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El terrorismo callejero de los Antifa se ceba con los comerciantes: saqueos y palizas en EEUU

Los extremistas de izquierda sumen a Estados Unidos en una oleada de salvajismo y violencia sin control tras la muerte de George Floyd.

Elena Berberana

La declaración del toque de queda en cuarenta ciudades del país y la activación de la Guardia Nacional en quince estados y en la ciudad de Washington, no han logrado frenar el vandalismo callejero de los Antifa.

Comercios, gasolineras, bancos, restaurantes, hoteles, vehículos de la policía y viviendas de particulares, prenden en llamas debido a la avalancha de terroristas anticapitalistas callejeros que están tomando el control de las calles en Estados Unidos.

La muerte del afroamericano George Floyd a manos del agente Derek Chauvin ha sido la excusa para hacer aflorar la violencia más hostil contra la sociedad civil en aras de "la justicia social". Bajo el manto y justificación de la "lucha racial", las turbas radicales izquierdistas están cebándose con inocentes ciudadanos que apenas logran defenderse de lo que es ya una guerra abierta contra los blancos y cualquier vestigio de capitalismo que, en ningún caso, guardan relación con el desgraciado suceso acaecido en Mineapolis.

El terror y el pánico se apodera de la población que ve cómo los supuestos pacifistas, alentados por los demócratas en los medios de comunicación norteamericanos, roban y saquean a placer armados con palos, cócteles molotov y, en muchos casos, armas de fuego.

Pese a que las autoridades ya han acusado al policía Chauvin de asesinato en tercer grado y lo han detenido, según informó el fiscal del condado de Hennepin, Mike Freeman, nada parece contentar a los vándalos izquierdistas que "pretenden acabar con el sistema".

La paradoja es la de siempre. Los terroristas anticapi llevan su smartphone para grabar la destrucción de las tiendas y marcas que dicen aborrecer. Y con la misma estrategia que recuerda a la noche de los cristales rotos, los odiadores se pegan entre ellos por hacerse con el botín. No sin antes haber asaltado violentamente a los que se les pongan por delante. Las escenas se repiten por todo el país. Y es que los organizadores Antifa están dando instrucciones sobre cómo actuar.

Las protestas están dejando imágenes estremecedoras. La policía busca identificar a los matones que atacaron a una anciana blanca y a su esposo que intentaban proteger sus negocios en Rochester, Nueva York. En el vídeo se ve claramente la brutalidad con la que actúan "los justicieros de George Floyd".

La radicalidad de esta nueva generación recuerda a los Panteras Negras, la organización supremacista negra, socialista y revolucionaria surgida en los sesenta. Al igual que sus antecesores racistas con los blancos, los violentos no se apiadan en muchos casos de sus víctimas, a juzgar por los cientos de vídeos que no plagan las redes sociales. En uno de ellos se ve cómo el propietario blanco de un restaurante en Columbia, Carolina del Sur, fue noqueado y ferozmente golpeado tras haber llamado a la policía dando la voz de alarma.


En otro de los dantescos episodios que deja la jornada, se observa cómo después de robar en varios locales, los Antifa pegan con palos a un hombre y aprovechan el momento para robar el móvil a un transeúnte.

La mayoría de negocios, sin embargo, opta por no abrir. Se trata de salvar la vida pese a las pérdidas económicas del desastre. En Montreal un grupo de violentos alborotadores rompieron las ventanas de la tienda de Steve's Music y se llevaron decenas de guitarras eléctricas. Para estar en contra del malvado capitalismo, a los Antifa parece que les encanta hacerse con todo lo que el capitalismo ofrece, eso sí, gratis y mediante la fuerza.

Para amedrentar a las víctimas, entre saqueo y saqueo, los manifestantes también suelen arrojan pequeños artefactos caseros que explosionan en mitad del caos en las calles. En Boston se ha llegado a grabar la explosión de lo que parece un cóctel Molotov.

Desafortunadamente, la delincuencia se respira en cualquier rincón de Estados Unidos. Así se ha visto cómo en el Soho de Nueva York, una tienda de relojes Rolex es devorada por las ansias de las revueltas de hombres blancos que acompañan a los afromericanos en sus delitos.

En Downtown en Dallas, en mitad de la euforia delictiva hasta uno de los manifestantes se choca con el cristal mientras roba a la desesperada y con alegría junto al resto de violentos.

Ni las pastelerías se libran de las hordas Antifa y sus ganas de dulce. Una encapuchada lleva una tarta como postre y premio.

Y, por qué no, ya puestos van directos a romper las lunas de los establecimientos de las marcas de lujo como Gucci.

Las tiendas de Nike también son de las más solicitadas para saquear por los Antifa. Las zapatillas vuelan.

Incluso se dan capítulos tan disparatados como el de saqueadores peleándose entre sí por el botín de marcas capitalistas como está sucediendo en California.

Salvajismo de selfie

Ante estos sucesos sin precedentes en el siglo actual en Estados Unidos, un alto funcionario de la cadena de mando directa para defender Washington DC dijo a Fox News que más de 50 oficiales del Servicio Secreto han resultado heridos el domingo por la noche hasta el momento. Y añadió que están intentando controlar a las masas izquierdistas a las que ya no les importa ni el distanciamiento social ni el coronavirus.

El salvajismo de selfie impone su ley a cualquiera que le contradiga. A lo Mad Max atracan vehículos policiales, los queman y atentan contra los que se defienden.

Los Antifa la emprenden con cualquiera. Vapulean a una mujer blanca en bicicleta que no ha hecho nada. Un hombre blanco intenta defenderla y terminan con él en el suelo a patadas.


La misma estrella afromericana NBA JR Smith harto de ver cómo estaban rompiendo y quemando los coches en su barrio se dirigió a uno de ellos al que terminó propinándole patadas en el suelo en Los Ángeles, tal y como informó el portal TMZ.

Autodefensa ciudadana

En vista de la indefensión latente, muchos ciudadanos han decidido armarse y defender al estilo tejano lo que es suyo. El dueño de una tienda a punta de pistola echaba a los atracadores de uno en uno. En otro negocio, los propietarios de un restaurante italiano lograban ahuyentar con sus armas a los ladrones Antifa.

En las viviendas particulares y urbanizaciones de la periferia también se han dado este tipo de escenas. En una de ellas los propietarios se atrincheran con armas y pistolas para impedir ser atacados por los manifestantes.

En Washington, se han levantado columnas de humo y los manifestantes de madrugada han incrementado la violencia. La histórica Iglesia de San Juan cerca de la Casa Blanca ha sido incendiada por los manifestantes esta noche. No en vano el presidente, Donald Trump, ha aprobado calificar a los Antifa como una organización terrorista que ya está siendo investigada.

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