Las seis claves del recorte a las pensiones que prepara Escrivá

El ministro de Seguridad Social plantea elevar el período de cálculo de 25 a 35 años. Esto supondría una rebaja sustancial de las nuevas prestaciones.

D. Soriano

Hace unos días, Carlos Segovia publicaba la siguiente noticia en El Mundo: "Escrivá plantea subir a 35 años el plazo de cotización para calcular la pensión y Podemos se opone".

A partir de ahí, comenzaba una semana muy tensa, muy larga y muy complicada para el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. A José Luis Escrivá se le está atragantando este final de año. Es lo que tienen los ministerios de nombre tan largo, que hay muchos temas que le afectan, desde los inmigrantes en Canaris y los vuelos a la península al Ingreso Mínimo Vital que apenas llega a una pequeña parte de los solicitantes.

Y ahora, además, las pensiones. La propuesta, según asegura Segovia en su artículo, estaba la semana pasada en el orden del día de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos. O lo que es lo mismo, que aquello no es una ocurrencia o una idea que está por ahí flotando, como muchas otras. Es una idea muy concreta y que encaja a la perfección con las exigencias de Bruselas. Cómo es aquello de que "quien paga manda". Pues en este momento, en España, el que tiene el dinero, el que avala las emisiones de deuda, el que permite que la prima de riesgo siga controlada... es un ente llamado Eurogrupo (en realidad, más que al Eurogrupo como órgano en el que se reúnen los ministros de Economía, deberíamos referirnos al conjunto de países que conforman la Eurozona).

Es un ente colectivo y, por lo tanto, no uniforme ni con una sola voz; no especialmente cohesionado ni preocupado por los asuntos españoles; al que se puede engañar (España lo lleva haciendo con el déficit y la deuda casi una década) y que es flexible hasta rozar el contorsionismo. Pero que, incluso así, tiene el dinero y de vez en cuando, pocas veces eso es cierto, lo recuerda.

No sabemos si en este caso es la presión de sus colegas en Bruselas la que ha empujado a Escrivá a hacer el anuncio o simplemente es que se ha puesto a hacer cuentas y no le salen. Pero en cualquier caso, es una noticia bomba. Porque no hace ni dos meses de la publicación de las recomendaciones del Pacto de Toledo y el Gobierno se desmarca de las mismas con una propuesta que no estaba en aquel documento y que supondría un importante recorte de las nuevas prestaciones. Hace ya mucho de aquello y los más jóvenes no lo recuerdan, pero por algo parecido le montaron una huelga general a Felipe González en el año 1985.

Las claves

Las siguientes son los seis aspectos más relevantes en esta polémica:

1. ¿Pacto de qué?

El 10 de noviembre, el Boletín Oficial de las Cortes Generales publicaba el "Informe de Evaluación y Reforma del Pacto de Toledo".

¿Y qué decía aquel documento sobre el período de cálculo? Pues poco y podríamos decir que ese poco iba en la dirección contraria a la planteada por Escrivá.

En la recomendación cinco, la Comisión plantea:

La progresiva ampliación de 15 a 25 años del periodo de tiempo utilizado para el cálculo de la base reguladora —que culminará en 2022— implica un reforzamiento de la contributividad del sistema de pensiones. No obstante, la Comisión considera importante evaluar, a la mayor brevedad posible, su impacto en función del tipo de carrera profesional del trabajador, a menudo marcada por periodos de desempleo y de precariedad. Dicha evaluación debe contemplar, también, otras medidas como la facultad de elección de los años más favorables en la determinación de la base reguladora de la pensión.

Y en el resumen matiza un poco más qué quiere decir esa quinta recomendación:

Evaluación de la ampliación de la progresiva del período de cálculo de la base reguladora de las pensiones.

¿35 años? No. Esa propuesta ni estaba ni se esperaba.

Estirando mucho la interpretación, se puede decir que esa "evaluación" puede entenderse en sentido amplio. Y que se ha evaluado y hay que subir de 25 a 35.

Pero sería un poco engañoso. En realidad, lo que se proponía marchaba más bien en la dirección contraria: evaluar cómo ha impactado la reforma de 2011 (que ampliaba el período de cálculo de 15 a 25 años) para analizar si era conveniente introducir elementos correctores, como la posibilidad de elegir los mejores 25 años de la vida activa para cada trabajador. De hecho, la propuesta de pasar de 25 a 35 estuvo sobre la mesa y se descartó. Había partidos que no la querían y se supone que el Pacto de Toledo busca el consenso. No están los 35 años porque se quiso que no estuvieran.

¿Y entonces para qué sirve el Pacto de Toledo? Es que no ha pasado ni un mes y medio. Pues eso nos preguntamos muchos desde hace años. Pero no Escrivá, que en cada una de sus comparecencias, primero como presidente de la AIReF y luego como ministro, ha repetido a los diputados allí reunidos que era su labor hacer recomendaciones y que luego el Gobierno tendría que desarrollarlas. Pues aquí ese desarrollo se ha hecho con una interpretación muy extensiva (o no haciendo ni caso al Pacto, según lo quiera ver cada uno).

2. Un Gobierno, 23 voces

Ni es el primer enfrentamiento público ni será el último. Y es lógico que los haya, porque es lo que tienen los grupos humanos y es lo que tienen, todavía más, los gobiernos de coalición.

Lo que llama la atención en este caso no es tanto la diferencia en las opiniones como el grado de desacuerdo y la importancia del asunto. De hecho, cuesta pensar en alguien que, más allá de Escrivá y Calviño, esté dispuesto desde el Gobierno a quemarse apoyando la medida. Ni le gusta a Podemos ni debería gustarle al PSOE: no hay nada en el programa electoral de los socialistas que esté cerca de esta propuesta. Y los portavoces socialistas en la Comisión del Pacto de Toledo llevan años sin querer hablar del tema. Con lo aprobado en 2011, venían a decir, era suficiente.

Es verdad que la ampliación del período de cálculo va en la línea marcada por Octavio Granado, secretario de Estado de la Seguridad Social entre 2018 y 2019. Libre Mercado lo explicaba en octubre de 2018: "Granado esboza el futuro de las pensiones: ahora subirán con el IPC… y el 'hachazo' llegará con el cálculo de la base". Pero precisamente este tipo de anuncios fueron los que socavaron su posición y le granjearon no pocas antipatías entre los suyos.

Ahora Escrivá se enfrenta al PSOE, a Podemos, a los sindicatos, al resto de partidos que apoyan al Gobierno. Y deja un flanco a la izquierda por el que atacar: porque, y esto es importante, Podemos, ERC o Bildu son aliados del PSOE en el Congreso, pero también compiten electoralmente con los socialistas. Una medida tan impopular como ésta seguro que será utilizada en campaña: a Podemos le encanta cohesionar a sus bases con esa idea de "imaginad qué haría el PSOE si no nos necesitara". Pues, con esto, se lo han puesto en bandeja.

3. La sostenibilidad del sistema

Esta reforma implicaría una quiebra. Otra más. El sistema es "sostenible", como dicen sus defensores, si se endurecen las condiciones de acceso al mismo. O lo que es lo mismo: tienen razón los catastrofistas que dicen que o se cambian las reglas o aquello se viene abajo. Esto no lo dice de forma explícita Escrivá, pero es lo que se deduce de su propuesta.

Puede ser una quiebra necesaria (en Libertad Digital-Libre Mercado, por ejemplo, nos hemos posicionado a favor de este tipo de medidas), como muchas de las quiebras y concursos de acreedores que afectan a muchas empresas cada día. Pero no por eso hay que ocultar la realidad de la misma.

Y no es un tema menor: como ya hemos explicado en otras ocasiones, la reforma de 2011 del PSOE, la que cambió las llamadas ·reglas paramétricas" era en realidad más dura, porque implicaba más recortes para las pensiones futuras, que la reforma de 2013 del PP.

4. Cuánto y a quién

Lo primero, que quede claro: a los actuales pensionistas esto no les afecta en absoluto. Como el 90% de las pasadas reformas de las pensiones. Nadie se atreve. ¿Deberían participar también del ajuste? Ése es otro debate. Pero no lo harán, tampoco ahora.

Esto afectaría a los pensionistas del futuro. Habría que saber qué plazo de aplicación maneja el ministro, pero suena razonable suponer que esto comenzaría a aplicarse de forma paulatina y que esos 35 años se tomarían en cuenta a partir de 2030-35.

¿Y a cuánto ascendería el recorte? Depende de la carrera laboral de cada uno. Podría ocurrir, incluso, que a alguien le beneficiase el nuevo método de cálculo: por ejemplo, alguien que cobrase más con 30-32 años que con 55-57. Eso sí, de nuevo, sin trampas: esto no le ocurre a casi nadie. Para la gran mayoría de trabajadores, la reforma es un recorte.

Hace unos meses, la AIReF puso a disposición de los usuarios de su web lo que podríamos denominar como una calculadora de pensiones. Lo que se puede hacer con esta herramienta es calcular cómo evolucionarán las prestaciones medias, el gasto público, la deuda, etc. en función de diferentes escenarios que tienen en cuenta aspectos como la demografía, la macro o las reformas normativas.

Es una herramienta muy útil y fácil de usar (el único pero es que las cifras de pensiones medias están en euros corrientes, sin ajustar por la inflación y eso puede llevar a error, porque las prestaciones del futuro aparentan ser más altas de lo que serán en realidad).

Nosotros la usaremos planteando dos escenarios:

Escenario 1: las pensiones se revalorizan con la inflación, la edad efectiva de jubilación se acerca a los 66 años (objetivo prioritario de Escrivá), escenario demográfico central y escenario macro central. Período de cálculo: 25 años.

Con estos parámetros, la pensión media en 2035 ascendería a 1.468 euros y en 2050 a 2.001 euros.

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Escenario 2: las pensiones se revalorizan con la inflación, la edad efectiva de jubilación se acerca a los 66 años (objetivo prioritario de Escrivá), escenario demográfico central y escenario macro central. Período de cálculo: 35 años.

Con estos parámetros, la pensión media en 2035 ascendería a 1.434 euros y en 2050 a 1.922 euros.

pensiones-calcu-airef-escenario-2.jpg

En las dos tablas, sacadas directamente de la web de la AIReF, se pueden ver con más detalle los resultados. Y cada uno puede usar la calculadora para plantear sus propios escenarios.

Como hemos indicado, el resultado de la pensión media puede confundir un poco porque no ajusta por la inflación (es decir, esos 2.000 euros de pensión media en 2050 no son equivalentes a 2.000 euros en la actualidad). Y porque la pensión media incluye todos los regímenes y a todos los pensionistas, no sólo a los que se acaban de jubilar.

Dicho todo esto, vemos que la diferencia en la pensión media entre los dos escenarios es de unos 80 euros al mes (unos 1.000 euros al año) en 2050. Pero, como decimos, esto mezcla prestaciones de jubilados a los que no afecta la reforma, porque ya estaban retirados cuando se puso en marcha, y de los nuevos pensionistas. El cálculo es complejo: depende de los incrementos de sueldos-cotizaciones entre esos 25-35 años previos a la jubilación, de los períodos de desempleo, etc... No hemos encontrado un cálculo fiable y actualizado sobre el impacto en la pensión media de las nuevas altas, que incluya estas variables y las compare con las previsiones actuales. Pero esos 1.000 euros al año de la AIReF son el límite inferior: hablamos de una cifra real, para nuevos jubilados del régimen general, que será superior, eso es seguro (aquí, por ejemplo, Cristina Alonso en La Información, tomando como referencia un informe de la Seguridad Social del año 2007, cuando se planteó una reforma similar, calcula una caída del doble -168 euros al mes- en las nuevas pensiones; no nos parece una cifra descabellada).

Para que nos hagamos una idea del impacto de la reforma, podemos coger el siguiente gráfico que Fedea publicó en 2012, analizando el impacto de lo aprobado el año anterior (obra de J. Ignacio Conde-Ruiz y Clara I. González). Muestra el recorte del gasto, en términos de PIB: pues bien, como vemos, pasar de 25 a 35 años para el período de cálculo de la pensión implica un ahorro de más del doble del que supuso pasar de 15 a 25. Y recordemos que pasar de 15 a 25 fue la medida más importante, en términos de recorte del gasto, de las tomadas entre 2011 y 2013. Una medida que ya está teniendo efectos: las nuevas pensiones ya no suben como antes... incluso, algunos años, bajan.

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5. La contraprogramación

En este punto, muchos futuros pensionistas se preguntarán: ¿será ésta la última reforma-recorte? No lo sabemos, pero no lo parece.

También es verdad que a Escrivá intentarán contraprogramarle: ya lo hizo el Pacto de Toledo, que no sólo descartó esta propuesta en sus recomendaciones finales sino que incluso empujaba en sentido contrario: lo que proponía era dejar el período de cálculo en esos 25 años y estudiar la opción de que fueran los 25 mejores años; lo que no sólo no era un recorte del gasto, sino que implicaba un incremento del mismo.

Ahora la pregunta es, ¿quién manda más en el Gobierno? ¿Cuánto puede aguantar Calviño las presiones de Bruselas? ¿Y cuánto daño pueden hacer los socios de Sánchez con este tema, muy dado a la demagogia? La respuesta, en los próximos meses.

6. ¿Caerá la pensión media?

No lo sabemos.

A pesar de lo dicho en el punto 4, lo normal es que la pensión media real (teniendo en cuenta también la inflación) no caiga. ¿La razón? Los nuevos jubilados tendrán carreras más largas y bases de cotización más altas que sus padres y abuelos.

Esto es muy importante. Quizás lo más importante que debamos tener en cuenta, porque muchas veces tratan de confundirnos con ese mantra de "la pensión media no bajará". Pero es que el recorte se aplica sobre lo que nos tocaría con las actuales reglas, no en comparación a las prestaciones de los jubilados de 2020 (una comparación que no tendría mucho sentido).

Lo explicamos con un ejemplo:

  • Un jubilado recibió, al dejar de trabajar en 2010, con 65 años, una pensión de 1.500 euros
  • Si a su hijo, que se jubilará en 2035 y que tiene un sueldo más alto y una carrera sin interrupciones, le aplicaran las mismas reglas, cobraría una primera pensión de 2.200 euros
  • ¿Qué pasa con las nuevas reglas? Con la reforma de 2011, la prestación pasa a 2.000 euros. Con la reforma de 2013, la prestación pasa a 1.800 euros.
  • Sí, el jubilado de 2035 cobrará más que su padre en 2010 (y hablamos de euros en términos reales, descontando la inflación, para que la comparación sea justa). Pero eso no es lo relevante: lo que nos importa es que su pensión es mucho más baja de lo que habría sido si le hubieran aplicado las mismas reglas que a su padre.
  • Y, por supuesto, en términos de tasa de sustitución (relación primera pensión / último salario) el recorte también es sustancial respecto a los que se jubilaron antes que él.

¿Son necesarios estos cambios? Probablemente sí. E inevitables. Pero no nos hagamos trampas manipulando el lenguaje o las variables en juego: en pensiones, las reformas son sinónimo de recortes.

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