Una fecha y tres advertencias que cuestionan los planes económicos del Gobierno

En su informe sobre el cuadro macro la AIReF avala las cifras de Calviño, pero el nivel previo a la pandemia no se alcanzará hasta finales de 2023.

D. Soriano

La literatura económica debería guardar un espacio para ese nuevo género llamado "previsiones macroeconómicas". No es que sea nuevo en términos absolutos, porque ya hace años que está con nosotros, pero sólo en la última década ha cobrado la preponderancia que ahora conocemos. Hasta la crisis de 2007-08, era una cuestión casi técnica, escondida en los Presupuestos y que se utilizaba para intentar anticipar ingresos y gastos del Estado. Siempre con poca esperanza en acertar.

Ahora, sin embargo, todos estamos muy pendientes de las previsiones. En ocasiones, es como si le diéramos más espacio a ese pronóstico que el que le daremos a los datos reales cuando se publiquen. Lo cierto es que este tema da mucho juego, político y periodístico. Entre otras porque previsiones hay muchas y de muchas fuentes: del FMI, la Comisión, el BCE, el Banco de España, organismos de estudios, la AIReF, el Gobierno...

No está claro que la multiplicación de estas apuestas haya mejorado sensiblemente su precisión. Tampoco es evidente que puedan ser precisas. Por ejemplo, quién iba a pensar hace seis meses que íbamos a tener una guerra duradera en el continente europeo. Pero a pesar de todo seguimos haciéndolas y seguimos informando al respecto.

Este viernes le tocaba el turno a una de las más importantes. Las previsiones del Gobierno que acompañarán a la Actualización del Programa de Estabilidad (APE) para los años 2022-25. Son las cifras que el equipo de Nadia Calviño debe enviar cada primavera a Bruselas. Se esperaban para confirmar lo obvio: el Gobierno también cree que este año creceremos menos de lo previsto. Porque hay una guerra y porque la inflación está disparada. ¿Cuánto menos? Pues mucho. De hecho, pasamos de estar por encima del 7% de incremento del PIB al 4,3% que anunciaba hoy la ministra de Economía.

Es verdad que es un cambio muy relevante, aunque previsible. Pero tampoco ha tenido el impacto que pudiera anticiparse. Por ejemplo, en lo que tiene que ver con el déficit público, que es lo más importante a la postre y lo único que justificaría este juego continuo de ajuste en las previsiones, este recorte de tres puntos de crecimiento no ha tenido ninguna consecuencia. El Gobierno mantiene un descuadre del 5%, en línea con lo previsto en los Presupuestos Generales del Estado para 2022. Eso sí, por si las moscas, también han dicho que esperan que la Comisión Europea mantenga la supresión de las reglas fiscales en 2023 por la Guerra en Ucrania (tanto si el conflicto permanece activo como si no).

Como ya es tradición, a la publicación de las cifras del Gobierno le ha seguido las de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (la AIReF). Cuáles son sus principales conclusiones: pues avala el cuadro macro del Gobierno pero anticipa "riesgos a la baja". No muy sorpresivo, pero con algunos apuntes que merece la pena hacer.

En primer lugar, la AIReF confirma lo mismo que el resto de analistas que están reconsiderando sus previsiones de crecimiento para este año. Difícilmente pasaremos del 4,5% del PIB. Como decimos, las previsiones no son lo más fiable del mundo... pero también es verdad que según avanza el Ejercicio, es más fácil que acierten. Ya entrados en la primavera, el incremento del PIB en 2022 empieza a ser en parte una previsión y en parte una estimación de lo que está ocurriendo. Así, la AIReF, el Gobierno, Funcas, el Banco de España o el BBVA apuestan por crecimientos entre el 4,1 y el 4,5% del PIB.

La recuperación más lenta

Esto tendrá como consecuencia que España no recuperará su nivel de actividad previo a la pandemia hasta el cuarto trimestre de 2023 como pronto. Y no es descartable que nos vayamos al primer semestre de 2024. Como ya nos hemos acostumbrado, el titular no suena como demasiado novedoso, pero visto desde fuera sigue siendo muy llamativo: casi todos los países europeos han recuperado de sobra el PIB que tenían a finales de 2019 mientras España es el que más ha sufrido en estos dos años.

Parecía que 2022 y el inicio de 2023 serían el momento en el que recuperásemos el nivel previo al Covid. Ya no. Hagamos las cuentas: la actividad económica en España cayó en 2020 el equivalente al 10,8% del PIB. En 2021 crecimos un 5,1% (pero la referencia no es 100, sino 89,2). Si en 2022 crecemos un 4,3% como anticipa el Gobierno (escenario realista tirando a pesimista), nos quedaremos en 97,8 respecto a ese 100 que marca el cuarto trimestre de 2019. Y si en 2023 crecemos el 3,5%, entonces sí, por muy poco, a finales de ese año superaremos dicha barrera. Hablamos de cuatro años perdidos en términos económicos.

Pero es que, además, hay que conseguir ese crecimiento. La AIReF hace tres advertencias muy relevantes:

  • Sobre los tipos de interés y el posible impacto en la economía española, la AIReF dice que la tensión en los mercados "apenas se refleja en los supuestos técnicos del escenario macroeconómico del Gobierno que sitúan el tipo de interés de la deuda pública española a 10 años en el 0,8% en 2022, cuando en la actualidad esta rentabilidad se encuentra en el entorno del 1,8%". Es decir, que asumimos que podremos financiarnos mucho más barato de lo que parece lógico por las condiciones del mercado.
  • Si hay sorpresas... es más probable que sean malas: "El balance de riesgos al crecimiento esperado por el Gobierno y la propia AIReF se encuentra sesgado a la baja, especialmente a corto plazo".
  • Mucho cuidado con la inflación y con su impacto en el crecimiento: "La intensidad de los incrementos de precios y la expectativa de una mayor persistencia puede desencadenar espirales de aumento de precios y salarios. Ello podría provocar un mayor endurecimiento de la política monetaria y un empeoramiento en las condiciones de financiación que lastraría el consumo y la inversión".
  • Sigue habiendo muchísimos agujeros en el desarrollo de los planes ligados a los fondos europeos. Tanto por la falta de transparencia como por su impacto en el PIB: "En cuanto al PRTR, transcurrido ya más de un año desde su aprobación, todavía no se dispone de información sobre el grado de ejecución de los recursos y de los proyectos de inversión. El escenario macroeconómico del Gobierno no proporciona detalle del impacto macroeconómico asociado a este instrumento ni a corto ni a medio plazo".
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