Así se gastó Sánchez el dinero que ahora necesita España contra el coronavirus

El aumento del gasto público ha sido muy superior al crecimiento, dejando a nuestro país sin colchón para enfrentar el COVID-19.

Diego Sánchez de la Cruz

España puede sufrir un grave deterioro en sus cuentas públicas como resultado de la crisis sanitaria y económica que ha desatado el coronavirus. Tomando como referencia los escenarios que maneja el Fondo Monetario Internacional, España podría vivir un espectacular aumento del déficit, que alcanzaría el 10% del PIB en 2020. Más pesimista aún es el Consejo General de Economistas, que advierte de un socavón en las cuentas públicas que podría llegar al 15% del PIB.

Hace apenas dos años, el curso 2020 estaba marcado en rojo en el calendario fiscal de los técnicos de la Comisión Europea porque debía ser el año clave para que España dejase atrás el déficit público tras acumular déficit tras déficit durante una docena de años. Sin embargo, el excesivo gasto que se ha venido produciendo desde que gobierna Pedro Sánchez ha acabado dejándonos sin ese colchón fiscal, agravando sobremanera nuestra situación presupuestaria.

Durante el año 2019, el gasto en consumo final de las Administraciones Públicas creció el doble que el conjunto de la economía. Mientras que el PIB avanzó a un ritmo del 2% durante el conjunto del ejercicio 2019, el componente referido a los desembolsos del Estado osciló entre el 3,8% y el 4,6%, dependiendo del trimestre analizado.

Si hace algunos años saludábamos la contención del gasto como un factor que permitía reducir el peso del Estado sobre la economía (desde el 48% alcanzado en 2012 hasta el 41% registrado en 2018), en 2019 nos encontramos con la situación inversa: la economía creció cada vez menos y el gasto creció cada vez más.

Un análisis trimestre por trimestre aflora esta problemática de forma clara. En el año 2006, los datos trimestrales de variación interanual del gasto de las AAPP oscilaron entre el 8% y el 8,8%. En 2007, este intervalo fue del 8,8% al 9,6%. Y en 2008, dicho indicador se movió entre el 8,5% y el 10,6%. La crisis empezó a provocar una desaceleración en la capacidad de gasto de las AAPP en 2009, pero las tasas registradas siguieron siendo muy elevadas y, en dato trimestral, se movieron en aumentos interanuales comprendidos entre el 4,4% y el 6,9%. El año 2010 es el primero en el que ya se dan tasas negativas, puesto que el tercer trimestre registra una corrección interanual del gasto del 0,6%, la primera de la serie, mientras que el cuarto marca un descenso aún más acusado, del 1,5%. En el primer y segundo trimestre, los datos habían sido positivos: 2,4% y 1%, respectivamente. Los descensos siguieron produciéndose en 2011, cuando se registraron tasas negativas que se movieron entre el 0,3% y el 1%.

En 2012, con la salida de Rodríguez Zapatero y la llegada de Mariano Rajoy, estos indicadores pasan a experimentar descensos mucho mayores, que fueron del 3,4% al 12,2%. La austeridad se mantuvo en los tres primeros trimestres de 2013, con caídas que se movieron entre el 2,8% y el 4,9%, pero se invirtió en el cuarto trimestre del año, cuando se produjo una aceleración del gasto hasta el 6,1%. Un año después, en 2014, los gastos se estabilizaron en niveles de contención, moviéndose entre caídas del 0,6% y subidas del 0,5%.

El intenso calendario electoral de los años siguientes animó el gasto al alza. En 2015, los datos de variación interanual alcanzaron aumentos que fueron del 2,6% al 4%, dependiendo del trimestre evaluado. En 2016 hubo cifras algo menores, de entre el 0,3% y el 1,9%, mientras que el intervalo de aumentos de 2017 se movió entre el 1,5% y el 2,75. Pero este indicador ha empezó a crecer con fuerza en los últimos dos años. En el primer trimestre de 2018 se movió en un 2,5%, mientras que en el segundo trimestre de dicho ejercicio experimentó una subida del 3,1%. Ya en el tercer trimestre del año, con Mariano Rajoy fuera de La Moncloa y Pedro Sánchez como nuevo inquilino, el repunte se aceleró hasta niveles del 3,9%, mientras que en el cuarto trimestre del año se produjo un crecimiento del 4,3%.

Los datos de 2019 apuntaban trimestre tras trimestre que la tónica alcista se estaba acelerando, contribuyendo a ensanchar el déficit por primera vez en ocho años. El periodo de enero-marzo estuvo marcado por un aumento del 4,6% con respecto a los desembolsos de las AAPP en el mismo periodo del año anterior. El segundo trimestre del año registró tasas similares, del 4,5%. Solo entre julio y septiembre hubo una cierta moderación, pero el aumento fue igualmente acusado y llegó al 3,8%. Por último, el último trimestre del año estuvo marcado por un repunte del 4,1% en el crecimiento del gasto público. Si se compara este dato con el último del gobierno de Rajoy, encontramos que la subida habría sido del 32,3%.

En este sentido, Sánchez consolidó un nuevo modelo de crecimiento en el que los desembolsos realizados por las AAPP inflan el PIB a cambio de ensanchar la deuda y el déficit. Esta situación, no obstante, encerraba una realidad artificiosa, porque déficit público se enquistó en el 2,7% del PIB y alcanzó, en términos de caja, un desfase de 33.223 millones de euros.

Llevar a cero dicho descuadre habría permitido enfrentar la crisis sanitaria y económica del COVID-19 de forma más certera. Al fin y al cabo, la caída esperada en la recaudación va a alcanzar los 40.000 millones de euros, de modo que el 75% de la brecha esperada en los ingresos de 2020 se habría compensado si Sánchez hubiese apostado por la contención presupuestaria.

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