Los datos que cuestionan el confinamiento masivo del estado de alarma de Sánchez

Un cerrojazo absoluto no tiene por qué ir de la mano de mejores datos de mortalidad, y viceversa.

Diego Sánchez de la Cruz

La Universidad de Oxford ha creado un interesante índice en el que mide la intensidad de las medidas de aislamiento aprobadas por los distintos países del mundo en el marco de su respuesta a la covid-19. Según este planteamiento, España figura entre los cinco países que más restricciones ha aprobado tras el estallido de la pandemia.

El primer puesto de la tabla es para Nueva Zelanda, con 97 puntos sobre 100. El segundo lugar es para Eslovenia, que obtiene 92 puntos. Italia completa el podio, con 90 puntos. España y Francia comparten la cuarta y quinta posición del índice elaborado por la Universidad de Oxford, con una calificación de 89 puntos.

Frente a este modelo de confinamiento generalizado, ocho países de la OCDE reciben 60 puntos o menos, mientras que otros ocho miembros de la entidad que agrupa a las economías más desarrolladas reciben una calificación de más de 60 pero menos de 70 puntos. Hablamos de países que también han tomado medidas de aislamiento, pero sin llegar tan lejos como hemos visto en nuestro país.

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Si tomamos como referencia el número de fallecidos producidos el 30 de abril en cada uno de los países de la OCDE y lo comparamos con el grado de confinamiento adoptado el 30 de marzo, encontramos que el grupo de once países con medidas más estrictas presentaba una tasa media de 208 fallecidos por millón de habitantes, frente al promedio de 90 decesos por millón de habitantes registrado entre los países que adoptaron medidas menos estrictas.

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Si presentamos en un mismo gráfico el total de fallecidos por millón de habitantes y la nota obtenida en el ranking de la Universidad de Oxford, vemos que no hay una correlación entre la primera y la segunda variable.

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Serían necesario un estudio más detallado para sacar conclusiones más avanzadas. Por ejemplo, habría que tener en cuenta el efecto calendario, puesto que el brote no se produjo en todos los países en el mismo momento. Otro ejemplo sería la evolución del brote antes del confinamiento, puesto que podría ser que el mayor nivel de confinamiento esté asociado en algunos casos con niveles más altos de incidencia de la infección.

Sin embargo, las comparativas entre países revelan que, en efecto, un cerrojazo absoluto no tiene por qué ir de la mano de mejores datos de mortalidad, y viceversa. Pensemos, por ejemplo, en los datos de Eslovaquia y Eslovenia, dos países que apostaron por políticas distintas ante la covid-19. En Eslovaquia, la nota asignada al grado de confinamiento es de 64 puntos sobre 100, frente a los 92 de Eslovaquia. Sin embargo, la mortalidad es de 4 decesos por millón de habitantes en el primer caso y de 44 fallecidos en el segundo.

De hecho, como entre aquellos países que no decretaron un confinamiento masivo se ven grandes diferencias, esto también podría sugerir que el grado de cerrojazo no es la variable clave para reducir la mortalidad de la covid-19. La tasa de decesos por millón de habitantes es mayor en Países Bajos (280), Suecia (256) o Estados Unidos (187), pero registra niveles mucho menores en Portugal (97), Canadá (79), Finlandia (38), Islandia (29), Polonia (17), Chile (12), Corea (5) o Japón (3).

Lo mismo ocurre si hacemos este ejercicio al revés y nos fijamos en los países que han adoptado medidas más restrictivas. En este grupo aparecen países con un nivel elevado de mortalidad por millón de habitantes, caso de España (525), Italia (458), Reino Unido (384), Francia (369), Irlanda (241). Sin embargo, el dato para Luxemburgo (142) se sitúa en una zona intermedia, mientras que Austria (65), Eslovenia (44), Estonia (39), México (13) o Nueva Zelanda (4) presentan datos más bajos de decesos. De nuevo, esto apuntaría que el factor clave no es el confinamiento.

Libre Mercado presentó recientemente varios estudios que, con otras metodologías, llegan a conclusiones similares, por ejemplo comparando los resultados en materia de mortalidad de distintos países o regiones. De modo que el mantenimiento de las severas restricciones del estado de alarma impulsado por Pedro Sánchez se antoja cada vez más cuestionable a la luz de la evidencia internacional.

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