñarla de otra forma y dedicarle a cada alumno una mayor atención. Todo esto lo pueden hacer gracias a que son varios en clase, pueden apoyarse entre sí y compensar el "desgaste" que puede suponer la atención permanente al aula. Aunque también deben rendir cuentas: los alumnos evalúan a sus maestros a final de curso.

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