Una abdicación repentina

Al príncipe también le cogió de improviso

El mensaje tuvo que ser grabado varias veces ante la emoción de don Juan Carlos.

P. Díez

Tanto el Gobierno como la Casa Real insistieron ayer en transmitir la idea de que la decisión del Rey de abdicar la había tomado hace seis meses y que había elegido el momento que consideró ideal. Pero, según algunas informaciones, ni siquiera el príncipe lo sabía. Es cierto que en enero había comunicado su intención de irse, pero no había establecido ningún plazo concreto.

Según cuenta Mariángel Alcázar en La Vanguardia, ayer se levantó a las 7 de la mañana como cualquier otro día. El ayuda de cámara le preparó la ropa y ordenó el desayuno. El ayudante de campo le preparó el plan del día que incluía un desplazamiento a Barcelona. Pero pasadas las ocho de la mañana, el príncipe regresó de su viaje oficial a El Salvador y su padre le pidió que fuera a su despacho. Y así, de buenas a primeras, le comunicó que dejaba el trono ese mismo día. El viaje a Cataluña se suspendió. Llamó al presidente del Gobierno y delante de él y de don Felipe firmó el acta de renuncia. A partir de ahí, los hechos se precipitaron.

El revuelo que se formó en Zarzuela no fue menor que el que se montó en el resto de España cuando el rumor de la abdicación cobró fuerza, poco antes de que Rajoy hiciera pública la decisión del Monarca.

La Reina y Letizia se enteraron poco después de que el presidente del Gobierno saliera de Zarzuela en dirección a la Moncloa para su difícil misión, según narra Natalia Junquera en El País. Doña Sofía y la princesa de Asturias irrumpieron en el despacho del Rey y salieron cuando llegó TVE para grabar el histórico mensaje del Rey "muy emocionadas".

El motivo del retraso de la comparecencia de don Juan Carlos, que un principio se anunció a las 12 y no se produjo hasta las 13:00 horas, fue que el Rey se emocionó. "Hubo que interrumpir varias veces la grabación porque al Rey se le quebraba la voz al leer uno de los pocos discursos de los muchos que ha pronunciado en su vida que no le había escrito el gobierno. Su discurso más personal, el de su despedida". Ni La casa de la pradera.

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