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Desplome total de la confianza

Crónica del hundimiento: entre Nóos y Botswana

La imagen de la Monarquía ha caído en picado hasta vivir actualmente su peor momento. Dos momentos han marcado fundamentalmente esta tendencia.

Libertad Digital

El Rey Juan Carlos ha abdicado la Corona justamente cuando la Monarquía vive sus peores momentos de popularidad entre los españoles. Nunca en los 39 años de reinado el todavía jefe del Estado había tenido tan poco apoyo popular como ahora. Según los datos del CIS, en 1995 don Juan Carlos tenía una valoración de 7,48 pero esta confianza se ha ido desplomando precisamente tras dos hechos que han hecho tambalear los cimientos de la Monarquía española: el caso Nóos y la famosa cacería en Botsuana.

Estos dos sucesos han marcado la actualidad española durante estos últimos años y han desgastado sobremanera la institución hasta caer a una valoración del 3,72. La imputación de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín y el conocimiento que tenía el Rey de las actividades fraudulentas provocó el primer gran golpe en la línea de flotación en la Casa del Rey.

En 2011, coincidiendo con la explosión del escándalo de Nóos, la Monarquía cosechaba su primer suspenso entre los españoles. Sin embargo, la Casa Real intentaba atajar esta pérdida de confianza durante el tradicional mensaje navideño de aquel año. El monarca afirmaba:

"Cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética, es natural que la sociedad reaccione. Afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La justicia es igual para todos."

El mensaje del Rey fue interpretado en un primer momento como una muestra de firmeza ante la actuación de su yerno. Pero a partir de ese momento hubo un cambio radical en la política de Zarzuela y las palabras del mensaje de Navidad se diluían en la nada. Todo esto quedó de manifiesto cuando la Reina Sofía decidió ir a Washintgon a visitar a Iñaki y Cristina.

Este cambio de rumbo provocó igualmente la división en el seno de la familia. Los Príncipes de Asturias se quedaban solos a la hora de romper con los duques de Palma para así evitar el contagio a la Casa Real. Pero a pesar de ello el Rey estaba dispuesto a todo para salvar a su hija.

Esta intención se vio en la insólita nota publicada por Zarzuela presionando al juez del caso Nóos, José Castro. En todo momento, la Casa del Rey ha intentado por todos los medios que el instructor desvinculase a Cristina del caso.

La campaña de Zarzuela también tenía otro flanco, el nuevo Gobierno de Mariano Rajoy. Tal y como publicaron Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta, el Rey hizo con el nuevo Ejecutivo un pacto que tenía un punto único: salvar a la infanta. De este modo, la Fiscalía ha intentado parar los píes al juez Castro e incluso en una entrevista televisada a Mariano Rajoy el presidente contestaba confiado diciendo que a la infanta "le iría bien".

El safari en Botswana

Paralelamente al escándalo Urdangarín se produjo otro que implicaba directamente al monarca: la caída que sufrió en 2012 en un safari en Botswana que llegaba en el momento álgido de la crisis económica. El viaje sólo salió a la luz porque el Rey sufrió una fractura de cadera que obligó a su regreso inmediato a España y a una operación de urgencia. El accidente supuso un punto de inflexión en la valoración del Rey ante la opinión pública hasta el punto de que desde Zarzuela se optó por que el monarca pidiera perdón ante los españoles en unas declaraciones grabadas poco antes de salir del hospital.

El declive en popularidad vino acompañado de un empeoramiento de su estado de salud. A partir de ese momento, continuó un rosario de intervenciones. Tras la operación en la cadera derecha, en noviembre de 2012 tuvo que ser intervenido de la cadera izquierda. Al año siguiente, volvió a pasar por el quirófano para retirarle la prótesis tras una infección. Además, en este periodo sufrió una operación por hernia de disco. Y antes del episodio de Botswana tuvo que ser operado para implantarse una prótesis en la rodilla y para extirparle un nódulo en el pulmón.

Las operaciones y posteriores periodos de recuperación lastraron la imagen del monarca, obligado a sonoras ausencias, como la de la última Cumbre Iberoamericana, y a delegar sus funciones en el Príncipe de Asturias. La situación levantó rumores de abdicación, que desde Zarzuela se combatieron con la rápida incorporación del monarca a la actividad pública, ayudándose de muletas o bastón. Desde Zarzuela también se intentó explicar con problemas de iluminación la calamitosa intervención del monarca en la última Pascua militar.

Botswana supuso también que saltara a la luz la amistad del monarca con Corina zu Seyn Wittgenstein, mantenida en secreto hasta entonces. La aristócrata alemana estaba con el Rey cuando sufrió el accidente en África y el detalle estuvo pronto en todas las portadas españolas. La propia Corinna habló para varios medios, entre ellos El Mundo, donde se refirió a sus gestiones con el Gobierno en unas declaraciones que supusieron un nuevo escándalo, y ¡Hola!, donde dijo que vivía una "auténtica pesadilla".

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