La inclusión financiera en tiempos de concentración y globalización

El principal reto de un planeta cada vez más globalizado sigue siendo que las ventajas del proceso alcancen a todos.

Libertad Digital

La paulatina caída de las barreras mundiales al comercio y la inversión, así como el espectacular desarrollo de las comunicaciones, han posibilitado que empresas de todo el mundo hayan ampliado sus mercados y que todo tipo de servicios sean cada vez más accesibles. Pero en un mundo global, de empresas cada vez más grandes operando en puntos de todo el mundo muy alejados entre sí, aún hay muchos que se quedan fuera. El principal reto de un planeta cada vez más globalizado sigue siendo que las ventajas del proceso alcancen a todos. Y para ello es clave un factor que muchas veces se olvida: que cualquier persona, viva donde viva, tenga acceso a servicios financieros básicos.

Las herramientas que han hecho posible la globalización pueden convertirse en las que den respuesta al desafío de la libertad financiera. La búsqueda por parte de grandes entidades de nuevos nichos de mercado unido a los avances tecnológicos están haciendo que cada vez sean más las personas que disponen de acceso a créditos, hipotecas, asesoramiento financiero y de algo tan básico como una cuenta corriente. Pero el desafío aún está ahí y necesita de la colaboración y el impulso de muchos actores.

¿Por qué la inclusión financiera es tan importante?

La inclusión financiera busca el acceso de ciudadanos y empresas, sean de donde sean, a productos financieros útiles y asequibles que satisfagan sus necesidades, prestados de manera responsable y sostenible. La definición propuesta por el Banco Mundial engloba transacciones, pagos, ahorros, crédito y seguros. Aunque su importancia pueda pasar inadvertida, la inclusión financiera es fundamental para el desarrollo de naciones, empresas e individuos. Tener acceso a productos tan básicos como cuentas corrientes y préstamos con condiciones adecuadas permite emprender y ampliar negocios, ahorrar frente a imprevistos, invertir en sanidad y educación y tener más seguridad frente a crisis de todo tipo.

Cuando en 2015 la ONU puso en marcha los Objetivos de Desarrollo Sostenible con el objetivo de erradicar la pobreza extrema en 2030, se calculó que en siete de los 17 objetivos la inclusión financiera es clave. El ambicioso proyecto de la ONU, que sustituye los Objetivos del Desarrollo del Milenio y ha conseguido involucrar a los 193 países firmantes del Tratado de las Naciones Unidos, recoge en la denominada Agenda 2030 metas como el hambre cero, la educación de calidad, la igualdad de género o el trabajo decente. En ellas, de forma transversal, la inclusión financiera es una herramienta fundamental capaz de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, involucrándolos en su comunidad, haciéndoles partícipes del desarrollo económico en su entorno, aumentando su seguridad económica y propiciando la inversión y el desarrollo.

Como recuerda Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, contar con servicios financieros "estimula el ahorro, las inversiones, la creación de empleos y el crecimiento". Y también empodera a las mujeres, las principales excluidas del sistema según el G20, "al hacer que sea más fácil para ellas generar riqueza y crear pequeñas empresas". Una inclusión financiera real es, pues, decisiva para que la Agenda 2030 y su principal objetivo, acabar con la pobreza extrema, termine cumpliéndose.

Los datos

Según el informe Global Findex 2017: La inclusión financiera en cifras y la revolución tecnológico-financiera, aún hay 1.700 millones de adultos que no disponen de cuenta en el banco. El estudio, con información de 144 economías distintas, revela las dificultades a la que aún se enfrenta un 30% de la población, concentrada fundamentalmente en países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Aun así, los datos ofrecen un horizonte esperanzador respecto a estudios anteriores, ya que el acceso a los servicios financieros ha mejorado sustancialmente:

- 515 millones de adultos se han abierto cuentas bancarias desde 2014

- La cifra asciende a 1.200 millones de personas si se toma como referencia 2011.

- Dos tercios de las personas que carecen de cuenta bancaria sí tienen móvil.

Eso abre la puerta a un futuro acceso a servicios financieros a través del dispositivo.

Los objetivos

Con este punto de partida, distintos organismos internacionales, como el Banco Mundial, el FMI y el G20, se han marcado como objetivo previo al de la Agenda 2030 el acceso universal a servicios financieros como vía para acabar con la pobreza. 2020 es la fecha propuesta como límite. Y con ese objetivo, instituciones públicas y privadas están intentando sumar al reto a países de todo el mundo, con el fin de que quien viva en las regiones más remotas pueda beneficiarse también de un crédito o una transacción bancaria. Algunas de las armas para alcanzar este desafío son las siguientes:

- Impulsar la digitalización de los pagos en efectivo por parte del sector público y de las empresas: más de 200 millones de adultos que no tienen cuenta bancaria, empleados en el sector privado, cobran en efectivo.

- Generalizar el uso de documentos de identidad digitales, para facilitar el proceso de apertura de una cuenta en lugares con difícil acceso a una sucursal.

- Trabajar en la formación de los ciudadanos, para que entiendan los distintos productos financieros.

- Fomentar la tecnología móvil en el sector bancario para facilitar el acceso en zonas rurales.

- Adaptar los productos bancarios a las características y necesidades de cada región.

- Garantizar que cada país disponga de un marco normativo y una supervisión adecuada que facilite las operaciones financieras y proteja al usuario.

- Propiciar la competencia y los puntos de acceso al sistema en condiciones de igualdad. El Banco Mundial propone redes de agentes, servicios de correo y cooperativas además del empleo de las telecomunicaciones.

¿Cómo pasar a la acción? Ideas que ya funcionan

Hay muchos actores implicados en el reto. Desde organismos internacionales a grandes empresas, pasando por las compañías tecnológicas, las ONG y los propios Estados. Cada uno en su ámbito, están colaborando para que en pocos años muchos millones de personas se conecten al sistema financiero y aprovechen todas sus ventajas. Estas son algunas de las ideas que ya funcionan:

Planes nacionales de inclusión financiera: con ayuda externa, países como México, Pakistán o Mozambique están desarrollando estrategias de inclusión financiera como mejorar la supervisión del sector, aumentar puntos de acceso, mejorar la educación financiera y digitalizar todos los pagos desde el Estado.

Iniciativas del sector bancario: los grandes bancos están llegando cada vez más lejos y están diversificando sus servicios para alcanzar a un número cada vez mayor de clientes, también entre los que tienen dificultades para acceder al sistema financiero. Un ejemplo es la iniciativa TUIIO de Banco Santander en México: con una marca propia centrada en el sector más popular de la población, el objetivo es ofrecer productos personalizados a pequeños empresarios con problemas para acceder a los recursos bancarios más básicos y que esto repercuta en la sociedad. El programa cuenta, entre otras cosas, con cuentas de ahorro creadas digitalmente, seguros, una red de sucursales y terminales e incluso un programa de educación en finanzas para la población que apenas haya tenido contacto con el sector. Con un 32% de los mexicanos adultos que aún no tiene contacto con la banca, el desafío es enorme y los objetivos, también. El banco espera llegar a 280.000 microempresarios con una red creciente de oficinas y colaboradores en todo el país, y con iniciativas innovadoras como los créditos grupales, que buscan que nadie se quede fuera.

Empresas tecnológicas: el pilar central de la inclusión financiera es la tecnología y algunas empresas están revolucionando el sistema bancario en sus regiones. Es el caso de bKash en Bangladesh. La compañía de servicios financieros móviles ayudó a convertir los dispositivos en herramientas para enviar y recibir dinero y en sólo dos años se registraron once millones de nuevas cuentas.

Mecenazgo y ONG: muchas asociaciones sin ánimo de lucro son conscientes de la importancia de la financiación para el desarrollo de una comunidad. Un ejemplo es la Fundación Bill y Melinda Gates, que desarrolla programas específicos para la financiación de los más pobres, centrados en el desarrollo de tecnologías para acceder al sistema bancario en zonas remotas y en incluir a la mujer en el sistema financiero. Un programa piloto de la fundación en la India demostró que cuando los pagos gubernamentales van a cuentas controladas por mujeres se incrementa su inclusión en el mercado laboral de su comunidad en un 11%. "El impacto es asombroso. La mujer adquiere poder de decisión en el hogar e invierte en la prosperidad de su familia" y de su entorno, declaró Melinda Gates. Otras asociaciones se han centrado en los microcréditos como vía para mejorar las condiciones de vida de los más pobres. Un ejemplo es KIVA, una ONG que otorga créditos en diversas zonas del mundo a través del crowfunding allí donde el sistema aún no está presente.

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