Los datos que demuestran que un mayor gasto sanitario no garantiza el éxito frente al Covid-19

Portugal dedica prácticamente el mismo volumen de recursos que España, pero tiene un 86% menos de mortalidad.

Diego Sánchez de la Cruz

El estallido de la crisis del coronavirus ha puesto en evidencia la flagrante incapacidad de gestión del gobierno de España. No hay que olvidar que, si se ajustan los datos para descontar el efecto calendario, encontramos que nuestro número de fallecidos es un 27% más alto de lo que registraba Italia cuando alcanzó las cuarenta jornadas desde el inicio de los decesos por Covid-19. Además, si se analiza la incidencia per cápita del brote, encontramos que las muertes ascienden a 390 por cada millón de habitantes, el nivel más alto de todo el mundo (salvando las micronaciones de San Marino y Andorra).

Ante semejante debacle, el gobierno de coalición entre socialistas y comunistas y sus altavoces mediáticos no han tardado en buscar chivos expiatorios. Se intentó decir, por ejemplo, que la clave de lo sucedido estaba en "los recortes del PP", si bien los datos demuestran que el gasto sanitario subió un 13% en los principales feudos autonómicos gobernados por la formación que hoy preside Pablo Casado. De hecho, allí donde el PSOE ha alcanzado más cuotas de poder, los desembolsos sanitarios han bajado un 4%.

Pero, más allá de lo que ponen de manifiesto estos datos, sería un error pensar que gastar más es gastar mejor. Evidentemente, hay niveles mínimos de gasto sin los cuales sería imposible tener un buen sistema sanitario. Sin embargo, por encima de dichos suelos, la clave radica en la forma en que se manejan los recursos dedicados a hospitales y centros de salud.

En España vemos, por ejemplo, que nuestro puesto en el Índice Bloomberg de Eficiencia Sanitaria mejoró durante la pasada crisis. No solo eso: en indicadores como la esperanza de vida, el estado de salud de la población o el acceso a cuidados médicos se produjo también un salto adelante. Y todo en un contexto en el que el gasto total cayó ligeramente. (Para conocer los datos con detalle, hagan click aquí).

El Covid-19 vuelve a demostrar que la clave es la gestión

Ahora, la mortalidad asociada al Covid-19 vuelve a poner de manifiesto que la incidencia letal del brote no depende un mayor nivel de gasto sanitario ni de una tendencia ascendente en dicha rúbrica. Y es que, si tomamos por un lado los indicadores de gasto público en salud que elabora Eurostat y si analizamos por otro lado las cifras de mortalidad por habitante ligadas a la pandemia, podemos ver que no hay una correlación entre gastar más y registrar un menor número de fallecimientos.

Así, entre los países europeos que más recursos públicos dedican a la sanidad están algunos de los países que mejores resultados han obtenido frente a la pandemia (caso de Dinamarca o Austria, con desembolsos del 8,3% y el 8,2% del PIB en esta rúbrica), pero también figuran otros casos de países como Francia (8,1% del PIB), que ocupa el cuarto puesto en el ranking europeo de mortalidad por habitante.

De igual modo, la verdadera superestrella en materia de prevención de la pandemia ha sido Grecia, a pesar de que su gasto público en sanidad asciende al 5% del PIB, uno de los niveles más bajos de toda Europa. De hecho, a lo largo de la década que va de 2008 a 2018, Grecia recortó un 25% el monto de dinero público consignado a este tipo de desembolsos, puesto que antes de la Gran Recesión venía dedicando el 6,5% del PIB a dichos programas. Pese a esos ajustes, Grecia tiene 10 fallecidos por cada millón de habitantes, muy lejos de los 390 de España.

España se sitúa en la zona media-baja de la tabla, con desembolsos que suponen el 6,1% del PIB en materia de salud. Pese al mantra de los "recortes", este porcentaje es muy similar al de 2008, cuando este ratio era del 6%. Sin embargo, nuestro país está a la cabeza del ranking de mortalidad por coronavirus, con 390 muertes por millón de habitantes.

Por comparación, Portugal dedica a este epígrafe un porcentaje muy similar de gasto público (apenas tres décimas más que España) y, además, ha recortado dichos desembolsos durante la última década (gasta hoy un 14% menos, puesto que ha pasado del 7,3% al 6,3% del PIB), pero sus cifras de mortalidad per cápita asociada al coronavirus son un 86% más bajas (56 fallecidos por cada millón de habitantes).

La experiencia de las CCAA

En las últimas semanas hemos podido comprobar que algunas de las regiones que mejores resultados han tenido en materia de lucha contra el coronavirus son territorios donde se tomaron medidas rápidas y eficientes, caso de Andalucía o Murcia. También Madrid ha demostrado que las decisiones de aislamiento tomadas a nivel autonómico y local con días de antelación han permitido aplanar la curva antes que en el resto del país a pesar de que la capital fue durante muchas semanas la zona más afectada por el Covid-19. No es de extrañar, pues, que en medios extranjeros como el Financial Times se haya destacado el trabajo del gobierno que encabeza Isabel Díaz Ayuso. De igual modo, también es coherente que Martínez Almeida se haya convertido en uno de los líderes mejor valorados por su gestión de la pandemia.

De hecho, si analizamos las medidas de prevención en clave de gasto, la CAM ha estimado que su brecha fiscal derivada del Covid-19 subirá en 1.200 millones de euros, de los cuales unos 1.000 millones van asociados a gasto sanitario. Extrapolando los datos para el conjunto de España, hablaríamos de 5.000 millones, es decir, del 3% del gasto autonómico.

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