¿Colas, desabastecimiento, inflación? Qué les espera a los ciudadanos rusos

El desplome del rublo tendrá una consecuencia inmediata: comprar cualquier bien importado será mucho más caro. Y habrá menos oferta en las tiendas.

D. Soriano

Escuchamos "sanciones económicas", "expulsión del SWIFT", "reservas congeladas" o "bloqueo de las cuentas de los bancos rusos" y pensamos en un puñado de ejecutivos del sector financiero dándole vueltas a cómo sortear estas dificultades. Y sí, mucho de eso hay, como ha explicado en los últimos días, de forma pormenorizada en Libre Mercado, Daniel Fernández (en su condición de profesor de Economía y experto en mercados internacionales, hay pocos que analicen como él las implicaciones de estas decisiones; recomendamos leer los artículos de los enlaces incluidos en este mismo párrafo).

Pero al vecino de Moscú o San Petersburgo puede que todo aquello le suene a algo lejano, que sabe que le afectará pero no tiene muy claro cómo. Tiene claro que no será nada bueno, que su vida se complicará (ya se está complicando) y que la economía rusa sufrirá un golpe devastador este mismo año, mientras se acomoda a las nuevas circunstancias. También que no tendrá fácil recuperarse incluso cuando termine el conflicto. Pero, ¿hasta dónde llegarán las consecuencias?

Todo comienza con la moneda

No entraremos aquí en una discusión teórica sobre qué es el rublo (o el euro o el dólar). Pero sí es necesario recordar una evidencia: las monedas modernas no valen nada por sí mismas. Para alguien que no sepa lo que son, parecen un trozo de papel no tan diferente de los que podemos encontrar en la caja del Monopoly, aunque los que sí sabemos lo que son las valoramos mucho más. ¿Por qué? No porque exista un activo real que alguien esté obligado a darnos a cambio de ese papel (en ese caso, el papel sería sólo un documento que probaría la propiedad de otro objeto, que sería el dinero real). Si uno va a la ventanilla del Banco Central Europeo con unos cientos de euros y pide que se los cambien por algo... lo máximo que conseguirá serán otros euros en diferente formato (billetes por monedas o viceversa).

Y entonces, ¿qué hay detrás de estas monedas? Fundamentalmente, la capacidad productiva de los ciudadanos que residen en el país en el que son de curso legal. El Estado alemán exige a sus contribuyentes que paguen sus impuestos en euros; esos contribuyentes, por lo tanto, intercambian su trabajo por euros (para pagar al Estado y porque los demás habitantes de su país también quieren euros); así que todos aquellos que quieran hacer negocios con los alemanes, demandarán euros; como los alemanes son muy productivos, hay mucha gente que quiere hacer negocio con ellos y por eso el euro es una moneda valorada y sólida.

Nota. Hay otros elementos importantes para determinar la solidez de una moneda. Quizás el más relevante sean las reglas por las que se rige la autoridad monetaria y el cumplimiento de las mismas por parte de estas autoridades. Si un banco central destruye su credibilidad, puede destrozar una divisa incluso en una economía muy rica. Además, el dólar lleva décadas actuando como moneda de referencia a nivel internacional (lo que da un colchón muy importante y mucho margen a las autoridades norteamericanas, porque eso quiere decir que tanto con crecimiento como con recesión, hay siempre una fuerte demanda de su divisa para hacer pagos en transacciones entre dos partes que no tienen por qué ser norteamericanos). Pero para el objeto de este artículo, creemos que es suficiente con el apunte anterior: el valor de una moneda depende en buena parte de la productividad de su economía y de los intercambios que el resto del mundo quiera hacer con ella.

¿Y todo esto qué tiene que ver con la economía rusa? Pues mucho. ¿Qué es lo primero que ha ocurrido tras el inicio de la guerra y, sobre todo, tras el anuncio de sanciones económicas que implicaban la expulsión de Rusia del sistema financiero internacional (quizás expulsión no sea la palabra exacta, pero las medidas dificultan y encarecen los intercambios con el país)? Pues que se ha producido una fuga del rublo y un ataque especulativo: nadie quiere la moneda rusa. Por muchos y buenos motivos: habrá menos transacciones con y desde Rusia, menos bienes y servicios que comprar; además, al congelar las reservas del banco central ruso en activos occidentales, dificultarán la capacidad del mismo para defender la divisa en caso de que se produzca (como es el caso) una presión vendedora.

En esto, como en otros fenómenos económicos, hay una especie de efecto dominó: el empujón a la primera ficha fue la guerra, pero luego aquello es como una profecía autocumplida (como tengo miedo de que el rublo se hunda, intento deshacerme cuanto antes de los que poseo... lo que hunde todavía más su cotización). De hecho, el banco central ruso ha tenido que salir a defender su divisa con medidas absolutamente extraordinarias: vendiendo las reservas a las que sí tiene acceso (oro, moneda y activos no congelados) y, sobre todo, disparando los tipos de interés del 9,5% al 20%.

Las consecuencias

Pero, de nuevo, parece que sólo hablamos de monedas y tecnicismos financieros. ¿Cómo afecta esto al ciudadano ruso?

Lo primero, ya lo vemos: el coste de la deuda se ha disparado en Rusia. Pedir cualquier préstamo, ya sea para comprar algo o para iniciar un negocio, se ha convertido en algo casi impensable. ¿Por qué creemos que los bancos centrales occidentales llevan tantos años intentando salir de las políticas expansivas, pero sin subir los tipos de golpe? Porque el camino más corto hacia la recesión suelen ser unos tipos de interés muy elevados. ¿Quiere esto decir que nunca hay que hacerlo? Ni mucho menos. En EEUU, por ejemplo, fue una decisión similar la que salvó su economía a finales de los 70 y comienzos de los años 80. Pero fue a costa de unos años muy complicados. A lo mejor el Banco Central Ruso ha pensado lo mismo, que no tiene otro remedio; pero que no tenga más remedio no quiere decir que no vaya a tener consecuencias dolorosas.

El desplome del rublo tendrá otra consecuencia inmediata: comprar cualquier bien importado será mucho más caro. Casi siempre interpretamos la inflación desde el enfoque más evidente: suben los precios. En realidad, lo que ocurre es que la moneda pierde valor. Como lo que tiene el comprador (moneda de un Estado) vale menos que antes... el vendedor le exige más de ese bien devaluado para entregarle su mercancía (coches, naranjas, ordenadores o cualquier otro bien). Incluso puede darse el caso, en situaciones de hiperinflación, de que el vendedor directamente no admita ningún tipo de intercambio monetario: en ese punto, deja por completo su actividad mercantil o se pasa al trueque (que no es nada eficiente).

Por supuesto, el siguiente paso (en realidad es casi inmediato, como estamos viendo ya esta semana) es el desabastecimiento. Numerosos importadores dejarán de venderle a Rusia: por las incertidumbres, por sumarse a las sanciones, por desconfianza en la moneda o en el crédito de las empresas, por el encarecimiento de todos los trámites... Un poco por todo. La imagen más evidente que está tomando esta desconexión del país del comercio mundial la tenemos en los centenares de grandes empresas que están cerrando sus oficinas en Rusia o que están suspendiendo sus actividades. Con muchas derivadas: bienes de consumo que ya no están al alcance de los consumidores; tecnología de todo tipo y bienes de capital que ya no pueden comprar y que les hace menos competitivos; y miles de ciudadanos, normalmente entre los trabajadores mejor pagados y más productivos del país, que por primera vez en muchos años temen por su futuro económico.

¿Inflación + desabastecimiento? Aquí llega el momento del Gobierno. Y casi todos reaccionan igual, con muy poca imaginación, ningún conocimiento económico y las mismas medidas: una mezcla de precios máximos, cartillas de racionamiento, límites a la compra de algunos productos o prohibiciones a las exportaciones.

Colas y precios

El Ejecutivo ruso ya ha empezado, por ejemplo, imponiendo límites a las compras de determinados productos para evitar el acaparamiento; prohibiendo las exportaciones de materias primas estratégicas y de las que hay carestía (como los fertilizantes); obligando a los exportadores a convertir en rublos el 80% de las divisas que obtengan... ¿El resultado previsible? En los mercados internacionales, menos exportaciones, lo que se traducirá en una reducción todavía mayor de la entrada de divisas fuertes en el país. Lo que debilitará todavía más a la moneda nacional.

¿Y en el interior del país? Lo primero, colas. Que hasta ahora se han concentrado sobre todo en los cajeros y las entidades financieras, pero llegarán a los comercios. En cierto sentido, una cola no es más que otra forma de pago. Si las autoridades no permiten que los precios monetarios suban (o que alguien compre mucho de algo)... los ciudadanos reaccionan gastando su tiempo. Los que valoran mucho un bien antes pujaban con su dinero; ahora lo hacen llegando muy pronto a la tienda y esperando (aunque haga frío) a que se vuelvan a reponer las existencias. El precio de cualquier bien en cualquier lugar del mundo no sólo es el del coste que marca su etiqueta, sino el del tiempo, molestias, dificultades... que tenemos que pasar para adquirirlo. Si no nos dejan subir el de la etiqueta, la discriminación entre los consumidores llegará por el otro lado.

No hay ningún motivo para suponer que en Rusia no se produzca el siguiente paso: tras los precios máximos, las colas y el desabastecimiento... el mercado negro. Que en parte ayuda a los consumidores a conseguir lo que los medios oficiales le impiden, pero que suele llegar acompañado de precios más elevados, inseguridad jurídica, aparición de mafias, etc. Decía este domingo alguien en Twitter que Putin, que en tantos aspectos ha reivindicado la época soviética, ahora parece decidido a traernos algunas de sus escenas más icónicas: supermercados vacíos, amas de casa con una bolsa por la calle por si ven que hay un suministro inesperado, largas filas de consumidores, estraperlo en la parte de atrás de los comercios...

Por último, una derivada sobre el patrimonio de los rusos. Porque todo esto que hemos hablado hasta el momento afectará a sus rentas y a su consumo. Pero el desacople de la economía rusa de la del resto del mundo tendrá consecuencias también sobre sus inversiones: las que estén en rublos, ya valen un 20-30-40% menos que hace un par de semanas. Las que estén en el extranjero no pueden tocarse (para hacer frente a las necesidades que una situación así generará). Además, los mercados financieros del país siguen cerrados y todo el mundo asume que el día que abran el desplome será histórico. Y el dinero en sus cuentas corrientes (en rublos) cada día vale menos.

También por eso estamos leyendo noticias y comentarios en redes sociales que hablan de rusos que en los primeros días intentaron deshacerse de sus rublos y otros bienes, comprando joyas, objetos de consumo caros (electrónica, televisiones...) e incluso casas en el extranjero. Casi siempre, el dinero es el bien más líquido, por eso lo atesoramos y por eso los consumidores tienen la mano ganadora en cualquier intercambio. Pero ese "casi siempre" aquí no funciona. Ahora para preservar a medio plazo el valor del patrimonio acumulado, muchos residentes en Rusia pueden pensar que este tipo de bienes serán más útiles que el rublo. Claro, esto tiene un coste: no usamos joyas como dinero por muchos motivos (y el principal es que no es tan líquido como el dinero y no preserva el valor ni es tan fácil de convertir en otros bienes de consumo sin sufrir un quebranto en la transacción).

Decíamos este sábado que los líderes rusos y los de la izquierda europea van a poder aprender algunas lecciones básicas de economía. Todo el que haya hablado con un venezolano, de los muchos que se han instalado en España en los últimos años, se habrá extrañado de lo mucho que saben de fenómenos monetarios y la facilidad para hacer algunos cálculos (por ejemplo, con los tipos de cambio) que a nosotros nos resultan muy complejos. La necesidad agudiza el ingenio y el aprendizaje. Los rusos ya intuyen que van sabrán más de economía dentro de unos meses. Eso sí, no creemos que les vaya a hacer ninguna gracia.

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