La difícil situación de la Guardia Civil en la frontera de Melilla

Las agentes necesitan más medios humanos y técnicos. UO cree que no hay sensibilidad con el problema entre los políticos.

J. Arias Borque

Un perímetro de doce kilómetros de longitud, dos vallas de seis metros de altura, una nueva malla anti-trepa en un número importante de esos kilómetros y una sirga tridimensional cuya finalidad es impedir la movilidad del inmigrante que intenta entrar en España de forma ilegal. Ésa es la única barrera que separa del sueño europeo a los miles de inmigrantes africanos que llegan hasta las localidades marroquíes próximas a la ciudad autónoma de Melilla.

En el otro lado, para intentar impedir la oleadas de asaltos conformadas por millares de inmigrantes adoctrinados y entrenados por las mafias que hacen negocio del tráfico de personas, los agentes de la Guardia Civil destinados en la Comandancia de Melilla y las unidades GRS (Grupos de Reserva y Seguridad) que llegan en turnos rotatorios desde la península, y que el Ministerio del Interior ha cuatriplicado en el último año.

Unos agentes cuya labor está siendo puesta en muchas ocasiones en entredicho tanto por las organizaciones de ayuda a los inmigrantes, partidarios de que puedan acceder al país sin control alguno, como por algunos partidos de izquierdas de la oposición, que aprovechan los problemas habituales de la frontera con mayor diferencia económica del mundo para intentar erosionar políticamente al Gobierno.

El último ejemplo de ello ha sido el bulo lanzado por una ONG melillense que decía que un inmigrante había perdido un riñón por supuestas agresiones de la Guardia Civil y facilitó un vídeo de cinco minutos donde se veía a varios agentes utilizando su defensa de dotación con el inmigrante, que aparenta estar inconsciente. La realidad, es que tanto el hospital Hassani de Nador (Marruecos) como los agentes alauís han dicho que nadie con esos problemas fue atendido en la ciudad. Hasta la propia ONG se ha retractado de su acusación inicial.

"El trabajo de los guardias civiles es encomiable, heroico y digno. Resulta lamentable que determinadas ONGs busquen sacar rédito de la desinformación, manchando en nombre del cuerpo mas querido por los ciudadanos. Esas ONGs deberían no existir ya que perjudican la extraordinaria labor de otras", explica a Libertad Digital Jesús Martín Vázquez, portavoz de la Unión de Oficiales (UO) de la Guardia Civil.

"La realidad es que los inmigrantes fingen en muchas ocasiones quedar inconscientes para que os agentes de la Guardia Civil llamen a la Cruz Roja y sean trasladados hasta el hospital de Melilla. Si consiguen esto, se inicia todo el papeleo para la expulsión, lo que ya les permite quedarse sine die en la ciudad", aclara.

"Los agentes están con la moral muy baja. Se están jugando su integridad física intentando detener a unos inmigrantes con una actitud muy agresiva y a los que les importa bien poco el guardia porque su objetivo es llegar a Melilla. Utilizan palos, piedras, muerden... en el último intento hasta les lanzaron una camiseta ardiendo y les escupían diciéndoles que tenían ébola para intentar amedrentarles y conseguir su objetivo", continúa.

"En las últimas semanas se les ha dado además la orden verbal de contener, de utilizar lo menos posible cualquier tipo de defensa para controlar a los inmigrantes. Si les quitas sus herramientas necesitas casi tres agentes para retener físicamente a cada inmigrante. Teniendo en cuenta que en el monte Gurugú puede haber unos 800 y que bajan en grupos como si fueran un ejército es imposible contenerlos únicamente con el cuerpo a cuerpo", añade el portavoz de UO, una de las asociaciones profesionales con representación en el Consejo de Personal de la Guardia Civil.

Pese al aumento de medios personales que han llegado hasta ambas ciudades autónomas en los últimos meses, desde UO consideran que todavía sigue faltando personal y, sobre todo, material. Destacan que los agentes están utilizando mascarillas sin filtro, unos simples guantes de latex y no llevan gafas de protección para proteger las membranas mucosas de los ojos (salvo los agentes del GRS que llevan visera en el casco) y eso pone en peligro su integridad ante unos inmigrantes de los que se desconoce si padecen o no enfermedades que pueden estar o no erradicadas en España.

En palabras de Martín Vázquez, "los políticos no quieren abordar el tema de la inmigración tal y como hay que abordarlo. Necesitamos políticos o líderes sensibles con las necesidades de los ciudadanos, sensibles con el trabajo de los guardias civiles que se limitan a cumplir y hacer cumplir la Ley, jugándose la vida o su integridad. Si no conseguimos esa implicación, de nada servirán los medios materiales y humanos que nos parecen escasos".

"Un español debe estar al frente de la Agencia Europea de Fronteras. Seguiremos apoyando al candidato ya que entendemos que es un punto estratégico de partida para cambiar a mejor muchas cosas. Confiemos que el Gobierno se esfuerce en materializar esto, ya que, a nuestro juicio, los movimientos por parte de estamentos gubernativos españoles han sido mínimos", concluye el representante de UO.

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