Así impactaría el frenazo de China en el PIB mundial, las materias primas y la Bolsa

A la ralentización que experimenta el gigante asiático en los últimos años se suman ahora los efectos de la guerra comercial con EEUU.

M. Llamas

Las dificultades que atraviesa la negociación entre EEUU y China para poner fin a la guerra comercial se traduce en una elevada incertidumbre a nivel financiero y bursátil. No es para menos si se tiene en cuenta el importante peso que ha ido acumulando el gigante asiático en la economía mundial. No en vano, China es, hoy por hoy, la segunda potencia económica, tan sólo por detrás de EEUU, representa una quinta parte del PIB global en términos de paridad de poder de compra y su contribución al crecimiento mundial es muy significativa, con un promedio de casi un punto porcentual al año desde 2005.

Dado el tamaño y la influencia de su economía, es lógico que los mercados sigan muy de cerca su evolución, especialmente tras el estallido de las tensiones comerciales entre las dos mayores potencias del planeta. La ralentización de China no es algo nuevo, ya que ha pasado de crecer a un ritmo medio del 10% anual entre 2000 y 2011 al 6,5% en 2018. La paulatina transición desde una estructura productiva muy enfocada en las exportaciones y la industria a otra más centrada en el consumo interno y el sector servicios explica, en parte, este menor crecimiento.

Sin embargo, las disputas comerciales con EEUU hacen temer un frenazo mucho más intenso, dado que las ventas a la economía norteamericana representan cerca del 23% del total de las exportaciones chinas y casi un 4,2% de su PIB, de modo que un recrudecimiento de la confrontación arancelaria podría dañar de modo significativo su crecimiento. Ahora bien, ¿cómo afectaría al resto del mundo?

Una desaceleración adicional del PIB chino se transmitiría a la economía mundial a través de varios canales: un descenso en el comercio internacional de bienes y de servicios finales; una menor demanda de materias primas -especialmente, petróleo y metales-, donde China tiene un papel preponderante; y un deterioro de la confianza global, con la consiguiente repercusión en la Bolsa y las primas de riesgo.

Según la última estimación que ha realizado el Banco de España, una caída de un punto porcentual del crecimiento potencial de China podría traducirse en un descenso del 7% de los precios del petróleo y del 8% en los metales, así como en un deterioro de la confianza financiera a nivel global, cuyo efecto daría lugar, hipotéticamente, a una corrección del 10% de las bolsas de China, Europa, Japón y Estados Unidos, un aumento de 50 puntos básicos de la prima de riesgo de las acciones y una subida de 60 puntos básicos de los tipos de interés a largo plazo en las economías emergentes.

Como resultado, el escenario conjunto daría lugar a una reducción del crecimiento mundial de 0,4 puntos porcentuales al cabo de un año. El impacto sería algo menor en las economías avanzadas (-0,3%) debido al abaratamiento de las materias primas, mientras que la contracción de la actividad sería más acusada en las economías emergentes (-0,5%), productores de materias primas y con fuertes interrelaciones con China. Igualmente, este escenario generaría presiones desinflacionistas, más pronunciadas en los países emergentes, sobre todo entre los productores de materias primas.

Por último, el Banco de España señala que si la reacción de China a este posible frenazo acabara traduciéndose en una depreciación cuantiosa de su moneda, los efectos sobre la economía mundial "podrían verse incluso amplificados".

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