Los banqueros plantan a Mas en la fase final del proceso

El mitin muestra la nueva nomenclatura del nacionalismo y retrata al empresariado encabezado por Gay de Montellà, presidente de la patronal catalana.

Pablo Planas (Barcelona)

La mayoría de los asistentes al mitin con el que Artur Mas ha inaugurado la fase final del proceso separatista eran altos cargos, diputados, funcionarios de confianza, alcaldes, concejales, consejeros y representantes de las variadas organizaciones independentistas, como la ANC, Òmnium Cultural y "Súmate", la diferenciada facción de los independentistas que no hablan catalán. No hubo sorpresas, más allá de la ausencia de Duran, que pretextó obligaciones en Madrid, y la presencia de Oriol Junqueras en lo que a ratos le parecía su propio funeral político.

A pesar de confundir más que aclarar sobre la manera con la que pretende culminar el golpe de Estado y proclamar el Estado propio, el acto sirvió para determinar la composición de los escalones de poder en el nuevo partido nacionalista en torno a Mas, el who's who, el nuevo pujolismo pero sin Pujol. Josep Rull, coordinador general de CDC, lo que antes era el secretario general, se confirma como número dos de Mas. Jordi Turull, el portavoz en el parlamento autonómico, es el tercero. Destaca también la inclusión en el proyecto de plataforma de todos los altos cargos de Unió. Particularmente significadas por su entusiasmo figuran la vicepresidenta Joana Ortega y la presidenta de la cámara autonómica, Núria de Gispert.

Más interesante aún fue la presencia de una gruesa representación empresarial encabezada por Joaquim Gay de Montellà, presidente de Foment, antes Fomento Nacional del Trabajo, la patronal catalana. También acudieron a un acto por rigurosa invitación personalidades de la economía como Luis Conde, de Seeliger & Conde; David Madí, el que fuera mano derecha de Mas en la oposición y ahora consejero de Endesa; Enric Crous, director general de Damm; Joan Laporta y los pequeños y medianos empresarios agrupados en torno a la asociación "FemCat". No podían faltar tampoco personajes como Carles Vilarrubí, directivo del Barça y exconsejero de Teléfonica a consecuencia del pacto del Majestic.

También acudió a la llamada del president Salvador Alemany, que no representaba a Abertis sino al Consell Assessor per a la Reactivació Econòmica i el Creixement (Carec), uno de los múltiples entes del tejido administrativo y clientelar de la Generalidad. El Banco de Sabadell mandó a dos miembros de su gabinete de prensa mientras que La Caixa, Seat y Gas Natural declinaron participar en un mitin en el que se reclamó la independencia y se aprobó por aclamación asamblearia otorgar a Mas plenos poderes y el mando absoluto de un partido único que proclamaría la República Catalana en un plazo de 18 meses.

El primer paso del plan es obligar a Junqueras a capitular, integrarse en esa candidatura y enterrar la siglas de ERC junto a las de CiU, así como su propio futuro político. En ese envite, el farol de Mas es que estaría dispuesto a no encabezar la lista.

La independencia iba en serio, es real y está al alcance de la mano, promete Mas, siempre que Junqueras claudique. Hay precedente. Junqueras empezó renegando del 9N bis y acabó presidiendo una de las mesas electorales.

Para esquivar los problemas de financiación que pudiera tener la nueva plataforma, dado el plante bancario, Mas planteó el modelo de la ANC, el "esfuerzo ciudadano" del que insisten en afirmar que se nutren las arcas de la organización separatista. El hecho de que un acto como el protagonizado por Mas haya sido convocado y pagado por la administración autonómica aporta indicios sobre quién puede abonar los gastos de la nueva Convergència.

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